La travesía internacional de Delia Zapata Olivella en los años cincuenta no solo llevó las danzas del país a escenarios de Europa y Asia: también puso a prueba su ingenio, su autoridad artística y su capacidad de convertir cada contratiempo en una oportunidad. Entre trenes perdidos, teatros repletos y amistades inesperadas, una parte del folclor colombiano tomó forma lejos de casa. Esta crónica sigue esa historia: la de una tradición que, sin proponérselo, se fue forjando en la errancia del camino