ETAPA 3 | Televisión

El día que todo se acabó

15 de noviembre de 2024 - 1:18 pm
«Yo todavía tengo los zapatos que Weimar tenía puestos ese día», dijo Beatriz Méndez, Madre de Soacha, en un texto publicado originalmente en el suplemento Generación de El Colombiano. GACETA lo recupera a propósito de la afrenta del representante del Centro Democrático, Miguel Polo Polo, contra la memoria de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales.
En un acto de revictimización, el representante Polo Polo desechó a bolsas de basura las botas, uno de los mayores símbolos de memoria y sanación de las ejecuciones extrajudiciales, de la organización MAFAPO. / Centro Nacional de Memoria Histórica.

El día que todo se acabó

15 de noviembre de 2024
«Yo todavía tengo los zapatos que Weimar tenía puestos ese día», dijo Beatriz Méndez, Madre de Soacha, en un texto publicado originalmente en el suplemento Generación de El Colombiano. GACETA lo recupera a propósito de la afrenta del representante del Centro Democrático, Miguel Polo Polo, contra la memoria de las víctimas de ejecuciones extrajudiciales.

En la funeraria había mucha gente. Familia, amigos, vecinos. Estaba llena de flores y coronas, y al fondo los dos ataúdes. Yo no sabía para cuál coger, cuál era mi hijo y cuál mi sobrino. Alguien me cogió de la mano y me llevó: mire, acá está su hijo. Lo miré, pero no lo podía creer. Decía sí, es su carita y lo miraba, lela, y le vi en su frente como quemaduras, y pensé, lo torturaron, pero mi hermana me dijo que eso no eran quemaduras, sino balazos. No sabía por qué los habían matado, primero pensé que había sido por robarlos, luego porque habían sido testigos de algo grave. No me explicaba, y me hacía muchas preguntas. Pensé tantas cosas, hice tantas conjeturas, pero jamás me imaginé que tenía que ver con el Estado.

¡Jamás!

Solo sabíamos que los mataron y ya. Mi cuñado era el que hurgaba por allá, que los abogados, que los uniformes, que toca entregarlos en custodia, que no los toquen, que él tomó fotos… Yo… nada, mi vida cambió. No sé si Dios o no sé quién le da a uno fuerza para que siga vivo y cuerdo. Porque es para perder la cabeza, de verdad. Hay mujeres y hombres que terminan locos en la calle con un costal que no saben ni de dónde son, debe ser por un dolor tan intenso. A veces quisiera que se borrara y más bien estar locos para no saber la realidad, pero bueno… Tristemente la historia de mi mamá se repite en mí. Yo perdí a mi hijo mayor y mi mamita también, se lo mató la guerrilla. Entonces dice uno, Dios mío, qué es esto que nos persigue. Me preguntaba mucho por qué ¿Qué estaban haciendo? ¿Qué? Y no encontraba explicación, no encuentro. De tantas preguntas que uno se hace y tanto que uno teje y teje, y no encuentra a dónde llegar. Tiempo después empecé a escuchar por radio que en Soacha se estaban perdiendo los muchachos. Y después que estaban apareciendo muertos en Ocaña, y que había unas mamitas en la Personería poniendo denuncias. Dios mío, ¿cómo así? Yo tenía todo eso fresquito, a pesar de que habían pasado cuatro años. Era lo mismo, muchachos asesinados que los hacían pasar por guerrilleros poniéndoles uniformes. Y le dije a mi hermana, si ve, es lo mismo que nos pasó a nosotros. Vámonos para Bogotá, quiero conocer a esas mamitas y decirles que nosotras existimos, que eso también nos pasó. Nosotros vivíamos en un pueblo, porque después de todo lo que pasó, las denuncias, salimos desplazados. Y mi mamá, pero hijita, ¿a qué va a volver a Bogotá? Y yo le decía, tengo que ir porque eso fue lo mismo que le pasó a Weimar y a Edward, porque mi hijo me dijo como tres o cuatro meses antes, mami, unos señores nos ofrecieron trabajo. Les dijeron que los iban a llevar a hacer un curso a Los Llanos. Yo le dije, no, papi, nunca nos hemos separado.

Es que imagínese, nunca nos habíamos separado. Weimar nació el año que yo cumplí 18 años. El 10 de julio de 1984 a las 9:15 de la mañana. Más lindo. Grande, de ojos claros, le decíamos Kojak porque era calvito y se parecía mucho al detective de ese programa. Lo veía y no lo podía creer. Ese es el amor más grande que uno siente. Saber que de uno nace otro, un ser humano tan perfecto, tan bonito.

¡Ay, no!

Yo era boba con ese hijo. Le gustaba bailar, era muy cariñoso, muy inocente y muy inteligente. Le iba bien en el colegio, dibujaba, montaba tabla. Todavía tengo por ahí calificaciones, le guardo muchas cosas. Él tenía tantos talentos, de verdad, y tantos sueños y tantos planes. Y todo se acabó de un día para otro. Se acabó. Todo. Nos cambió la vida. Tanto, que uno duda, cree que no es real. Esto no me puede estar pasando a mí ¿Por qué? ¿Por qué ellos? ¿Por qué los dos? ¿Por qué nos hicieron ese daño tan grande? Y aunque nada nos va a devolver a nuestros hijos, necesitamos que reconozcan lo qué pasó, el dolor tan grande que han causado. Que agachen la cabeza, que dejen la soberbia, ¿qué les cuesta? Nosotras necesitamos la tranquilidad y el orgullo de que el nombre de nuestros hijos quede limpio. Yo todavía tengo los zapatos que Weimar tenía puestos ese día. A veces digo… si esos zapatos hablaran, si esos zapatos me contaran qué pasó… es la única forma que tengo de ponerme en su lugar.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

15 de mayo de 2026
En este cuento del autor estadounidense radicado en Cali, un joven escritor llega a una familia sureña dominada por silencios, motores y lealtades masculinas. Allí intenta comprender el vínculo opaco, casi inexplicable, que une a su esposa con el padre de ella.

Array

14 de mayo de 2026
En 1926, Roberto Alrt irrumpió en la literatura argentina con El juguete rabioso, una novela marginal despreciada por los guardianes de la alta literatura. Cien años más tarde, sus personajes siguen caminando por Buenos Aires: inmigrantes soñadores y trabajadores precarizados que todavía buscan robarse un trozo de progreso.  

Array

13 de mayo de 2026
A comienzos del siglo XX, cuando su nombre circulaba por cafés y salones de Europa, José María Vargas Vila era ya una figura rodeada de fama y escándalo. Sus novelas incendiarias, su anticlericalismo feroz y su estilo deliberadamente exaltado habían construido la imagen de un escritor que parecía vivir ebrio de sí mismo. Pero esa caricatura deja una pregunta más interesante: ¿cómo aparecía ante quienes realmente lo conocieron? ¿Qué veían en él los diplomáticos, escritores y curiosos que lo trataron en Madrid, Roma o París? ¿Confirman esos testigos la leyenda posterior o revelan matices que la fama no alcanzó a registrar?

Array

12 de mayo de 2026
En la FILBo de 2026 apareció una escena nueva: lectores levantando paletas para disputar libros raros, primeras ediciones perseguidas por familias entusiastas, el aprendizaje colectivo de cómo funciona una puja. El curador y martillo de la primera subasta en la historia de la Feria, organizada por La Independencia, relata lo que se vivió en la sala. 

Array

11 de mayo de 2026
En 1999, durante un concierto en Ámsterdam, la pianista portuguesa Maria João Pires descubre segundos antes de tocar que preparó la obra equivocada. Entonces tuvo que confiar en algo más profundo que la memoria: en su cuerpo entrenado durante décadas para respirar, escuchar y reaccionar, en su instinto.

Array

10 de mayo de 2026
El embarazo suele llegar con una serie de advertencias: que el cuerpo cambiará, que no volverás a dormir, que será lo más difícil que hagas en la vida. A veces, estos avisos dejan de lado la dicha, el goce y el placer; dejan de lado el misterio que nos ha permitido sobrevivir como especie por cientos de miles de años.

Array

7 de mayo de 2026
Entre demonios medievales y gazapos digitales, las erratas nunca descansan. Durante la FILBo, Correcta, la Asociación Nacional de Correctores de Estilo, reunió a más de veinte especialistas en el Encuentro Nacional de Correctores. Hablamos con ellos para conocer sus peores historias de terror ortotipográfico.

Array

6 de mayo de 2026
La reciente polémica en torno a la BBC ha reabierto una vieja discusión: ¿debe el periodismo limitarse a informar los hechos o asumir también la tarea de interpretarlos y orientarlos moralmente? A partir de la crisis provocada por un memorando interno que denuncia sesgos editoriales dentro de la corporación, un antiguo reportero de la cadena revisa la transformación que, desde los años noventa, habría desplazado el ideal clásico de imparcialidad hacia un periodismo cada vez más guiado por narrativas y convicciones.

Array

5 de mayo de 2026
La FILBo es una maratón de catorce días. En ese trajín ocurrieron escenas insólitas, hondas e involuntariamente reveladoras. Quisimos hacer algo en medio del apuro: detenernos, observar y contarlo. Una entrada por día: así fue nuestro diario de la FILBo 2026.