“Este texto es una invitación a mirar en La Violencia aquello que aún no hemos registrado ni analizado, y a comprender que, en la guerra, suceden muchas más cosas que la guerra misma. Las sociedades siguen en movimiento: a veces con el ritmo pausado del campanario aldeano, otras con las urgencias del comercio, las cosechas y la política. Son muchas las dinámicas que solo logramos percibir a través del testimonio de quienes se vieron obligados a combinar sufrimiento, trabajo y guerra. Pese al título del libro, aquí no hay olor a pólvora, sino un entramado de cotidianidades simples en medio de un contexto de violencia extrema”.