Durante años, Delia Zapata Olivella enseñó en la Universidad Nacional de Colombia, donde su visión dialogó —para sorpresa de muchos— con la de colegas formadas en tradiciones muy distintas. Lejos de oponerse, ambas miradas se buscaron: el rigor académico del Viejo Continente y la sabiduría corporal de las danzas populares encontraron un espacio común. De ese cruce improbable nació una conversación que transformó a quienes, como Delia y Susie Friedmann, entendieron que el conocimiento también se teje al ritmo del intercambio