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Cantar para cuidar

16 de enero de 2026 - 12:29 pm
El lanzamiento más reciente de la cantautora antioqueña Ana María Vahos, Todas Las Aguas (2025), nos invita a reflexionar sobre cómo cuidamos nuestros afectos y los de quienes nos rodean. Vahos reconoce su propia capacidad de dañar y decide dar cuidado asumiendo responsabilidades. Un análisis de su poética y una revisión de su discografía.
Ana María Vahos, artesana y cantautora, nació en San Pedro de los Milagros, Antioquia, en 1993. En 2023 se presentó en el Festival Estéreo Picnic.
Ana María Vahos, artesana y cantautora, nació en San Pedro de los Milagros, Antioquia, en 1993. En 2023 se presentó en el Festival Estéreo Picnic. Fotografía: @lilacbrian

Cantar para cuidar

16 de enero de 2026
El lanzamiento más reciente de la cantautora antioqueña Ana María Vahos, Todas Las Aguas (2025), nos invita a reflexionar sobre cómo cuidamos nuestros afectos y los de quienes nos rodean. Vahos reconoce su propia capacidad de dañar y decide dar cuidado asumiendo responsabilidades. Un análisis de su poética y una revisión de su discografía.

La cantautoría se ha preocupado históricamente por el cuidado. Por cuidar el mundo, la naturaleza, el hogar, las amistades, a uno mismo. Al girar la vista hacia el sur, nos encontramos con los chilenos Violeta Parra y Víctor Jara. El eco de sus voces resuena y resonará en la música latinoamericana porque se dedicaron, desde una conciencia social muy profunda, a enaltecer y revitalizar la música tradicional chilena, así como a alzar la voz por una sociedad más justa. Ambos cantautores entendieron que el cuidado a la vida era fundamental en medio del avance del capitalismo y las industrias que, bajo modelos extractivistas y deshumanizantes, poco a poco les arrebataron a las personas la posibilidad de vivir una vida equilibrada, alimentada por el sentido comunitario, la dignidad y la apreciación de las virtudes de las pequeñas cosas.   

 

En el presente, en un caso similar a los cantautores antes mencionados, nos encontramos con San Pedro Bonfim que, con su disco más reciente, Corazón de guagua (2024), quiso traer a la actualidad la música tradicional ecuatoriana. El trabajo de Bonfim rescata composiciones musicales y poéticas de su país, reinterpretándolas y dándoles un lugar en la conversación sobre la cantautoría latinoamericana actual, así como hace lo propio al aportar una mirada crítica sobre el estado del arte, la tradición y el consumismo con canciones como Muerto BaratoMáscara o Espejo y Putas Pirañas. El valor que le otorga al archivo muestra cómo el cuidado se manifiesta.  

 

A partir de la década del 2010, la cantautoría se posicionó en Latinoamérica como un ejercicio artístico al que gran cantidad de personas jóvenes se acercaron para darle una expresión a sus sensibilidades, preocupaciones e historias. 

 

La cantautoría de nuestros tiempos se ha caracterizado por su intimidad, por el relato de una voz que se recoge y entiende a sí misma a través de la validación emocional y el juego poético, así como por ser un lugar de denuncia, que recoge tanto posiciones políticas como reclamos de autonomía e independencia personal. Desde un análisis de corte más social, podemos explicar este giro intimista al ahogo que ha traído el capitalismo, empujando a un rescate por lo propio y lo colectivo. En este sentido, al situar y entender a la cantautoría históricamente, es que también se puede afirmar que su ejercicio tampoco ha sido inmune a verse permeado por el movimiento feminista y sus constantes luchas en relación con el cuidado: ser cuidado, cuidar y hacerse responsable por el sostenimiento de las relaciones humanas desde una perspectiva empática. 

 

Como ejemplo de ello está Bestia (2020), el álbum debut de la artista chilena Mora Lucay. Bestia se preocupa por darle importancia a las relaciones humanas a partir de la necesidad de construir lazos maduros significativos, en los que la comunicación, la complicidad y, sobre todo, el cuidado hacia el otro son los pilares fundamentales para dejar de dañar y cortar el ciclo de patrones nocivos.  

 

Una figura de la nueva ola de cantautoras colombianas es La Muchacha. Desde una postura feminista y de defensa de los derechos humanos, ha alzado la voz para denunciar la violencia política, simbólica y física a la que se ven expuestas las mujeres y distintos grupos sociales. Por otro lado, la obra de Briela Ojeda desde sus inicios se ha preocupado por la importancia de cultivar una individualidad sensible y consciente, prestando atención a las emociones propias y la necesidad de espacios autónomos como muestras de cuidado.  

 

También está Lucio Feulliet, que ha buscado rescatar la belleza de la cotidianidad y los sonidos tradicionales de los Andes, construyendo una poética atenta al detalle. Y Bella Álvarez, una cantautora que en su lírica evoca el recuerdo desde una postura introspectiva, por lo que dedica gran parte de su obra a apreciar las palabras recibidas, formular preguntas precisas y a cuidar en soledad de su vulnerabilidad.  

 

Las voces de esta generación se relacionan con el cuidado como un principio que se establece frente a situaciones que representen cualquier tipo de violencia. Bajo esta lógica, el ser cuidado pasa a ser una demanda que en la mayoría de casos se convierte en un límite que determina el rumbo de todo.  Cada vez más vemos, por ejemplo, en espacios como las redes sociales el señalamiento hacia ciertos comportamientos o actitudes antes normalizadas. 

 

Sin embargo, toda esta serie de nuevos principios relacionales se han preocupado casi exclusivamente por condenar al otro, dejando de lado la sana autocrítica, que nos permitiría cuestionarnos sobre nuestro rol a la hora de cuidar al otro. Frente a todo ese advenimiento de límites no negociables, es que aparece Ana María Vahos dando un paso al frente y exponiéndose como alguien que, reconociendo su propia capacidad de dañar, decide cuidar. 

  

Ana María Vahos es una cantautora antioqueña (San Pedro de los Milagros, 1993) que empezó su carrera en 2018 con su primer EP, Anana, Primer Balbuceo. Dos años después, continuó su discografía con un trabajo de corta duración titulado Amor Profundo. En 2022, llegó su primer álbum, Los Días. Su canto sosegado y dulce es transversal a toda su obra, así como sus versos precisos, que son el fruto de hondas reflexiones. En sus letras, las palabras son justas; más allá de buscar la rima, pintan cuadros emocionales de la autora. Los pájaros, la naturaleza y la conversación transparente con el otro son elementos que alimentan el carácter contemplativo de su obra.  

Portada del álbum Todas las aguas de Ana María Vahos. Ilustración de Elizabeth Builes.
Portada del álbum Todas las aguas de Ana María Vahos. Ilustración de Elizabeth Builes.

Una particularidad de esta etapa de la obra de Ana María Vahos es que se permite convivir con el mundo y con los demás, pero lo hace desde una cierta distancia: su voz habla sobre la experiencia de verse impactada por la belleza y de su propia autocontención, pues el camino de conectar con el otro se siente como una tarea que toma tiempo. Se permite ser vista y apreciada, pero a la hora de dar afecto aún guarda cierta reticencia y se muestra en conflicto con la idea de poder confiar plenamente. 

  

Su segundo EP, Amor Profundo, contiene una de sus canciones más populares. No Soy de Callar habla sobre optar por la confrontación, por no silenciar el reclamo a pesar de encontrarse en medio de un domingo tranquilo: «Es que yo no soy de callar/ Yo no soy de aguantar/ Yo no soy de callar, amor». En Stop, el segundo track de Los Días, da una claridad necesaria para construir vínculos sinceros: «Ey, no creas que tengo todo resuelto/ Llevo fantasmas en la cabeza/ Que me dicen que el miedo está ahí/ El miedo está ahí». En estas dos canciones se encuentran dos ejemplos del carácter confrontativo de la obra de Vahos, que ante el inminente choque de encontrarse inconforme o empezar a entablar una relación, debe ser clara, necesita serlo para poder vivir de forma más segura todo el movimiento que supone el verse expuesta. 

 

Sin hacerlo manifiesto, la cantautora da a entender que el cuidado hacia sí misma es central y que la prudente distancia es el ancla que le permite estar en contacto con los demás. La paciencia y la sinceridad son sus respuestas predilectas a la hora de gestionar emociones. Al reproducir Todas las Aguas, toda esa contención se ve expresada desde los primeros segundos, bajo la sorpresa de ser dirigida hacia el exterior:  

 

«Si mis palabras caen 

Caen como un rayo 

Quisiera que no destruyeran  

Y así no hacerte daño 

Mi vida, mi cielo, te quiero cuidar». 

Fragmento de Si Mis Palabras  

 

En el primer track, un tema a capela en el que la voz se expande, encontramos la consigna central de esta nueva entrega: cuidar, elegir cuidar. La bienvenida de Todas las Aguas muestra a una autora que, lejos de buscar el control, desea, a pesar de la violencia y la contradicción, poder resistir, que desea poder cuidar. La sinceridad y ternura que Vahos moviliza en estas primeras palabras se reciben desde toda la nobleza que representan: son un anhelo que se alimenta desde la conciencia del daño. 

 

A partir de este punto, las ocho piezas siguientes se dedican, cada una con sus particularidades, a abordar distintas manifestaciones y formas de cuidar, siendo no solo una acción pensada en la interacción, sino también a partir de la propia consciencia, del propio tacto hacia sí misma y el deseo sincero de reparar. 

 

Vahos escoge al agua como el elemento en el que proyecta todo su movimiento emocional. Es a través de su fluidez que transita la posibilidad de ser la fuente del daño, así como de ser quien está en la capacidad de calmar el torrente. En Todas las Aguas encontramos a la cantautora en una de sus facetas más expuestas: su voz explora distintos tonos, se alarga en llantos, busca las palabras exactas y se contiene a sí misma, pero ahora con el propósito de alcanzar al otro. Al escuchar entramos en contacto con la consciencia de la herida que se manifiesta en un canto que elige sostenerse a pesar del caudal. 

 

La producción del disco, a cargo de Santiago Navaz, que también produjo Los Días, se encuentra en total complemento con los propósitos de Vahos. En su anterior entrega la presencia de sonidos naturales, de corte ambient, era la constante. Los Días es un álbum cargado de detalles, en el que el sonido de los pájaros, el viento y la amplitud de la guitarra son los protagonistas. En Todas las Aguas es todo lo contrario: el trabajo sonoro, en diálogo con la intimidad que expone quien canta, se dedica a generar espacios para la resonancia. 

 

Los nueve cuerpos de agua que conforman este disco pueden entenderse bajo tres corrientes. Ella nos habla a partir de tres formas de cuidado distintas: la validación emocional y la contención como medios para conectar, inclinarse por la distancia y darle un nombre a lo que el otro provoca, para así tejer la conversación.  

 

El tema homónimo Todas las Aguas es el manantial principal del disco. En esta canción la voz se sincera y habla de la difícil pero necesaria decisión de percibirse como un lugar de ciclos constantes, así como, en consecuencia, de su necesidad de entregarle el control al movimiento, de parar de apretar el puño y soltar todo eso que no puede comprender. En lugar de la distancia consigo misma, de la exigencia por discernir, decide entregarse al ritmo volátil y hermoso del movimiento: “Bien adentro sentir/ El viraje en espiral/ Bien abierta sentir/ Lo que no me puedo tragar”.   

 

Este disco también se centra en darle nombre a lo que siente, y no únicamente como un ejercicio de reconocimiento propio, sino para poder entregarle al otro en palabras concretas todo lo que remueve y genera: decir «te amo»«te deseo»«tu amor es como la luz» y «me ilusiona todo lo que estoy viviendo contigo» son manifestaciones que tienen lugar en Dulce Deseo y en Como La Luz. La primera es una balada, y se estrena como la única canción hasta la fecha en la que la cantautora declara el deseo de manera tan directa, en ella habla de la sorpresa de encontrarse viviendo un romance, sobre el cual declara: «Soy río y soy fuego junto a ti»Como la Luz, por su lado, nos transporta al escenario opuesto, en el que se escucha «Hay algo que no se rompe/ Como mi amor por vos/ Que es como la luz» como una declaración que busca unificar y reparar, que frente al conflicto responde dando la seguridad de un sentimiento no que flaquea.  

 

Ahora bien, todas estas posturas que la cantautora expone al pensar en el cuidado no son sacadas de un manual de autoayuda, sino que vienen de la introspección y del reconocimiento de la particularidad. De ello habla, junto a Manuela Ocampo, en el tema Rareza. Esta canción es la única en la que el agua no se ve nombrada, brinda imágenes mucho más poéticas y figurativas. La canción remite a un escenario nocturno, ambas armonizan sus voces y se acompañan cautelosamente alternando entre coros y momentos en solitario. Rareza habla de atesorar el autoconocimiento y el ejercicio de la introspección con el propósito de hallar y enaltecer todas nuestras particularidades. Cuidar de la rareza es el llamado principal en medio de un mundo que llama a la homogeneidad. «De mi tierra oscura nace la flor del tiempo» habla de la fertilidad y la belleza de dejar crecer lo propio, de acercarse a la oscuridad con curiosidad y paciencia.  

 

El ciclo termina como empieza. Batalla trae nuevamente la voz en solitario de Vahos que se desgarra para decir: 

 

«Esta batalla que llevamos adentro 

Fuego que arde y quema en la garganta 

Sale todo mi filo, ofendo, te aniquilo 

Hay horror en herir te lo digo 

Hay horror en herir te lo digo» 

Foto de perfil: Ana María Vahos Fotografía: @cguti____

Este track final es una invitación a escucharlo todo de nuevo, a replantearlo todo, a que el horror nos lleve a sacudirnos y contener toda la animalidad que llevamos dentro. El nombrar todo este pavor en relación con los efectos terribles que podemos producir en el otro (herir, ofender, aniquilar) es una muestra de que todos los cuidados de los que nos habla Vahos no son una proyección del ego o una hipérbole de una serie de actos kamikaze: no se trata de performar, ni de romper todas las barreras propias para atender al otro. El ejercicio trata de encontrar un balance, un compromiso con el bienestar del otro. Pensar antes de hablar, para reconocer el valor que los demás tienen en nosotros y ser consecuentes con ello. 

La noción que Ana María Vahos tiene del cuidado nos permite ser testigos de la madurez y evolución que su obra ha venido alcanzando con los años, que desde su inicio se ha expandido constantemente a distintas temáticas hasta llegar a este punto, en el cual se permite mostrarse temerosa ante la posibilidad de dañar y posicionar al cuidado como una de las formas de encararlo todo. Una muestra de la madurez de esta obra es que, lejos de la asepsia o de posicionarse desde una suerte de superioridad moral, no busca la perfección en sus formas, pero sí la pureza de sus intenciones. 

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