Durante la última semana hablé con algunos actores clave del campo del arte contemporáneo en Colombia. La pregunta que les hice fue tan amplia como ambigua: ¿para usted qué fue lo más valioso o interesante en el campo del arte en Colombia? Buscando algo de diversidad entre regiones y roles les pregunté a cuarenta personas del medio de distintas ciudades.
Este año decidí a finales de noviembre que ya estaba de vacaciones. Creo que varias personas del medio habían decidido lo mismo que yo porque solo recibí respuestas de veintiún personas (la mayoría de Bogotá), a quienes agradezco profundamente.
Este texto no es un «estado del arte» de lo que pasó en el arte en Colombia en el 2025. Tampoco es una curaduría de lo mejor del año. Es más bien un termómetro (algo defectuoso) que recoge un mapa de intensidades, un archivo de percepciones, muchas de ellas guiadas por los afectos, y que registra qué cosas movieron e incomodaron a un grupo específico de agentes del arte en Colombia durante este año. Dicho esto, empecemos.
1. Un año de hiperactividad
Varias de las personas con las que hablé así lo señalan. Angel Unfried (barranquillero, gestor cultural y director del Premio Arte Joven) dice: «el dinamismo del arte en 2025 fue inusitado, es inevitable hablar de las bienales, del Salón Nacional de Artistas». También lo indica el artista caleño Johan Samboní: «este año yo lo sentí bastante activo. Yo creo que de los años más activos que yo haya vivido. Una bienal de Bogotá, una de Medellín, un Salón Nacional que tenía este elemento más comunitario».
Desde otra orilla, Aliens Institute, un colectivo de curadores que opera en Bogotá, conformado por María Adelaida Samper y Gabriel Zea, dicen que el gran problema es que «varios de los eventos sucedieron paralelamente y eso hizo que fuera imposible asistir a todos (bienales, salón etc). No se puede pretender hacer todo en el mismo año».
2. El Salón Nacional tuvo un giro acertado
Carolina Cerón (curadora y directora del departamento de Arte de la Universidad de los Andes) dice: «El Salón fue un disruptor y puso a temblar la noción de arte y de Salón».
Angel Unfried, por su parte, menciona que el Salón «volteó los ojos sobre el Cauca, un departamento en el que lo indígena, lo negro y lo blanco convergen pero a veces no se mezclan. Yo creo que el Salón logró espacios de diálogo, de discusión, logró problematizar un montón de formas de diversidad en una ciudad que las contiene y que a veces les da la espalda. Fue una iniciativa poderosa con una mesa de curadores muy diversa y muy consciente que enriqueció ese diálogo».
Tatiana Rais (directora de Espacio Odeón) va más allá: «me pareció un gesto muy valiente, muy importante y muy coherente hacer ese Salón de la forma en que se hizo en ese territorio». Los últimos Salones han estado sepultados bajo críticas muy fuertes sobre la ejecución, el presupuesto y la falta de pago: cuestiones que ni siquiera tienen que ver con el contenido, sino con la forma de hacer. Continúa Rais: «Me parece que este año el Salón se encogió y aceptó el presupuesto que tenía desde el Ministerio, sin intentar hacer algo masivo o espectacularizante. Con lo que se tenía, se pudo hacer algo muy contundente en la región. Me parece que la propuesta de invitar a un grupo de curadores y redistribuir la forma en la que se organiza la estructura del Salón funcionó muy bien. Siento que las conversaciones que se dieron son muy urgentes y reflejan el momento en el que estamos, y que era necesario hacer un Salón así: un Salón en el que, más allá de lo objetual o de trabajar solo con artistas de estudio, porque igual sí había exposiciones, hubo una apuesta por entender una práctica artística expandida que va desde la protección del territorio y los derechos humanos hasta la construcción de redes, comunidad y tejido».
Ana Luisa González, creadora del podcast El Rayón (uno de los pocos que hablan de arte contemporáneo en Colombia) escogió a la exposición El mundo al revés (que sucedió en el contexto del Salón, en Casa Museo Guillermo León Valencia, en Popayán) como una de sus exposiciones favoritas del año: «allí había obras del colectivo Minga Prácticas Decoloniales y del artista yanakuna Eider Yangana, entre otros. Yo creo que poner en esa casa-museo obras que interpelan directamente al expresidente Valencia es un gesto muy potente y reparador. Me parece que el hecho de que hayan censurado la exposición por la activación que hicieron Edinson Quiñones y Estefanía García Pineda por las calles de Popayán [que arrastraron un busto del expresidente Guillermo Valencia] muestra que sigue habiendo una disputa política entre la oligarquía de Popayán y lo indígena».

Aliens Institute señalaron que, aparte del momento del año en el que se hizo, coincidiendo con las bienales, el Salón tuvo otros problemas: «los organizadores le avisaron a los curadores del Salón en marzo y pretendían que todo estuviera súper bien montado en octubre y eso no es realista. Nosotros como medio deberíamos poder exigir que las cosas se planeen con suficiente tiempo».
3. Las bienales: visibilidad masiva, debates pendientes
A pesar de que el gran objetivo de las bienales de Bogotá y Medellín fuera el fortalecimiento de la «marca ciudad», varias de las personas con las que hablé las señalaron como un hito importante. Entre ellas: Paula Builes, directora de la Galería Policroma en Medellín, Paula Ronderos, historiadora y docente de la Pontificia Universidad Javeriana y Magola Moreno, pintora barranquillera residente en Puerto Bello.
Esta última dice algo que podría parecer una obviedad, pero en el fondo no lo es: «yo vivo en la periferia porque vivo en un pueblo acá cerca a la Sierra Nevada, lo que pude ver desde la ventana del Instagram fueron las bienales, a pesar de sus críticas».
Particularmente la Bienal de Bogotá (cuyo nombre completo es Bienal Internacional de Arte y Ciudad) se la jugó por obras de gran escala, varias de ellas montadas en el espacio público sin tener mucho diálogo con el lugar específico; Tatiana Rais, directora de Espacio Odeón señala que: «en la Bienal de Bogotá no se sentía una coherencia conceptual y de forma». Lo que sí lograron fue llamar la atención de un público masivo, cuya primera reacción frente a lo espectacular de las obras era tomar fotos y videos que se subían a las redes sociales.
La postura de Angel Unfried es otra: «es muy emocionante ver que el gran público responda a dos eventos de arte. Es algo que no pasa, que la gente haga horas de fila para ver arte, independientemente de los cuestionamientos o críticas que se puedan hacer desde lo curatorial, siento que impactó en el gran público y eso es algo que hay que rescatar».
Y añade: «también me interesó lo que pasó con algunas obras en el espacio público como la de Leonel Vasquez, en el Parque de los Novios. Tuve la oportunidad de ver cómo los operadores logísticos se apropiaron de la obra, el orgullo que sentían por ella. Eso se notaba en la manera en la que compartían de qué se trataba, cómo tenía que ser la experiencia de guardar silencio dentro de esa maloka flotante. Eso me pareció muy bello, y es una manera en la que el arte rompe fronteras socioeconómicas y a veces elitistas desde la educación y el poder».

Al respecto, Aliens Institute dicen: «en Bogotá para nosotros la Bienal fue muy importante porque presentó formatos del arte que son muy diferentes a los que la gente está acostumbrada. No es un arte para la sala de la casa. Son formatos de arte contemporáneo mucho más grandes».
Y concluyen: «la afluencia masiva de público nos hizo entender que hay mucha gente que quiere ver arte contemporáneo, y eso es importante poderlo pensar porque nosotros en el mundo del arte no estamos acostumbrados a eso. Ahora la pregunta es: ¿van a volver a hacer bienales cada dos años?».
Por otro lado, el crítico y curador Guillermo Vanegas, que se ha dedicado a estudiar las dinámicas de producción del campo artístico contemporáneo local, señaló que se dejaron por fuera de la Bienal a espacios no comerciales que se han venido destacando el último año en Bogotá como Material o Talleres Telecom. También que había visto una desafección con la museografía en la sala del Centro Colombo Americano, en el Museo de Arte Contemporáneo y, sobre todo, en la sala de la Alianza Francesa que compartía el espacio con una cafetería, lo que afectaba el desenvolvimiento de las obras en el espacio.
4. Procesos sostenidos en el tiempo: dos casos para tener en cuenta.
Sobre Lugar a Dudas en Cali nos habla Tatiana Rais: «me parece muy importante que se haya reactivado ese espacio. Después de la pandemia se habían quedado un poco en silencio por la crisis. Pero cuando entró Ericka Florez se reactivaron».
Rais destaca particularmente la Microescuela de curaduría «un programa de un año en el que se aprende que la curaduría es un ejercicio colaborativo. A pesar de que cada persona tuviera su propio proyecto entre los participantes se ayudaban a tejer en los procesos de cada uno». También le interesó que se estuvieran pensando «diferentes formatos, en ampliar el espacio expositivo y, en algunos casos, en salirse de lo objetual».
Mario Llanos, curador e investigador barranquillero, me habló de Jagüey – Encuentros de arte en el Caribe, que ya va por su quinta edición. Se trata de un proyecto de la Dirección de Arte y Cultura – Cayena de la Universidad del Norte que tiene como objetivo promover procesos profundos de creación contemporánea en el Caribe, brindando espacios de circulación, aprendizaje colectivo y pensamiento crítico sobre cultura, identidad y territorio.
Llanos lo señala «por ser un programa que revoluciona de manera silenciosa la praxis del arte contemporáneo en la región Caribe. Tener cinco ediciones en un lugar que generalmente no le apuesta al arte contemporáneo es un gran logro».
También mencionó DD/MM/AAAA, que se define así: «no sabemos si seguimos siendo una feria, una bienal, un museo, una confederación, una exposición, un proyecto curatorial o un laboratorio. No sabemos si somos un poco de todo, o nada de eso».
Este proyecto ya va por su quinta versión, en una exposición que tuvo lugar en Espacio Odeón. Al respecto, Llanos dice: «me parece interesante el ejercicio de disciplina y colaboración horizontal que este proyecto tiene. Creo que es importante, más aún en estos tiempos, donde muchas veces estos discursos no trascienden a la acción».
5. Iniciativas emergentes en distintos territorios
Después de la pandemia, en Cali cerraron muchos espacios independientes. Hablé con William Narváez, artista caleño, quien me contó que, respondiendo a esta problemática, este año surgió un colectivo llamado Arbusta, cuya forma de operar consistía en alquilar casas para vivir y hacer exposiciones. En otra ocasión, realizaron una muestra en la que invitaron a distintos artistas a intervenir postes en la calle.
Narváez también me contó que este año abrieron dos espacios independientes en Cali: «son interesantes porque usan el modelo de galería, pero sus razones no son únicamente comerciales. Les interesa mucho impulsar la investigación y la visibilidad de artistas regionales».
Uno de ellos es Semiosis Galería, en el barrio San Antonio: «esta ha pegado muy fuerte porque llegó con una nómina de artistas muy interesantes y ha logrado llegar a nuevos públicos que antes no consumían arte en el Valle del Cauca». La galería fue fundada por un artista de larga trayectoria llamado Tomás Ochoa, quien encontró una casa en ruinas y la remodeló utilizando materiales naturales como adobe y guadua. Se trata de un espacio grande, lo que permite mostrar obras de gran escala.
También inauguró la galería Nube, dirigida por la artista Camila Monedero, en el barrio El Peñón, a cuatro cuadras de La Tertulia: «es una vitrina gigantesca, que tiene una dinámica en la que cada ocho días inaugura una nueva exposición. Es un lugar muy abierto a propuestas; la única condición es que la propuesta sea instalativa y no solo obra bidimensional».
Paula Andrea Orozco, gestora y docente de artes visuales de la Universidad del Chocó, habló sobre la Escuela Itinerante de las Artes Plásticas y Visuales, un proyecto del Ministerio de las Culturas que llevó formación artística a diversos territorios.
«Acá, en el Chocó, se realizaron reuniones previas en las que cada municipio proponía la metodología que se quería utilizar. En cuanto a la itinerancia, los formadores viajaban de un municipio a otro».
En Quibdó, por ejemplo, el énfasis estuvo en profundizar en epistemologías antirracistas por medio de la experimentación editorial, la gráfica y la fotografía. En Cértegui, el objetivo fue el fortalecimiento de conocimientos artísticos ancestrales y comunitarios, y así sucesivamente.
6. La reestructuración del Premio Luis Caballero
Aliens Institute hicieron un breve analisis sobre el Premio Luis Caballero: «este año vimos una intención de IDARTES de repensar el premio pensando en las necesidades de cómo se hace arte contemporáneo en la ciudad actualmente, y en ese sentido hubo varios cambios».
«Por un lado, antes había ocho nominados y ahora solo hay cuatro. Ahora todas las propuestas se tenían que presentar en la Galería Santa Fe. Eso hizo que se perdiera la circulación del premio en distintos espacios de la ciudad y, por lo tanto, se perdió su origen de ser site specific».
Aun así, subrayan que «es clave que haya esa intención de repensar el premio y no verlo como una cosa monolítica. Este año vimos que las propuestas de los artistas estaban pensando en Bogotá, pero no pensaron específicamente en la estructura de la galería, y eso debería cambiar».
7. Exposiciones destacadas
Cuándo los otros nos miran en la Cámara de Comercio, curada por Aliens Institute. Tatiana Rais señala: «siento que ese programa en la Cámara de Comercio ha sido importante en el sentido de que ha reactivado unas formas de curaduría distintas, ha dado espacio a curadores diversos y les ha dado presupuesto, con la posibilidad de pensar por fuera de la sala blanca, aunque lo sea».
La exposición abordaba la representación de los animales y contaba con artistas como Juan Mejía, Francisco Toquica, José Sanín, María Isabel Rueda y Santiago Lemus. Rais destaca que «había algo entre conmovedor y chistoso, pero al mismo tiempo confrontador de nuestra relación con esos seres. Me pareció una aproximación muy interesante a un tema que está muy de moda ahorita: lo más que humano».
Lorena Torres, pintora barranquillera, también la eligió como su exposición favorita del año:«me sedujo la idea de sentirme mirada por el animal, por la bestia, que es lo mismo que reside dentro de mí, dentro de nosotros. Me gustó la ternura y la simpleza de algunas piezas, en contraste con otras compuestas por artefactos digitales y medios plásticos».
Y continúa: «pensar en ese diálogo que, por lo menos yo, tengo constantemente con mis animales, en cómo verlos a ellos en mí también, en cómo han suavizado mi vida, en el cuidado hacia el otro. Esta exposición me hizo pensar en lo primordial de la vida: observar y cuidar la existencia, honrar sus ciclos y maravillarse por todo lo otro que existe a la par de nosotros».
La retrospectiva de Juan Fernando Herrán en el Mamu.
Esta exposición fue elegida por Angélica Ávila (escritora bogotana) y Ana Luisa González. «Me gustó esta exposición porque hace un recorrido de la obra del artista desde sus inicios hasta el presente y además pone mucho énfasis en el proceso: sus dibujos, las conexiones que hace el artista de las distintas etapas de sus investigaciones. Me pareció muy valiosa la curaduría porque muestra cómo el artista se acerca a los distintos contextos sociales de donde emergen sus obras, se detiene en los materiales de esos universos y los transforma. Juan Fernando es un gran observador de fenómenos sociales: nos lleva a los talleres de las motos de los sicarios en Medellín con el video La Vuelta, se detiene en los significados de los monumentos de los héroes con la obra Héroes mil, o en la arquitectura de la comuna, analizando las escaleras que conectan las comunas con el centro de Medellín, con obras como Espina Dorsal», dice González.
Camino implacable: exposición individual de Charlie Mai en Plural.
Una de mis favoritas del año, elegida también por Ana Luisa González, que dice: «fue una exposición que para mí fue muy reveladora porque piensa en los fenómenos de la migración china en Bogotá a raíz de la construcción del metro en la ciudad. Charlie juega con las ilusiones de lo foráneo y lo local y es un artista que crea a partir de un remix de culturas y se apropia del concepto de las copias triple A de las mercancías, que son las de alta calidad, y fusiona dos mundos que para él tienen mucho en común por esa gran capacidad de reproducir, mejorar y adaptar».

8. El Salón Regional Caribe con la obra póstuma de Sergio Vega
Este Salón, titulado Territorio acuoso, curado por Laguna Mental (compuesto por Elías Doria, Nicolás Cadavid y Oriana Lozano), exploró la relación de las sociedades caribeñas con sus cuerpos de agua, y el agua como metáfora del pensamiento fluido.
José Covo, artista y escritor cartagenero (que también participó en la muestra), escogió Maximal. Volumetrías y gradaciones minimal con significaciones caribeñas la obra de Sergio Vega, artista barranquillero que murió el año pasado, como una de sus piezas favoritas. Consistía en varios recipientes cúbicos de vidrio llenos de frutiño de distintos colores: una operación simple y precisa que cruzaba el rigor formal del minimalismo con imaginarios domésticos.
9. Arte por fuera del campo del arte
La contribución de Lucas Ospina a este decálogo: «mi mirada está algo limitada, pues no he sido un buen espectador de arte, de exposiciones de arte, y por ahora encuentro arte, y más arte, en sitios que tal vez no se enmarcan en lo que destaca como arte». Y propone su única candidatura: «la pieza que hicieron miembros de la Asociación Nacional de Recicladores el 24 de junio en la Plaza de Bolívar, cuando por cuenta propia llevaron más de nueve toneladas de basura y cubrieron toda la superficie de ese espacio, conectando todos los poderes, incluso la Alcaldía Mayor de Bogotá, con un mar de desechos plásticos».
10. Nuevos aires en la escritura sobre arte
Paula Ronderos afirma: «me gusta la revista Gaceta (entre otros medios digitales) como un intento serio y riguroso de construir espacios de reflexión y crítica. Contenidos lentos que dan lugar a pensar transversalmente tanta cosa que pasa».
El exministro de Cultura y editor Juan David Correa menciona: «creo que hay un cambio notable en la exposición de las artes populares del país, en la conciencia de que podemos reconocer nuestra interculturalidad; de eso ha dado muestras la tarea del Ministerio de las Culturas a través de Gaceta».
Y Jerson Murillo, artista y columnista de Cerosetenta, remata diciendo:«para mí, lo más estimulante de este año fue que más personas se animaron a escribir sobre arte. El resurgimiento de Gaceta, mi propia participación en Cerosetenta, la multiplicación de textos sobre el Salón Nacional de Artistas y sobre la Bienal, y la aparición de voces distintas y frescas». Y concluye: «si hiciéramos una comparación con la escritura y la crítica de arte hace unos años, cuando prácticamente lo único que existía era Esfera Pública, este 2025 trajo algo distinto: diversidad y nuevas miradas».
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