El anuncio de los horarios del Festival Estéreo Picnic trae consigo un baño de realidad. Semanas antes, cuando se revela el cartel, todo parece posible: un menú abierto, con múltiples opciones para saciarse. Pero los horarios imponen otra lógica: tener que elegir y aceptar que solo veremos una fracción de lo que deseábamos, ya sea por los cruces inevitables o por el cansancio del cuerpo. Hay, incluso, una leve presión por elegir bien, por convencerse de que la inversión en la boleta habrá valido la pena. Esta vez, cuando el festival publicó su cronograma en Instagram, hubo un comentario que empezó a repetirse con insistencia: «¡Deftones e Interpol juntos!».
Ver sus nombres uno junto al otro en la misma tarima, la noche del domingo 22 de marzo, último día del festival, produjo entusiasmo entre quienes crecieron con esos sonidos oscuros que, a comienzos de los dos mil, alcanzaron impacto global: el metal alternativo de California y el postpunk revival de Nueva York. Lo llamativo es que el motivo de ese entusiasmo no resulta del todo evidente para muchos, pues Deftones e Interpol se han movido durante años en órbitas separadas. Basta verlos en vivo para medir la distancia: la primera desata una energía volcánica que empuja al público al movimiento descontrolado; la segunda, en cambio, instala un clima más frío, propicio para la introspección. La pregunta, entonces, es qué afinidades reconocen sus oyentes para desear verlas en el mismo escenario. ¿Qué une realmente a Deftones e Interpol?
Estas bandas hablan de relaciones románticas que nunca terminan de estabilizarse. Los vínculos que atraviesan álbumes como White Pony (2000), de Deftones, y Turn on the Bright Lights (2002), de Interpol, permanecenen un estado incierto: hay deseo y rechazo, placebo y perturbación. Los personajes irrumpen en la vida del otro con el ímpetu suficiente para alterarla, pero sin la claridad ni la compatibilidad necesarias para asentar refugios. Viven el amor como una fuerza tectónica que perfora más de lo que ilumina.
Su exploración de las zonas agrestes del amor y de las aventuras románticas se inscribe en una tradición que tiene en The Cure su punto de partida: una devoción que comparten por igual los integrantes de Deftones e Interpol. Los británicos ampliaron la noción del rock gótico al enlazarlo con el dream pop y el shoegaze, pero, sobre todo, al vencer el miedo masculino de exponer sus sentires y nombrar el instante en el que la indiferencia se transforma en ansia. Tanto Paul Banks como Chino Moreno, cantantes de estas bandas, escriben desde ese lugar: escenas inconclusas, sensaciones ambiguas, que revelan la dificultad de entender aquello que termina por definir nuestro mundo afectivo.
Si se escuchan con atención, ambos discos —White Pony y Turn on the Bright Lights— parecen explorar distintas fases de una misma experiencia. Banks, de Interpol, escribe desde la ambigüedad del trance amoroso. En sus letras no hay historias con un inicio y un final definidos, sino pensamientos fragmentados que evocan la ensoñación romántica y el inevitable golpe de realidad. Su objetivo es documentar la vida interior tal como se presenta: confusa, áspera, fantasiosa, atravesada por estados que nunca terminan de entenderse del todo.
Moreno, en cambio, escribe desde otra orilla para Deftones: la del éxtasis y el sometimiento que produce la entrega absoluta al placer corporal, donde el erotismo —a veces bordeando lo bizarro— impacta los afectos de quien lo vive. No hay distancia lírica entre Deftones e Interpol. Son dos formas complementarias de narrar una misma fuerza: el amor como una experiencia capaz de sacarnos de la inercia de la vida diaria y, en ese mismo movimiento, violentarnos hasta volver irreconocible cualquier idea de equilibrio.
Las conexiones entre estas bandas no se agotan en la exploración del romance incierto. También comparten una tradición estética específica. Además de su devoción por The Cure, ambas son herederas de la sensibilidad introspectiva del shoegaze. En White Pony, por ejemplo, Deftones buscó deliberadamente expandir el sonido del metal alternativo hacia territorios más atmosféricos, suaves, crípticos. Chino Moreno ha contado que, durante las sesiones de grabación del icónico álbum, le puso Loveless (1991) de My Bloody Valentine al productor Terry Date y le dijo que quería que sonara así: como un oleaje en el que las guitarras se disuelven y la voz adquiere presencia espectral.
En Interpol, esa herencia adopta otra forma. Sam Fogarino, su baterista, ha reconocido a My Bloody Valentine como parte de su formación musical y, aunque la austeridad tipo Joy Division cimienta el sonido del grupo, hay otras capas enriquecidas con pedales que lo complejizan: guitarras sostenidas en delay constante y patrones rítmicos que cabalgan hasta generar una distorsión perceptiva. En Our Love to Admire (2007), esa construcción del espacio sonoro —más ambiental que narrativa— aproxima a la banda a la hipnosis del shoegaze. La música no parece avanzar, sino regodearse en un estado emocional. Eso es lo que hace Deftones e Interpol: regodearse en la vastedad de estados emocionales que libera el amor y el deseo.
Incluso en el estudio aparecen coincidencias. Ingenieros de mezcla y masterización han trabajado con ambas bandas, ayudando a afinar la cualidad sensorial que tienen algunos de sus discos más celebrados. Rich Costey, responsable de mezclar hitos del rock contemporáneo como Echoes, Silence, Patience & Grace (2007) de Foo Fighters, también mezcló Our Love to Admire de Interpol (2007) y Koi No Yokan (2012) de Deftones. Así mismo, ambas bandas han masterizado discos decisivos en Sterling Sound, en Nueva York, el prestigioso estudio por el que han desfilado desde Bob Dylan hasta Beyoncé.
No sabemos del todo qué piensan los miembros de Interpol sobre Deftones ni viceversa. Sabemos esto: que, en 2010, cuando BangerTV le preguntó a Chino Moreno qué discos se llevaría a la tumba, mencionó Turn on theBright Lights, y que una década después, en una entrevista con NME, reafirmó su elección con esta frase: «Creo que toda gran banda tiene un momento en el que todo se alinea; eso ocurrió con el debut de Interpol». Sabemos también que, tras años de trayectorias paralelas, sus caminos empezaron a cruzarse en 2026: compartieron escenario en Lollapalooza en Argentina, Chile y Brasil; en unos días lo harán en Bogotá; y en mayo, en Australia y Nueva Zelanda.
No sabemos qué revelará la noche del 22 de marzo en Estéreo Picnic. Si llegará, una vez concluidos los conciertos, una liviandad desconocida o un torrente de recuerdos turbios. Quizás, tras el golpe de adrenalina asestado por Deftones e Interpol, nos preguntemos por esa incapacidad de dosificar las pasiones y por ese talento de volver, obedientes y encandilados, a la fuente de la diversión y del daño.