En 1989, para su edición de marzo-abril, GACETA publicó dos poemas del poeta Raúl Gómez Jattin (1945-1997), que murió en Cartagena atropellado por un bus —nunca se supo si fue accidente o suicidio, lo que alimentó su leyenda como «poeta maldito»— y creció en Cereté, Córdoba, bañado por el río Sinú, como lo retrató en su obra. Así lo recordó la escritora Gloria Susana Esquivel en 2017: «La poesía de Gómez Jattin sorprende por la manera sencilla y libre en la que está escrita. Como si descreyera de la rígida tradición de la poesía colombiana o mejor, como si se propusiera crear una tradición propia en donde Barba Jacob, Álvaro Mutis y Jaime Jaramillo Escobar entran en constante diálogo con sus poemas, la obra de Gómez Jattin le habla al lector de un deseo primario pero irrealizable; de una pulsión que se transforma en poema a partir de un lenguaje honesto y sencillo, pero que nunca termina de escribirse. Tal vez porque el Gómez Jattin que escribe y el que vive esa libertad plena que da la marginalidad son absolutamente indisolubles».