ETAPA 3 | Televisión

Lo divino

6 de junio de 2025 - 12:00 am
La escritora y periodista mexicana reflexiona alrededor del placer bíblico de ser comensal y anfitrión, de comer y beber, de la sobremesa y el encuentro en este breve ensayo sobre aquello que nos sustenta.
Cosecha. 2011. Dientes humanos sobre tusa de maíz. La práctica artística de Carlos Castro Arias parte de la apropiación de imágenes históricas y la recontextualización formal y simbólica de objetos encontrados; explora elementos de la identidad individual y colectiva y pretende sacar a la luz historias silenciadas y puntos de vista ignorados. La cosecha hace una crítica directa al sacrificio y al hambre que pasan algunos de los campesinos y cultivadores colombianos, quienes normalmente trabajan para terratenientes o grandes distribuidores, lo que muchas veces los obliga a vender sus cosechas a precios muy inferiores a los del flete mismo.
Cosecha. 2011. Dientes humanos sobre tusa de maíz. La práctica artística de Carlos Castro Arias parte de la apropiación de imágenes históricas y la recontextualización formal y simbólica de objetos encontrados; explora elementos de la identidad individual y colectiva y pretende sacar a la luz historias silenciadas y puntos de vista ignorados. La cosecha hace una crítica directa al sacrificio y al hambre que pasan algunos de los campesinos y cultivadores colombianos, quienes normalmente trabajan para terratenientes o grandes distribuidores, lo que muchas veces los obliga a vender sus cosechas a precios muy inferiores a los del flete mismo.

Lo divino

6 de junio de 2025
La escritora y periodista mexicana reflexiona alrededor del placer bíblico de ser comensal y anfitrión, de comer y beber, de la sobremesa y el encuentro en este breve ensayo sobre aquello que nos sustenta.

Entre mis mejores amigos hay gente que se ha pasado la vida entera sin acordarse de los tres tiempos sagrados de las comidas, y que es incapaz de fijarse si la sopa seca de fideos que le ponen enfrente es una sinfonía de jitomate, queso e hilos dorados de pasta o una atroz masa pegajosteada. Son, sin excepción, gente de altos valores morales y vocación altruista, pero me preocupa su vida espiritual. ¿Espíritu sin pasión? ¿Pasión sin cuerpo? ¿Cuerpo sin alimento? ¿Alimento sin alegría? No entiendo cómo no preocuparse por lo que nos sustenta.

Por ejemplo: Jesús de Galilea era de muy buen diente. Leyendo con atención el Nuevo Testamento se ve clarísimo que el Cristo de los Evangelios se interesa mucho por la comida. Sus parábolas están llenas de cenas y de festines. Siempre está previendo en qué casa él y sus discípulos habrán de tomar sus alimentos. Reconoce sin problemas que no es muy dado al ayuno: «Vino Juan, que ni comía ni bebía», apunta,irónico, «y dijeron: “está endemoniado”. Viene ahora el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡He aquí un tragón y bebedor!”». (Mateo 11:18). Cuando le da hambre, se pone de mal humor: «Sintió hambre. Y al ver a lo lejos una higuera llena de hojas, se acercó a ver si encontraba algo en ella, pero al llegar solo encontró hojas, pues no era tiempo de higos». El error no ha sido del árbol, pero Jesús de todas maneras hace que se marchite (Marcos 11:13).

Su interés, sin embargo, no es solamente por la comida; tratándose de su propia hambre, no es capaz de lograr que dé peras el olmo o tan siquiera higos la higuera. Tratándose de la comunidad que surge alrededor de una mesa, hace milagros. En el Nuevo Testamento cura leprosos, resucita muertos y expulsa demonios, pero también se da tiempo, en repetidas ocasiones, para el milagro aparentemente superfluo de multiplicar los alimentos —no para nutrir a los desamparados (aunque en su prédica les haya dado tan particular lugar), sino para asegurar que la muchedumbre que lo acompaña tenga un almuerzo como Dios manda—. «Me da mucha lástima esta gente», dice en Marcos 8:2, «pues lleva tres días a mi lado y sin comer». Entonces, consternado, hace que el pescado y el pan rindan para cuatro mil.

Me gusta sobre todo el cuento de las bodas de Caná, que narra solamente Juan Evangelista. Alguien se ha casado —no sabemos quién— y entre los invitados están Jesús y su madre. En algún momento María va afligida con su hijo y le cuenta que se ha acabado el vino. Jesús, que suele ser brusco con su madre, le contesta: «¿Y qué nos importa eso a ti y a mí, mujer?». En efecto, no son los invitados los que tienen la obligación de poner la bebida en los casamientos (a menos que se trate de su propia boda, como han especulado muchos exégetas).

En todo caso, María, quien parece ser una madre insistente, manda a los sirvientes de la casa a que le repitan la queja a su hijo. Y he aquí que a ellos Jesús no les dice que El no tiene como oficio andar haciendo milagros estúpidos en las fiestas. Dos personas se han casado, la gente lo está festejando y es menester que haya con qué celebrar. Hace un milagro: convierte el agua en vino. Es el maestresala de la casa el que hace notar con ojo profesional que es muy buen vino (Juan 2:10).

¿Y qué otra cosa podría hacer un hombre verdaderamente sabio? Tener convidados, pensar en sus gustos, poner la casa bonita y luego echarla por la ventana, ofrecer este antojito tan sabroso y luego esta receta que me pasó una amiga, traer a los mariachis y descorchar otra botella, todo por el simple placer de hacerlo, es participar en un ritual que salva a cualquiera de la desesperación existencial. Si bien es cierto que solo los seres humanos fabricamos chismes envenenados y armas mortales, también es verdad que ningún cuadrúpedo sabe ser hospitalario.

Los demás mamíferos no tendrán jamás el gusto de contemplar alrededor de la mesa una guirnalda de caras felices y sonrojadas por la risa, el postre y el vino, ni de despedir ya entrada la noche al último solitario invitado que nos agradece con un «¡Qué rico estuvo!». Ni tampoco está ese placer al alcance de todos los mortales. Los anfitriones que sirven comida prefabricada o fría, que sientan a sus comensales a una mesa sin un solo adorno, que tocan sinfonías de Mahler o música banda durante toda la velada, y que les duele el codo a la hora de sacar la última botella jamás accederán a la gloria. Ahora que, convertir el agua en vino, solamente Cristo.

La muerte no le quita a Jesús ni lo hambriento ni lo hospitalario. En el último capítulo del último Evangelio, Juan Evangelista, el más metafísico de los que narraron los hechos de Cristo, habla del último terrenal encuentro del Jesús resucitado con sus apóstoles, que van regresando de la pesca al amanecer con las redes vacías. Ellos no lo reconocen ni siquiera cuando les hace la siguiente pregunta: «Muchachos, ¿por casualidad tienen algo qué comer?».

Cuando ellos le contestan que no, Jesús les instruye a que echen sus redes nuevamente al agua, mismas que sacan con «ciento cincuenta y tres» peces grandes. Con este milagro los discípulos reconocen nuevamente a Cristo y se lanzan en su barca hacia la playa donde él los mira. «Cuando saltaron a tierra, vieron una hoguera y un pescado colocado sobre ella, y pan… Jesús les dijo: “Vamos, almuercen…”» y comió con ellos.

Por eso me chocan los malos anfitriones; porque no leen con cuidado la Biblia.

Nota: La autora cita en todos los casos la traducción directa del griego de los cuatro Evangelios de Sergio de la Peña, Editorial Aguilar.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

10 de agosto de 2026
La relación entre la literatura y los hoy llamados «lenguajes audiovisuales» siempre ha sido estrecha. Sin embargo, no siempre ha sido armónica. Están los que dicen que la escritura de un guion no es un género literario. Mientras otros insisten en que, si se quiere conseguir una buena historia para las pantallas, es importante prescindir de la «narratofagia». En Colombia hay muchos ejemplos de películas que han tenido una efectiva relación con sus referentes narrativos. Uno de ellos es la versión que realizó Carlos Mayolo en 1986 del relato La mansión de Araucaíma de Álvaro Mutis. Cuarenta años después, el otrora asistente de dirección del filme recorre los pasos detrás de las huellas de su locación principal y se lleva más de una sorpresa.

Array

8 de agosto de 2026
En 1986, Carlos Mayolo llevó al cine La mansión de Araucaima, el relato que Álvaro Mutis escribió para demostrarle a Luis Buñuel que el horror también podía habitar el trópico. Cuatro décadas después, la película sigue siendo una de las obras fundamentales del cine colombiano por su exploración del deseo, el poder, la decadencia y la violencia que sostienen ciertos órdenes sociales. El editor web de Gaceta, Santiago Cembrano, conversa con Sandro Romero Rey y Alexandra Falla sobre la historia de la película y el legado que marcó para el cine nacional.

Array

7 de agosto de 2026
Desde Venezuela hasta el centro de Medellín, tatuajes, estatuillas y altares susurran una historia: la de cómo migran las religiones populares para adaptarse a un nuevo territorio. En esta crónica, Santiago Rodas y el fotógrafo Una Rutina siguen el rastro del Chamo Ismael y la protección que les concede a quienes cargan su fe como una parte de su país.

Array

6 de agosto de 2026
El Ministerio de las Culturas y sus entidades adscritas reactivaron su política editorial durante este gobierno. Entre abril de 2024 y agosto de 2026 editaron más de cien libros y revistas para ampliar el campo de lo que merece ser recordado y revitalizar debates públicos largamente aplazados. ¿Qué cambió para que el Estado volviera a editar? ¿Qué biblioteca construyó y qué idea de país empezó a tomar forma en sus estanterías?

Array

5 de agosto de 2026
Antes de que Barranquilla entrara en los mapas literarios y artísticos del país, un puñado de jóvenes decidió disputar el sentido mismo de la cultura colombiana. Las batallas que dieron —en periódicos, talleres, bares y estudios de pintura— no solo moldearon la obra de Álvaro Cepeda Samudio, sino que configuraron una manera distinta de pensar el Caribe. Un crítico de arte reconstruye ese momento en que la audacia y el desparpajo fueron una forma de intervención crítica.

Array

4 de agosto de 2026
¿Qué hace que un espacio independiente de Cali llegue a la Bienal de Venecia, uno de los escenarios más importantes del arte contemporáneo? La historia de lugar a dudas recorre el legado cultural de la ciudad, la visión de su fundador, Óscar Muñoz, y una manera distinta de entender la práctica artística.

Array

3 de agosto de 2026
Durante años, la figura de Cepeda Samudio ha brillado más que su escritura: el reportero audaz, el hombre nocturno, el mito barranquillero. Sin embargo, en su narrativa se despliega otra verdad: la espera como forma de mundo, como pulsación íntima que une sus novelas y relatos. Ariel Castillo Mier sigue esa estela para devolvernos a Cepeda Samudio allí donde importa: en la obra que sobrevivió a su propia leyenda.

Array

2 de agosto de 2026
Desde su aparición en 1976, Gaceta ha sido una de las apuestas más persistentes de la edición cultural pública en Colombia. Nacida en el marco de las políticas culturales de Colcultura, la revista se propuso desde el inicio ser un espacio para la escritura crítica, el pensamiento sobre las artes y la circulación de voces que no siempre encontraban lugar en otros medios. A propósito de sus cincuenta años, el director de Gaceta, Mario Jursich, conversa con Claudia Paredes de Gamba, coordinadora de la primera etapa de la revista; el periodista, editor y escritor Guillermo González; el gestor cultural Luis Armando Soto, y el periodista de Gaceta William Martínez sobre la historia de la revista, los desafíos de sostener una publicación cultural pública y el lugar que Gaceta sigue ocupando en el panorama editorial colombiano.

Array

31 de julio de 2026
Entre la poesía, la publicidad y la política existe una relación más estrecha de lo que suele creerse. Gonzalo Arango lo entendió antes que muchos. En 1970 escribió e ilustró para Belisario Betancur un extravagante y divertido manual de campaña que, leído hoy, parece anunciar varias de las técnicas de persuasión que dominarían las elecciones décadas después.

Array

30 de julio de 2026
En 1937, el traductor pastuso Leopoldo López Álvarez publicó la Ilíada y la Odisea en griego y español. El renovado interés por Homero luego de la película La Odisea de Christopher Nolan nos invita a revisitar esta historia, prueba de que Colombia también ha participado en la transmisión de los clásicos.