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Delia Zapata Olivella y la Expedición Coreográfica de la Nación

22 de abril de 2026 - 12:27 am
El primero de abril de 2026 se cumplieron cien años del nacimiento de Delia Zapata Olivella, la bailarina, maestra e investigadora que volvió el mapa cultural de Colombia una ruta de hallazgos. Si la Expedición Botánica reveló la riqueza natural del territorio, la suya —una auténtica Expedición Coreográfica de la Nación— mostró la vida profunda de sus pueblos a través del movimiento. Durante décadas recorrió ríos, litorales y plazas remotas para dar forma y dignidad a las danzas que resguardan la memoria corporal de Colombia: gestos, pulsos y cadencias que no siempre gozaron del reconocimiento que hoy les concedemos. En su centenario, Gaceta le rinde el homenaje más fiel: volver a su obra, releer sus libros y dejar que su mirada —curiosa, crítica, insumisa— siga, como Elegguá, abriéndonos camino hacia aquello que aún estamos por comprender e imaginar.
Archivo El Palenque de Delia.

Delia Zapata Olivella y la Expedición Coreográfica de la Nación

22 de abril de 2026
El primero de abril de 2026 se cumplieron cien años del nacimiento de Delia Zapata Olivella, la bailarina, maestra e investigadora que volvió el mapa cultural de Colombia una ruta de hallazgos. Si la Expedición Botánica reveló la riqueza natural del territorio, la suya —una auténtica Expedición Coreográfica de la Nación— mostró la vida profunda de sus pueblos a través del movimiento. Durante décadas recorrió ríos, litorales y plazas remotas para dar forma y dignidad a las danzas que resguardan la memoria corporal de Colombia: gestos, pulsos y cadencias que no siempre gozaron del reconocimiento que hoy les concedemos. En su centenario, Gaceta le rinde el homenaje más fiel: volver a su obra, releer sus libros y dejar que su mirada —curiosa, crítica, insumisa— siga, como Elegguá, abriéndonos camino hacia aquello que aún estamos por comprender e imaginar.

Lee nuestro especial Delia Zapata Olivella y la Expedición Coreográfica de la Nación aquí. 

 

«Delia: retrato con muchas preguntas», por Marcela Joya.

Delia Zapata Olivella llegó al mundo entre músicas que se colaban por las ventanas y relatos que pedían un cuerpo que los acompañara. Muy pronto entendió que bailar era otra forma de pensar, y que en cada gesto cabía la memoria de un pueblo entero. Esa intuición la llevó por aulas, riberas y escenarios lejanos, donde convirtió la danza en un acto de revelación. En este año de homenaje, una joven ensayista despliega su vida como si se tratara de un gozoso mapa del baile.

 

«La nación que se inventó bailando», por Javier Ortiz Cassiani.

Pocas creadoras entendieron tan pronto como Delia Zapata Olivella que un país también se imagina desde el movimiento. En sus montajes, investigaciones y debates públicos, el cuerpo se volvió un territorio político donde se jugaban la nación, la ciudadanía y el lugar de los pueblos afrodescendientes. Su obra sostiene una intuición decisiva: la danza como argumento, como memoria y como una manera —más justa y más amplia— de pensar a Colombia.

 

«Delia y el compás de las aguas», por Rosa Chamorro.

Cuando Delia Zapata Olivella emprendió sus primeras investigaciones sobre el folclor de la Costa Atlántica, el viaje no comenzaba en una carretera sino en el cauce del río Magdalena. Era la única vía posible en un país con comunicaciones precarias, y también una especie de escuela en movimiento. La autora de El Club Negro se pregunta si ese vaivén —ese ir y venir que impone el río— no terminó afinando su manera de mirar el baile. Si en el movimiento de las olas no intuyó algo que le recordaba el movimiento de las caderas. Si, en suma, el río no fue también un maestro.

 

«Una pollera made in China», por William Martínez.

La travesía internacional de Delia Zapata Olivella en los años cincuenta no solo llevó las danzas del país a escenarios de Europa y Asia: también puso a prueba su ingenio, su autoridad artística y su capacidad de convertir cada contratiempo en una oportunidad. Entre trenes perdidos, teatros repletos y amistades inesperadas, una parte del folclor colombiano tomó forma lejos de casa. Esta crónica sigue esa historia: la de una tradición que, sin proponérselo, se fue forjando en la errancia del camino.

 

«¡Yo vi solo una mendiga!», por Timón (seudónimo de Silvio Villegas).

 

«Mis lazos con Delia», por Susana Friedmannn.

Durante años, Delia Zapata Olivella enseñó en la Universidad Nacional de Colombia, donde su visión dialogó —para sorpresa de muchos— con la de colegas formadas en tradiciones muy distintas. Lejos de oponerse, ambas miradas se buscaron: el rigor académico del Viejo Continente y la sabiduría corporal de las danzas populares encontraron un espacio común. De ese cruce improbable nació una conversación que transformó a quienes, como Delia y Susie Friedmann, entendieron que el conocimiento también se teje al ritmo del intercambio

 

«En la casa de mi abuela», por Ian Betancourt Massa

En la casa de Delia Zapata Olivella nunca hubo silencio: sonaban tambores en la sala, humeaban carimañolas en la cocina y la vida circulaba como un fandango interminable. Allí creció su nieto, entre telas, coreografías y visitas que llegaban buscando consejo o fiesta. Este retrato íntimo —hecho de recuerdos, aromas y ritmos cotidianos— revela a la artista desde adentro: no solo la maestra que transformó la danza en país, sino la mujer que convirtió el hogar en su primera escuela.

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