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El porvenir del agua

25 de agosto de 2024 - 10:03 pm
La invención de un mercado que vende agua embotellada, más que una garantía de pureza, es la evidencia de un bien común hecho negocio. ¿Cómo las industrias del agua han transformado el territorio?

El porvenir del agua

25 de agosto de 2024
La invención de un mercado que vende agua embotellada, más que una garantía de pureza, es la evidencia de un bien común hecho negocio. ¿Cómo las industrias del agua han transformado el territorio?

Carlos Hernández: ¿Hay escasez de agua en Colombia?

María Cecilia Roa: Tenemos que considerar tres grandes factores: el fenómeno de El Niño, la estación seca y el cambio climático. Tres aspectos que nos hicieron considerar la escasez de agua tanto en varias regiones del país como en Bogotá. Lo que se traduce en un fenómeno social que agrava la situación.

¿Cuál es la diferencia entre la escasez de agua en las zonas urbanas y las rurales?

Andreiev Pinzón: Colombia tiene una deuda: debe conocer los acueductos y a los gestores comunitarios del agua. En las ciudades y en el campo; en Villavicencio, en Ibagué, en los municipios de Arauca, en Bogotá… Donde pueden darse casos tan escandalosos como el de La Calera, por la privatización del agua y por las concesiones, pues la escasez puede ser socialmente construida: tiene que ver con el cambio climático, pero también con la geografía que determina la cantidad de agua a la que puede acceder un pueblo. Así que los tres factores que señalaba la profesora Roa y ciertos modelos de desarrollo hacen que las ciudades sean más vulnerables. Pero el agua viene del campo,  de la montaña, del manantial. Me pregunto entonces acerca de los conceptos que tenemos sobre el agua. ¿Creen que viene de la llave? Se nos olvida el ciclo hídrico y las comunidades indígenas, campesinas, afro, que han cuidado las fuentes de agua.

¿Por qué sucede esto?

AP: Desde la Constitución del 91 hasta el presente es un modelo de recuperar y ganar rentas. El agua se ha convertido en una mercancía. Históricamente, desde hace un siglo, las comunidades han autogestionado el territorio y el agua con una visión solidaria, por la que no se excluye a nadie. El agua está así entronizada en la vida rural y campesina. Se utiliza para las gallinas, el pancoger, la huerta y se fija familiarmente una tarifa, que no se cobra y se divide entre el número de familias que la utilizan. Se trata de algo más que un acueducto convencional de tubos, tratamiento y distribución.

¿Podríamos ahondar en los acueductos comunitarios y en los concesionarios que tienen un poder económico mucho más fuerte?

MCR: Tendríamos que hablar sobre la asignación del agua y las concesiones, que son muy desiguales en Colombia. Basándonos en un estudio que hicimos con una colega hace diez años, en el que analizamos una base de datos que recopiló el economista ambiental Guillermo Rudas, sobre todas las corporaciones autónomas regionales, calculamos lo que es el Gini del  agua, un indicador de desigualdad del ingreso, que en Colombia se utiliza también para la tierra, y el resultado nos demostró que el agua está distribuida, en términos de concesiones, peor que la tierra. Esto considerando que las concesiones son un indicador parcial porque no todo el mundo las tiene. Hay comunidades y usuarios a los que no les interesa tener una concesión porque implica unos costos y un procedimiento, así que hay gente a la que no le interesa o que simplemente no puede acceder a ella, porque es difícil y hay que tener estudios de disponibilidad del agua que muchas comunidades no pueden hacer.

¿Y esto qué significa para las personas que no tienen una concesión: se quedan sin agua o cómo la consiguen?

MCR: No es que se queden sin agua, pueden usarla, pero no tienen una concesión, no los refrenda el Estado para usarla, aunque sea un derecho humano y un bien común. Al agua podemos acceder todos: no significa que por no tener una concesión no se pueda tener agua. De hecho, la gran mayoría de los usuarios directos del agua no tienen concesiones. Estas son para los que tienen la capacidad de gestionarlas. Y aunque el Gini sea un indicador imperfecto, porque solamente se ocupa de aquellos que pueden tener una concesión, te muestra muchas cosas. Cuando hicimos el análisis estudiamos las regiones y nos dimos cuenta de que hay algunas en donde las concesiones muestran más desigualdad que en otras partes del país. Por ejemplo, en los Llanos Orientales los usuarios más grandes tienen una concentración enorme de agua. Por eso hicimos un estudio más detallado en la zona.

Por el número de concesiones se puede ver que el sector agrícola es el que más tiene, seguido por el sector doméstico, el comercial, el industrial y las hidroeléctricas. ¿Qué conclusiones se podrían sacar de esto?

MCR: Hay que diferenciar el uso consuntivo del agua cuando se utiliza sacándola de un cuerpo hídrico, para regar, consumir o utilizar en un proceso industrial. Eso es un uso consuntivo. Y hay un uso que es no consuntivo, como, por ejemplo, el de las hidroeléctricas, que sacan el agua para generar energía y vuelve al río transformada, menos fría o interrumpiendo el flujo de un río. También tenemos que considerar el uso de los cuerpos de agua o del agua que recibe desechos. El agua que diluye contaminación o desechos. En Colombia, la gran mayoría de las ciudades no tienen plantas de tratamiento, así que los desechos que salen de los hogares van directamente a los ríos. Algo similar a lo que sucede con la industria extractiva del petróleo. Cuando se saca petróleo no sale en forma pura, sino mezclado con mucha agua y, a medida que los pozos envejecen, el petróleo tiene más agua. Lo primero que se hace entonces es separar el agua de producción, como se le llama al agua del petróleo, un agua con la que se debe hacer algo porque no sirve. Una de las cosas que se hace en los Llanos Orientales, en muchos de sus ríos, es usarlos como receptores de esos vertimientos de aguas de producción, muy contaminadas, con metales pesados, muy calientes, que alteran totalmente el ecosistema hídrico.

¿Cómo podría detenerse esto?

AP: Ese es el gran tema del agua. Algo que debe detenerse. Se han ocultado evidencias científicas. La privatización por contaminación es muy alta. Sucede entonces algo perverso. Lo vimos en las guerras del agua de Cochabamba que originaron la resolución general número 15 de las Naciones Unidas sobre el derecho humano al agua. A los grandes negociantes del agua les interesa que gran parte esté contaminada; que el río Bogotá sea una cloaca, que Bogotá haya contaminado su cuenca en los años setenta y que se haya hecho un gran trasvase de agua: eso es lo que hacemos con Chingaza, que es la cuenca del Orinoco, aguas prístinas que le dan a Bogotá un agua magnífica, como la de un manantial. Por eso el agua de Coca-Cola se llama Manantial y nos la venden como un agua muy pura. Pero quiero decirles a los bogotanos que el agua que sale de su llave es mucho más pura, pues viene de un ecosistema más protegido, de alta montaña, que tiene la filtración natural de los páramos. Así que hay que proteger lo público o lo público comunitario, porque hay un arraigo con el territorio, con el ciclo hídrico, en lagunas, en ríos, en corrientes subterráneas, y una mejor relación con los ciclos de la naturaleza. Por eso es terrible el negocio, la venta de agua en bloque. Es algo que se tiene que discutir socialmente. Bogotá, en algún momento, le dijo a la región: «No se preocupen, construyan, nosotros les damos agua». Pero eso implicó un estrés hídrico a las fuentes de captación donde están las lagunas y los embalses. Bogotá tiene siete u ocho millones de habitantes mal contados y le da agua a diez millones de habitantes. Bogotá desordena el territorio en todo Cundinamarca, pelea con la producción campesina de alimentos, pelea con los municipios cercanos. Chingaza tiene efecto en nueve municipios, pero casi todos tienen escasez y déficit hídrico a pesar de tener las mayores fuentes de agua.

¿Cuál sería la solución para que los municipios pudieran administrar sus propios recursos hídricos?

AP: La gestión del agua debe ser más democrática y con otra concepción del ordenamiento territorial. La subordinación de lo rural a la ciudad ha sido conflictiva entre Bogotá y la región. Deberíamos hacer consejos de cuenca participativos con las comunidades, los científicos, en los que la academia participara y que el desarrollo fuera más endógeno. La Calera tiene un estrés hídrico impresionante. Tiene la mayor captación de agua, que es Chingaza, como Fomeque, Choachí y otros municipios, y estos deberían participar activamente para gestionar el agua con cuencuas y microcuencas. El ordenamiento territorial ambiental debe estar basado en un análisis hídrico que sea democrático, no diseñado por las empresas.

¿Qué opina de la gestión pública del agua, hablando específicamente del caso de Bogotá? ¿Tendría esto una solución?

MCR: En Bogotá parece que no viéramos cuánta agua consumimos. Es distinto el uso doméstico del agua, que es pequeño comparado con el uso agrícola o industrial. Pero cuando la estrategia es restringir el uso doméstico, se pierden de vista los grandes usuarios. Pero esto no quiere decir que nosotros no seamos usuarios. Sin embargo, lo que tendríamos que hacer es considerar que hay otros usos del agua que no vemos cuando el racionamiento se hace solamente en la ciudad. Deberíamos pensar en el agua virtual, un concepto que se utiliza para entender cuál es el consumo del agua.

¿Por ejemplo?

MCR: Por ejemplo, el agua que se necesita para producir un kilo de carne… ¿Qué tanto consumimos virtualmente a través de la carne, de nuestra dieta o de otros consumos que hacemos? Tenemos que aprender sobre la dependencia que tenemos del agua. Estoy totalmente de acuerdo con Andreiev: el agua es lo que nos conecta con absolutamente todo, con la comida, con el espacio. Bogotá es una ciudad que fue construida sobre los ríos y los tapó, se dejó de relacionar con ellos, les dio la espalda. Por eso creo que la escasez de agua que estamos viviendo es una oportunidad para retomar esa relación, pues nos hemos alejado tanto que los niños creen que el agua viene de la llave, algo muy triste.

¿Cuál es nuestra responsabilidad en el ahorro del agua?

AP: Fals Borda decía que somos seres anfibios. Y el ser anfibio es algo fragmentado en las ciudades, donde perdemos nuestra relación con los ciclos del agua. Por eso los campesinos tienen otra sensibilidad y otra cosmovisión del agua. En las ciudades nos parece algo ajeno que administran otros. Así que, por supuesto, hay distintas responsabilidades. Hay consumos intangibles o virtuales. Como sucede con los zapatos o los jeans, con las cosas que deben tener ciclos de uso: debemos ser conscientes del consumo. Se suele decir que la responsabilidad es de los ciudadanos. Pero ¿cómo se usa el agua en la agricultura? ¿Cuál es el problema de los agrotóxicos? ¿De los venenos que van al agua? Nos dicen que las mediciones se toman en aguas abiertas y que las concentraciones de mercurio, de plomo o de níquel se disuelven y están dentro de la norma. ¿Y el consumo de las concesiones de agua? ¿No es costoso? El metro cúbico en Bogotá para los estratos del uno al tres está hacia los dos mil pesos mientras que Coca-Cola no paga sino setenta pesos por un metro cúbico de agua. Es más rentable en cualquier parte del mundo vender agua que gasolina. El agua se usa para todo. Hay una responsabilidad y tenemos que estar atentos a los cambios de rumbo que tendrá la humanidad ante la escasez de agua por el cambio climático. Hay que hablarlo con los hijos, en las familias, hermanarnos con el agua y no dejarla en manos de los sabios que saben cómo hacer negocios, pero no la cuidan.

¿Y por qué pagan tan poco los grandes concesionarios? Supimos hace poco del caso de Coca-Cola en La Calera, que extrajo cincuenta y seis millones de litros de agua en 2016, por los que pagó seiscientos mil pesos.

MCR: El agua no es un bien privado, pero lo que pagan las empresas y los usuarios no es el valor por el agua sino por el derecho a usarla. La tarifa que se paga es para cuidar la fuente de agua, porque supuestamente lo que se hace con las contribuciones de los usuarios del agua que tienen una concesión es que ese dinero se reinvierte en el cuidado de la cuenca, porque el agua no es un negocio, no es un bien privado. En otros países, como en Chile, donde el agua sí es un bien privado, eso ha causado un desastre monumental, pues hay ríos enteros que están concesionados y se transa el agua con empresas privadas, incluso por encima de la capacidad y el flujo que tenga el río. Pero en Colombia no es así. Nosotros hemos protegido el agua porque aquí hay un movimiento social muy fuerte, preocupado porque el agua siga siendo un bien común. Y aún así nos hemos acostumbrado a comprar agua y, además, a comprar botellas de plástico, a financiar el combustible fósil que se necesitó para sacar esa agua de quién sabe dónde hacia el lugar de consumo. Se trata de una privatización perversa que contamina cuando compramos agua embotellada. Y hemos aceptado esa privatización comprando botellas de agua en vez de llevar cada uno la suya.

AP: El consumismo nos convenció de que el agua embotellada es más limpia que el agua de los sistemas públicos. En Estados Unidos la privatización comenzó con esta creencia. Por eso es importante que se hable de esto en la escuela y en los hogares; que sepamos, tras hacer pruebas microbiológicas, que puede ser mejor el agua del sistema público que el agua de las embotelladoras.

¿Tiene sentido que esa industria exista? Tendríamos que considerar cómo se valora que en zonas donde no hay agua potable la solución sea tomar agua en botella.

MCR: Cuando se necesita consumir agua embotellada es porque el agua de un territorio ya se la apropiaron de diferentes maneras. Se apropiaron de la calidad del agua y no se consume directamente de la fuente o del distribuidor local, siendo mucho más seguro en apariencia tomar agua embotellada, lo que también me parece una privatización perversa porque se hace por la contaminación para que el consumidor no pruebe el agua local sino un agua que además produce mucha basura.

¿Qué conflictos existen por el agua en Colombia?

MCR: Hablemos de Buenaventura. La gente ha hecho, si no estoy mal, catorce o diecisiete paros por el agua, pues aunque Buenaventura tenga una de las mejores aguas del país, no hay servicio las venticuatro horas y llega cada dos días. Algo inaudito en una ciudad con semejantes fuentes de agua, como son los nueve ríos que fluyen hacia la bahía de Buenaventura. La razón para que no se tenga agua es porque se ha desviado para los usuarios del puerto, para que los barcos que llegan con carga puedan tener el lastre necesario cuando van a salir, llenándolos con agua dulce. La prioridad de los puertos es algo histórico en Buenaventura, algo por lo que ha muerto mucha gente, por lo que murió el defensor de derechos humanos Temístocles Machado. Una de sus luchas fue destapar el racismo que hay en el Pacífico, que hace que estas ciudades no tengan acceso al agua.

AP: ¡En Colombia no hay departamento que no tenga conflicto por el agua!

Hablemos de las hidroeléctricas, que se promocionan como una solución para tener una matriz energética limpia, aunque también han generado muchos conflictos.

AP: Lo que se está tratando de imponer en Colombia son las pequeñas centrales hidroeléctricas, que aunque generan emisiones, son menores. Pero esto está ligado a mercados de energía, que se han despojado de cierta soberanía nacional porque dependen de ventas en bolsa. Por eso en Colombia es posible entender por qué se produce energía sin que el precio baje, porque en la empresa productora tienen seguridad en la bolsa energética y saben cuánto vale un kilovatio y cuáles pueden ser las ganancias. Y también está la energía térmica cuando hay escasez de agua, porque el agua mueve turbinas. Así que quiero señalar lo que advirtió Pedro Arrojo Agudo, relator especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, en su último informe sobre la financiación del agua, sobre los genios que están poniendo el agua en los mercados de la bolsa y proyectándola hacia mercado futuros. Cuando les den el visto bueno vamos a vender cinco mil metros cúbicos de agua para que una empresa los usufructúe en cinco o diez años, y que otra empresa, por ejemplo, en Bogotá, diga «está bien, hemos comprado a Cundinamarca diez veces la cantidad que Coca-Cola ha venido comprando». Se va a privatizar el agua. Usaremos una tarjeta como la de Transmilenio para que carguen a las casas cinco mil pesos de agua. Así que los mercados futuros del agua son un problema. Hay varios en el mundo. El primero, aquí en Latinoamérica, fue en Quito. En Colombia hay muchos fondos de agua: treinta y dos de los sesenta y cinco que hay en la región. Y mientras se privatiza el agua, nosotros llevamos una vida normal, de mucho consumo y poca conciencia frente a lo que está sucediendo.

¿Qué experiencias positivas se podrían rescatar con el agua?

MCR: Los acueductos comunitarios. La mejor gestión del agua la hacen estos acueductos. El agua se mueve por la gravedad y suele usarse la que está más cerca. Los acueductos comunitarios protegen entonces las fuentes de agua, los nacimientos, los arroyos, las quebradas, los caños, los jagüeyes. Son un modelo de gestión que se preocupa por cuidar el origen del agua y por hacernos entender que el agua nos une. Comprender que el agua es la vida nos hace cuidarla y ser éticos recíprocamente con ella: a mí el agua me da, entonces la cuido. Es algo de lo que se preocupan los acueductos comunitarios, de conectar al ser humano y acercarlo a la naturaleza. Pienso entonces en las hidroeléctricas, en la forma como transforman el flujo del agua cuando la represan y la distribuyen. Algo riesgoso porque al represar el agua con estas infraestructuras tan grandes, la gente que queda abajo está expuesta a riesgos muy altos. Tenemos entonces que mirar a esos pueblos que han quedado por debajo de las represas y a los ríos que han perdido su libertad porque están llenos de represas. Sucede con el Amazonas, es algo muy doloroso ver ese río tan grande represado.

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