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Ofrendar fotos para rehacer la vida

16 de abril de 2026 - 2:16 pm
Los fotógrafos colombianos Ever Mercado y Ferley Ospina ganaron el World Press Photo con series en apariencia distintas. Sin embargo, vistas en paralelo, ambas señalan un mismo horizonte: reconocer cómo las comunidades y las familias recomponen su mundo tras la pérdida en el Valle del Cauca y Norte de Santander. La fotografía no puede devolver a los ausentes, pero sí honrar las formas en que la vida sigue.
Ferley Ospina 1
World Press Photo 2026. Ferley A. Ospina.

Ofrendar fotos para rehacer la vida

16 de abril de 2026
Los fotógrafos colombianos Ever Mercado y Ferley Ospina ganaron el World Press Photo con series en apariencia distintas. Sin embargo, vistas en paralelo, ambas señalan un mismo horizonte: reconocer cómo las comunidades y las familias recomponen su mundo tras la pérdida en el Valle del Cauca y Norte de Santander. La fotografía no puede devolver a los ausentes, pero sí honrar las formas en que la vida sigue.

Dos colombianos acaban de grabar su nombre en el World Press Photo, el premio que desde mediados de los años cincuenta ayuda a decidir qué imágenes entran a formar parte de la memoria visual del mundo. Esta vez, entre los ganadores, quedaron Ever Mercado, nacido en Buenaventura en 1998, y Ferley Ospina, nacido en Bucaramanga en 1994: dos fotógrafos formados en contextos culturales distintos, pero atraídos por una pregunta similar: ¿qué hace una comunidad o una familia para rehacer su vida después de perder a algunos de los suyos? 

Ever Mercado ganó con Manacillos: un regreso a la vida, una serie sobre la Fiesta de los Manacillos en Juntas, la última aldea del río Yurumanguí, en el Valle del Cauca: una dramatización de la pasión de Cristo en Semana Santa que entrelaza ritos católicos y tradiciones africanas. La celebración se interrumpió y perdió vigor tras los episodios de violencia que golpearon a la comunidad, y solo en 2021 fue retomada gracias al impulso de las madres de jóvenes asesinados como una manera de recordarlos y de enfrentar, en público, el miedo a volver a reunirse. 

«Son ellas las que movilizan a la gente para practicar los alabados y para que todo funcione durante la Semana Santa. Cuando la comunidad se llena de hojas de palma, son ellas las que toman la decisión de coger el machete e irse con sus hijas e hijos al monte, cortar las palmas y luego bajarlas en lancha. Después ellas mismas las ponen alrededor de las calles. Son las que organizan la procesión, las que convocan, las que hacen, finalmente, que el encuentro suceda», le dijo Ever Mercado a Gaceta. 

Ferley Ospina, cuyo trabajo ha seguido de cerca la migración y la crisis humanitaria en la frontera colombo-venezolana durante los últimos años, fue premiado por Nombrar la ausencia, una serie nacida de una herida personal: el asesinato de su padre en 1999, quien desertó del Ejército colombiano para estar presente en la infancia de su hijo y fue asesinado por paramilitares cuando él tenía cuatro años. Años después, esa pérdida se convirtió en una exploración fotográfica sobre el peso de la ausencia paterna y sobre la red de mujeres cuidadoras que ha apoyado cada uno de sus pasos decisivos.   

«Las mujeres que retraté son mi familia. Entre todas han armado una red de apoyo que ha mantenido el hogar en pie. Si una tía tiene que trabajar, otra cuida a la hija. Si en una casa falta algo, en la otra no. Siempre tienen la puerta abierta para acogerse. Para mí era importante reconocer esa presencia. Quiero imprimir grande la foto de Valeria, la niña que juega detrás de la cortina, y colgarla en la sala de la casa de mi abuela, al lado del cuadro de Jesucristo: uno de los objetos más valiosos para mi familia», le dijo Ferley Ospina a Gaceta 

Ever Mercado
De la serie Manacillos: un regreso a la vida, de Ever Mercado.

Manacilos: un regreso a la vida Nombrar la ausencia abren un diálogo sobre la elaboración del duelo en las regiones de Colombia y revelan qué rituales, qué estrategias y qué formas de cuidado emergen cuando la ausencia pasa a ocupar el centro de la vida. 

Tanto en la serie de Ever Mercado como en la de Ferley Ospina, la fotografía no funge como testimonio del dolor, sino como una ofrenda. Ambos fotógrafos se ponen al lado de quienes, después de la muerte o la desaparición de sus familiares, siguen buscando cómo criar, reunirse, celebrar, cuidarse. La cámara no entra para extraer escenas lastimeras ni para arrancar compasión. Entra para honrar la manera en que la gente reorganiza su vida después de la ausencia.  

Eso se advierte en el modo en que fueron hechas esas fotos. Mercado fue a Juntas, aldea del río Yurumanguí, durante tres años. Regresaba con imágenes impresas tomadas con su celular y financiadas con sus propios ahorros. Montaba exposiciones que terminaban desarmadas porque cada espectador se llevaba la foto en la que aparecía. Cuando sus retratados le hacían saber que se sentían bien representados, entendía que podía seguir acercándose. No buscaba la autonomía creativa a cualquier costo, porque había en él otra necesidad: estar en paz con quienes fotografiaba. 

«Entendí que la fotografía es una forma de diálogo. El otro no es un objeto para retratar, sino un sujeto que participa y consensúa la imagen. Por eso mi propósito inicial no es publicar: es compartir con la comunidad. Y cuando uno comparte con alguien, también siente la necesidad de dar algo. En mi caso, dar es volver con las imágenes impresas para entregárselas. Ahí uno entiende que la fotografía ya no depende del instante decisivo, sino de la intimidad, de los momentos sinceros. Y esa sinceridad solo aparece cuando uno es capaz de quedarse, escuchar y, sobre todo, volver», explicó Ever Mercado.  

Después de observar y conversar con los pobladores, Mercado también entendió que estaba ante algo más que un rito de Semana Santa: una forma de convocar a la diáspora, una reafirmación del vínculo afectivo con el territorio, la señal de que habían vencido el temor a volver a reunirse tras la desaparición de dos de sus líderes, Edinson Valencia y Abencio Caicedo, el 28 de noviembre de 2021. Una victoria pequeña y ardua sobre el miedo. 

Ferley Ospina
World Press Photo 2026. Ferley A. Ospina.

Ferley Ospina, por su parte, buscó plasmar otra forma de recomposición: la que hubo en la casa de su tía en Los Patios, Norte de Santander, tras la ausencia paterna. En la serie aparecen madres, tías, hijas, primas y abuelas como hebras de una red que impide que el hogar se venga abajo. Recuperar los colores de la infancia, recorrer los espacios de la casa, volver una y otra vez: de ahí también nace la fuerza de estas imágenes. Mantienen unido algo —una rutina doméstica— que podría deshacerse.   

Las series producen un raro sosiego, aun cuando nacen de vivencias dolorosas. Eluden una tentación frecuente del fotoperiodismo —invadir en nombre de la conmoción inmediata, cazar postales del estallido— y adquieren fuerza, en cambio, al acercarse sutilmente a quienes no dejaron que la pérdida los acorralara. Nadie puede detener el tiempo, ni retrocederlo ni adelantarlo. Pero la fotografía sí puede fijar un instante y disputárselo, por un momento, a la muerte. 

Sería insuficiente leer la serie de Mercado como una «historia del Pacífico» y la de Ospina como una «historia de frontera». Ambas nacen de circunstancias locales, sí, pero abren preguntas de país: ¿cuándo una celebración ancestral deja de ser solo tradición y se convierte en un acto político, sobre todo cuando la guerra encierra a los pobladores en sus casas? ¿Qué papel han cumplido las mujeres cuidadoras en la reconstrucción del tejido social colombiano? ¿Cómo se reorganiza la vida cuando la muerte o la desaparición ocurren? Manacillos: un regreso a la vida y Nombrar la ausencia muestran que son las redes comunitarias y los cuidados cotidianos los que impiden que la ausencia tenga la última palabra. 

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