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Maradona y el periodismo

17 de julio de 2026 - 12:11 am
En una concentración de Argentina durante el Mundial de 1986, Maradona ideó un experimento tan simple como implacable: averiguar quiénes, entre los periodistas que lo rodeaban, amaban realmente el fútbol.
Diego Maradona fumando un habano en un barco frente a las costas de La Habana. La imagen fue tomada el 20 de mayo de 2005. En esa época, Maradona se encontraba en Cuba siguiendo un programa de rehabilitación.

Maradona y el periodismo

17 de julio de 2026
En una concentración de Argentina durante el Mundial de 1986, Maradona ideó un experimento tan simple como implacable: averiguar quiénes, entre los periodistas que lo rodeaban, amaban realmente el fútbol.

En México, durante el Mundial del 86, Maradona me ganó una apuesta. Después de los entrenamientos solíamos quedarnos sentados en el suelo a hablar un poco para pasar el tiempo, tiempo que durante las concentraciones no pasa nunca.

Las charlas no tenían nada de extraordinario. Lo único que rompía la monotonía era la presencia de los periodistas que nos esperaban (sobre todo a él). En esas, Diego dijo con desgana:

—Miralos.

—Son todos tuyos —le contesté por decir algo.

—A ninguno le gusta el fútbol —siguió.

Para alentar la conversación, elegí el otro lado del ring:

—Mentira, podemos discutir si saben o no, pero gustar le gusta a todos.

—¿Qué nos jugamos a que no?

—¿Y cómo hacemos para saberlo? —pregunté también.

Imaginó un método que me llamó la atención por su originalidad y creí aceptable como prueba casi científica. Se trataba de hacer caer un balón en medio del enjambre periodístico. Si lo devolvían con el pie, ganaba yo; si lo devolvían con la mano, ganaba él. Acepté la apuesta.

Diego se levantó despacio, agarró un balón y con esa precisión exagerada que tiene y que no sé por qué, pero siempre me provocó risa, lo depositó en el medio del grupo en cuestión. Hubo un alboroto como de hormiguero pateado, un forcejeo del que sacó ventaja el más decidido y después de dar tres o cuatro pasos rapiditos para dejar en claro quién había ganado el pleito, un hombre nos devolvió el balón con las dos manos, haciendo una especie de saque de banda.

Me defendí como pude:

—Pobre tipo, le dio vergüenza alcanzarla con el pie por ser vos Maradona.

 Pero Diego también tenía respuesta para eso:

—Si yo estoy en una fiesta en casa del Presidente de la Nación con un esmoquin y me llega una pelota embarrada, la paro con el pecho y la devuelvo como Dios manda.

Y Dios manda devolverla con el pie, supongo. Lo siento, periodistas, pero nunca más apuesto por ustedes. 

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