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Amira de la Rosa entre republicanos y fascistas

29 de mayo de 2026 - 12:05 am
A propósito de una carta de María Enciso a Gabriela Mistral, este artículo sigue las huellas de una intelectual republicana en Colombia: su llegada a Barranquilla, sus vínculos literarios y las tensiones políticas que dejó la Guerra Civil española a ambos lados del Atlántico.
Carta de María Enciso para Gabriela Mistral (1927).
Carta de María Enciso para Gabriela Mistral (1927).

Amira de la Rosa entre republicanos y fascistas

29 de mayo de 2026
A propósito de una carta de María Enciso a Gabriela Mistral, este artículo sigue las huellas de una intelectual republicana en Colombia: su llegada a Barranquilla, sus vínculos literarios y las tensiones políticas que dejó la Guerra Civil española a ambos lados del Atlántico.

Su nombre completo era María de las Dolores Pérez Enciso (1908–1949), aunque todos los libros que la escritora almeriense publicó los firmó como María Enciso, quizás para reivindicar el vínculo con su madre, que también se llamaba Dolores. Siempre estuvieron unidas: ni la distancia ni las penurias lograron cortar aquel lazo invisible. En Europa fugitiva, el libro que publicó en Barranquilla en 1941, la recuerda con estas palabras: «Fue, día tras día, una mujer joven con hijos alborotadores a su alrededor».

En 1923, Enciso ingresó en la Escuela de Maestras de Almería, pero al fallecer su padre en 1924 ya se encontraba en Barcelona, probablemente estudiando en la Facultad de Magisterio. Allí se acercó a los movimientos sindicales, participó en las luchas obreras y colaboró en publicaciones como La Companya. En la capital catalana se casó con Francisco del Olmo, de quien se separó hacia 1937. Con él tuvo una hija, Rosa del Olmo Pérez Enciso, a quien llevó consigo cuando, tras la Guerra Civil, partió primero a Francia y luego a América Latina.

Después de diversas peripecias, llegó a Puerto Colombia en 1941 y se estableció en Barranquilla. En una carta a la poeta chilena Gabriela Mistral (1889–1957), fechada el 11 de agosto de 1943 —que se reproduce más adelante—, menciona la cálida acogida que ha recibido y el hecho de que su nombre empieza a ser conocido gracias al periódico El Tiempo y a la Revista de las Indias. No menciona, en cambio, el quincenario Sábado, al que pronto comenzaría a contribuir, probablemente porque había sido fundado apenas un mes antes.

Cuando se presentó a Colombia —escribió Luis Eduardo Nieto Caballero en el prólogo de Raíz del viento, el segundo libro que publicó en el país—, María Enciso venía de un gran dolor […]. En sus ojos, cuya extraordinaria dulzura invitaba a que el paisaje fuese de igual modo, se reflejaba la desolación de las ciudades ametralladas y el pavor de los rostros desfigurados por la ansiedad, por la pena moral, por el hambre, por el espanto. En su alma, como en una hoguera, era llama la protesta. Su rostro conservaba la serenidad. Escribió Europa fugitiva, donde los hechos lúgubres, fielmente referidos en una prosa diáfana pero torturada, despertaban el horror por los hombres que así habían pecado contra Dios y contra la justicia, y explicaban esta despedida del solar familiar, de los recuerdos, del cariño de tantos seres esparcidos en la patria, para el éxodo hacia lo desconocido.

Ese desconocido, para su fortuna, fue Colombia. Digo fortuna porque no tardó en hacerse allá a la simpatía, luego a la admiración y por último al afecto profundo de cuantos se le acercaban. Sus condiciones ejemplares de mujer que llegaba a trabajar para los suyos, su talento de escritora, su inspiración de poetisa, la suavidad con que sabía hablar aun de aquello que la había herido y que la había alejado del caro suelo español —sabe Dios por cuánto tiempo—, le ganaron prontamente amistades entrañables.

Página 126: Carta de María Enciso para Gabriela Mistral (1927).

Por esta carta dirigida a Gabriela Mistral se sabe que Enciso había conocido a la poeta chilena en 1927. Desde entonces mantuvieron correspondencia, pese a las vicisitudes de ambas vidas.

La referencia despectiva a la poeta barranquillera Amira de la Rosa (1895–1974) no puede desligarse de un episodio hoy casi olvidado, pero que en su momento generó una gran controversia. En septiembre de 1937, el poeta español Ginés de Albareda (1908–1986) llegó a Barranquilla como enviado franquista no oficial para difundir propaganda pronacionalista. De inmediato se convirtió en una figura de referencia para amplios sectores de derecha de la ciudad, que lo veían como la encarnación de los lazos entre el conservadurismo colombiano y la España tradicional.

Antes incluso de que Albareda pusiera un pie en el país, la Cámara de Representantes — de mayoría liberal— había aprobado una moción declarándolo «persona non grata», pues representaba a un régimen no reconocido por el gobierno nacional. Aun así, un número significativo de españoles y de miembros de la sociedad barranquillera ignoró la censura y acudió a recibirlo con música y cohetes a su llegada a Puerto Colombia. Ese mismo día, un grupo de liberales se concentró en la Plaza Bolívar para protestar por la presencia de un representante franquista en la ciudad.

Que Amira de la Rosa alojara a Ginés de Albareda seguramente la condenó ante los ojos de María Enciso. Eran tiempos de alineamientos férreos y sospechas recíprocas, cuando un simple gesto de hospitalidad podía interpretarse como una toma de partido y cualquier afinidad —real o supuesta— adquiría un peso político desproporcionado. Al igual que en tantas otras partes, la Guerra Civil española se vivió en Colombia casi como una contienda propia y dividió en bandos irreconciliables a quienes simpatizaban con la España leal y quienes apoyaban a la sublevada.

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