ETAPA 3 | Televisión

La lucha contra el olvido de Arnoldo Palacios

19 de marzo de 2025 - 12:56 pm
La editorial Seix Barral rescata La selva y la lluvia, una novela del escritor chocoano Arnoldo Palacios, publicada originalmente en 1958, que no solo retrata el Chocó de la Violencia bipartidista, sino que también reflexiona sobre el racismo estructural del que todavía no escapa la sociedad colombiana setenta años después.
El escritor Arnoldo Palacios (Cértegui, Chocó, 1924 - Bogotá, 2015). Foto del archivo de Fermín Mosquera, tomada de la página de la Radio Nacional de Colombia.
El escritor Arnoldo Palacios (Cértegui, Chocó, 1924 – Bogotá, 2015). Foto del archivo de Fermín Mosquera, tomada de la página de la Radio Nacional de Colombia.

La lucha contra el olvido de Arnoldo Palacios

19 de marzo de 2025
La editorial Seix Barral rescata La selva y la lluvia, una novela del escritor chocoano Arnoldo Palacios, publicada originalmente en 1958, que no solo retrata el Chocó de la Violencia bipartidista, sino que también reflexiona sobre el racismo estructural del que todavía no escapa la sociedad colombiana setenta años después.

Cuatro años después de la muerte de Arnoldo Palacios, la editorial Seix Barral publicó, en 2019, la reedición de sus memorias Buscando mi madredediós y, al año siguiente, hizo lo mismo con Las estrellas son negras. Todo indicaba que pronto habría una nueva edición de La selva y la lluvia, novela que completa la trilogía de las obras mayores de este celebrado escritor chocoano. Pasaron uno, dos, tres años. Como en una especie de hechizo eterno, parecía que la novela volvería a atravesar dificultades para ver la luz, tal y como había sucedido hace casi setenta años, cuando por la coyuntura política del país, Palacios viajó a las tierras de la URSS para que su creación fuera publicada bajo el sello de la Editorial Progreso. Pero en febrero de este año, la espera terminó y recibimos una buena noticia cuando Seix Barral lanzó una nueva edición de La selva y la lluvia.

Esta novela, publicada originalmente en 1958, encierra la mística de un tesoro perdido en el tiempo y en los anaqueles de bibliotecas públicas y privadas, buscado incansablemente, incluso por el mismo autor: «El libro se agotó pero cultivó un raro silencio y aún debe andar rodando por doquier», contó Palacios. «Alguien comentó haberlo visto en los anaqueles de la Biblioteca Central en Washington. Lo busqué allí y no lo encontré».

La selva y la lluvia apareció en un lugar propicio para que el olvido no terminara imponiéndose: en la biblioteca de Germán Arciniegas. Entre los miles de libros que el ensayista, diplomático y político bogotano donó a la Biblioteca Nacional de Colombia se encontraba un ejemplar que Palacios le había regalado en un encuentro que tuvieron en Varsovia, en 1959. En 2010, de esa copia se hizo una edición que se agotó rápidamente, pero que volvió a entrar en un «raro silencio».

Este olvido y silencio tienen múltiples explicaciones. Aunque su primera novela, Las estrellas son negras (1949), tuvo un buen recibimiento entre un grupo de intelectuales, las visiones políticas de Palacios y su origen racial marcaron el destino de su reconocimiento literario en el país. Al igual que muchos de sus pares afrocolombianos, su exclusión del canon literario colombiano obedeció a una doble estigmatización: por un lado, su declarada identificación con las ideas de izquierda le pasaron factura en el mundo bipolar que surgió al calor de la Guerra Fría;  y, por el otro, ser un escritor negro en una sociedad que, producto del racismo, se resistía a la ampliación e innovación del campo literario propuesto por varios escritores afrocolombianos desde los años treinta.

Aunque su primera novela, Las estrellas son negras (1949), tuvo un buen recibimiento entre un grupo de intelectuales, las visiones políticas de Palacios y su origen racial marcaron el destino de su reconocimiento literario en el país.

La selva y la lluvia, de Arnoldo Palacios, fue originalmente publicada en 1958, y republicada por Seix Barral en el 2025.
La selva y la lluvia, de Arnoldo Palacios, fue originalmente publicada en 1958, y republicada por Seix Barral en el 2025.

Arnoldo Palacios innova en varios temas en La selva y la lluvia. Aun siendo una novela que relata la vida rural del olvidado Chocó en la primera mitad del siglo XX, se aleja de los modelos costumbristas y de la exaltación del mundo campesino tan populares en la escena literaria colombiana de la época. La descripción de la Bogotá de 1948, de su modernización, de la migración y del miedo de la «alta sociedad» frente a los «provincianos» «vulgares» que «no tienen buenos modales», acerca a La selva y la lluvia a la novela urbana, pero con una visión más amplia: la de entrecruzar la mirada de un migrante en la urbe con las voces de aquellas regiones alejadas del centro político.

Innovador también es el análisis alternativo que Palacios hace del Bogotazo y de la violencia de mediados del siglo XX, al insertarlos en un contexto de convulsión social, explotación económica y luchas obreras. De allí surge esa ingeniosa concatenación literaria entre la persecución de los conservadores contra los liberales y el asesinato de Gaitán con las huelgas de los tranviarios en Bogotá y de los mineros de Andogoya en Chocó. Esta perspectiva aleja a La selva y la lluvia de un simple relato de denuncia del racismo y el abandono estatal del Chocó. Palacios construye un relato complejo de la Violencia, polifónico y contado desde distintas geografías, en el que da entender que bajo el odio político entre conservadores y liberales subrayase un malestar social por la explotación y la discriminación.

El racismo juega un papel fundamental en la novela. Y aquí volvemos a encontrar la experticia de Palacios, que va más allá de la denuncia de situaciones discriminatorias protagonizadas por una élite blanca, andina o extranjera contra la población afro o indígena, y se propone mostrar al racismo como una ideología que permea todos los espacios de la sociedad colombiana, incluso el de las relaciones al interior de la clase alta. Esta situación es narrada magistralmente en la escena cuando Pepe, el hijo menor del doctor Jiménez, se siente discriminado por haber nacido con apariencia indígena:

«Sentóse en el césped del jardín del colegio, bajo un pino, y empezó a enjugar unos lagrimones que le brotaban de algo que se había roto violentamente en su propio ser; algo que antes no tuvo el coraje de afrontar, quizá por ser muy niño e impotente. “Leonor es bonita, casi rubia; la llaman la ‘mona’. Alberto es alto, fornido, de ojos azules, se dijera hijo de un inglés. Yo fui el único que salí ‘negro’, con pelo indio, como mi abuela. El ‘negro’ me han llamado cariñosamente”. Ahora notaba cómo se sentían engreídos los hermanos cuando se les apellidaba comúnmente, el mono Alberto, la mona Leonor».

En ese análisis complejo del racismo, Palacios, a través del minero Baltasar «Caimacán» Mosquera, también cuestiona el significado de libertad para los sujetos racializados. En un aparte de la novela, la reflexión sobre ese tema aparece en boca de Caimacán: «He sido…, hemos sido un fracaso… Colombia entera hasta hoy había sido un fracaso frente a sus hijos… Si bien se le concedió la libertad al negro, eso había sido un espectro de la libertad parido sobre las mantillas de la ignorancia y la miseria… ¿En qué habíamos venido a parar hoy todos nosotros? Ni más ni menos que en la esclavitud moderna para el negro, para el indio, para las masas… Cada cual lleva en este país su boleta de encarcelación, su sentencia de muerte…». Esta referencia puede parecer un detalle menor, sin embargo, da cuenta de cómo, para mediados del siglo XX, los incipientes círculos intelectuales afrocolombianos, comenzaban a analizar críticamente lo que había representado la abolición de la esclavitud en una sociedad que mantenía un racismo estructural.

El enfoque complejo e innovador sobre fenómenos sociales de la primera mitad del siglo XX, así como de cuestiones filosóficas e ideológicas, hace de La selva y la lluvia una novela que mantiene su actualidad, pese a haber sido publicada hace casi setenta años. Este libro, cuya apuesta estético-política venció el peso del olvido, no es solo un relato de cómo era el Choco de los años de la Violencia bipartidista, sino también una reflexión muy actual sobre el racismo estructural del que aún no escapa la sociedad colombiana.

El racismo juega un papel fundamental en la novela. Y aquí volvemos a encontrar la experticia de Palacios, que va más allá de la denuncia de situaciones discriminatorias protagonizadas por una élite blanca, andina o extranjera contra la población afro o indígena, y se propone mostrar al racismo como una ideología que permea todos los espacios de la sociedad colombiana, incluso el de las relaciones al interior de la clase alta.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

14 de diciembre de 2025
En en el marco del Encuentro por las Memorias, la Dignidad y la Esperanza, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos, el editor web de Gaceta Santiago Cembrano conversa con Manuel Levin, confundador y director de contenidos de Canal Red y miembro del programa La Base, sobre la memoria, el periodismo y los medios como campos de disputa, la batalla cultural por la hegemonía y los lenguajes de masas del siglo XXI. Imagen de portada por Jesús Abad Colorado.

Array

14 de diciembre de 2025
La idea de sacar a las películas del mundo del cine, y devolverlas a los espectadores, guía una selección de hechos significativos del cine en Colombia durante este año. ¿Y si, frente a los expertos que estandarizan las películas y el gusto, disponemos los ojos para la anomalía?

Array

13 de diciembre de 2025
Octavia Montaño es la primera vichera con registro INVIMA. También hace parte de un linaje de mujeres que han cuidado la vida con caña y hierbas, y que hoy reivindican la memoria y la resistencia para superar el fetiche afrodisíaco que cubre al viche.

Array

12 de diciembre de 2025
Con la muerte de Jorge Martínez, alma del grupo de punk rock Ilegales, parece apagarse una ética creativa: la del artista que elige el dolor de la exigencia sobre el confort de la mediocridad y del brillo fácil. Su vida recuerda que la obra que perdura exige un costo que pocos están dispuestos a asumir. «Mejor es morir por atrevido que por cobarde», solía decir.

Array

11 de diciembre de 2025
A mediados del siglo XX, cuando el fotoperiodismo colombiano era un territorio casi exclusivo de hombres, una mujer nariñense recorría montañas, plazas y salones oficiales con una cámara al hombro y la convicción de la fotografía como oficio total.

Array

10 de diciembre de 2025
Un viaje sonoro a través de las canciones insignes de las diferentes expresiones de la cumbia colombiana, narrado por Don Alirio.

Array

10 de diciembre de 2025
El 47 Salón Nacional de Artistas se convirtió en escenario de una vieja batalla entre Lamistas y élites del Cauca. Ante la estatua caída de León Valencia hay una pregunta que revive: ¿quién decide qué merece ser monumento y qué debe ser arte?

Array

9 de diciembre de 2025
La figura del consumidor de drogas, moldeada por discursos médicos, políticos y mediáticos, ha pasado de ser un cuerpo enfermo a un enemigo social. El estigma, sostenido por el miedo y la moral, ha convertido el consumo en un tipo de exclusión y en una forma silenciosa de violencia.

Array

7 de diciembre de 2025
Luego de que el director de El Espectador Fidel Cano se disculpara por las notas con información falsa fabricada por IA que había publicado un practicante, Pedro Adrián Zuluaga conversa con el editor web de Gaceta Santiago Cembrano sobre la ausencia de editores en el periodismo colombiano, los protocolos frente a la IA en universidades y medios, y dónde está el optimismo en esta situación.