ETAPA 3 | Televisión

Un día en el Betsknaté: el Día Grande de los indígenas Kamëntsá

9 de noviembre de 2024 - 11:58 pm
La mezcla entre tradiciones indígenas y creencias católicas marca la festividad más emblemática de esta comunidad milenaria en el Valle de Sibundoy: una celebración de su identidad y sus ancestros que se extiende hasta el amanecer.
El matachín, un hombre con máscara roja, hace sonar una campana con la que invita a la comunidad a unirse a la fiesta y lidera el desfile inicial. Detrás van los indígenas con sus trajes, gorros, collares e instrumentos musicales. / Jonathan Chinchilla- Museo Colonial

Un día en el Betsknaté: el Día Grande de los indígenas Kamëntsá

9 de noviembre de 2024
La mezcla entre tradiciones indígenas y creencias católicas marca la festividad más emblemática de esta comunidad milenaria en el Valle de Sibundoy: una celebración de su identidad y sus ancestros que se extiende hasta el amanecer.

El camino que lleva de la vereda del Sagrado Corazón de Jesús al municipio de Sibundoy, en Putumayo, tiene 2,5 kilómetros. Es una vía destapada (en la mayor parte de su tramo) que recorre casas, algunas tiendas, pequeñas fincas, matorrales, terrenos desocupados y, una vez entra al pueblo, termina en una subida que llega a la plaza principal y a la Catedral. Transitan personas a pie, motos y unos pocos carros o taxis, como cualquier otra carretera rural de Colombia.

Pero el ambiente es distinto este lunes 12 de febrero. De los caminos secundarios que cruzan la vía y de las casas que se alcanzan a ver a lo lejos, salen grupos de indígenas con sus sayos y trajes de distintos colores (rojo, verde, azul, amarillo y blanco), sus sombreros y gorros ceremoniales, sus collares y sus instrumentos musicales. Una algarabía de tambores, flautas traversas, sonajeros, cuernos y dulzainas, mezclados con algunos gritos de alegría, reemplaza el sonido de los pájaros, habitual en la mañana. Y junto a las motos y los caminantes ocasionales, aparecen personas con máscaras y banderas.

En el centro de todos, frente a la capilla de la vereda del Sagrado Corazón, varias mujeres indígenas y algunos niños escoltan una imagen de la Virgen de las Lajas, adornada con flores y cintas de colores. A su alrededor, las personas bailan, saludan y abrazan. Algunos toman pétalos de flores y los ponen en la cabeza de sus interlocutores. Se ven varios visitantes del resto del país y muchos extranjeros.

En un momento, música, bulla y baile se convierten en una procesión organizada de unas 200 personas hacia Sibundoy. Una que crece con cada grupo de indígenas que aparece en los cruces de caminos o en las puertas de las casas.

Es el Betsknaté, la celebración más importante para los indígenas Kamëntsá —un pueblo milenario asentado en el Valle del Sibundoy—, una especie de carnaval con el que reciben su nuevo año, agradecen por lo recibido en el ciclo anterior, comparten con sus familias, vecinos, amigos y celebran la memoria de la comunidad y de sus ancestros. Una expresión cultural que desde el 2013 hace parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional, con plan de salvaguarda.

La memoria milenaria  

Al frente de la procesión, justo detrás del matachín —un hombre con máscara roja que hace sonar una campana con la que invita a la comunidad a unirse a la fiesta—, van algunos de los personajes más reconocidos de la comunidad. Entre ellos está doña Emerenciana Chiqunque de Jamioy, mujer de baja estatura, manos anchas y ojos que parecen mirar hasta el fondo del alma de quien le habla. Mamá Emerenciana (como le dicen los otros indígenas) es una artesana que ha mantenido vivas las enseñanzas ancestrales de esta comunidad.  

El Betsknaté es una mezcla de ritos y tradiciones ancestrales de los indígenas con elementos católicos que llegaron en la colonización. Aquí se puede ver cómo en el centro de la procesión, cuatro mujeres indígenas llevan la imagen de la Virgen de las Lajas. / Jonathan Chinchilla- Museo Colonial

«En el Betsknaté reunimos toda la memoria, el fervor y el origen de lo que somos como pueblo Kamëntsá», dice, luego de tomarse una pausa inicial para responder. Y empieza a explicar cómo, aunque no tienen una fecha estimada de su llegada al mundo, los Kamëntsás son el fruto de personas que hace «miles y miles de años» pensaron en dejar algo para el futuro y para quienes venían después.

Sembraban los alimentos, los árboles maderables o las plantas medicinales y cuidaban a los animales previendo siempre que no faltara nada para las celebraciones que se avecinaban en el año, para cuando nacieran o crecieran sus hijos e incluso para sus nietos. Y esa enseñanza la dejaron de generación en generación.

En su casa, hecha de ladrillo en plena vereda del Sagrado Corazón, Emerenciana tiene una chagra (un jajañ para los Kamëntsá) en donde siembra algunas de las plantas que le enseñaron su mamá y su abuela. También una sala de madera con una tulpa —el fogón en donde comparten sabiduría, rituales y alimentos con su familia— frente a la cual suele sentarse a tejer y armar los collares, fajas y manillas que vende con su familia en un emprendimiento llamado Taller Artesanal Madre Tierra.

Para los días del Betsknaté, cuando muchos Kamëntsás vuelven al Valle del Sibundoy desde diferentes lugares del país para visitar a sus familias (es también un festival del retorno o del reencuentro), varios se reúnen frente a ella, para escuchar sus consejos y palabras.  

«Eso es lo que nosotros somos y esta celebración nos permite recordar y celebrar eso, honrarnos entre nosotros, desearnos un feliz año y prometernos que el mañana será mejor. Estamos venerando a la madre tierra, estamos agradeciendo a todo el universo la memoria que dejaron los abuelos y tatarabuelos que nunca conocimos», explica Emerenciana. 
 

Kamëntsá
Durante todo el día los Kamëntsá bailan, tocan instrumentos, toman chicha, comen y celebran en las calles del pueblo. La idea es compartir con la comunidad. / Jonathan Chinchilla- Museo Colonial

Una historia de acuerdos  

La procesión llega a Sibundoy a medio día, convertida en un río de colores, música, tambores y baile con más de 500 personas. Es un espectáculo que muchos siguen desde las ventanas o los balcones de sus casas. Pero el momento más poderoso es cuando ese río de gente entra, junto con la Virgen de las Lajas, a la Catedral San Pablo Apóstol.

La iglesia, siempre en silencio, retumba con el sonido de los tambores, con la música y con la algarabía. Y aunque el Betsknaté (Día Grande en Katmënsá) es una celebración que mezcla tradiciones ancestrales de la comunidad con elementos que dejó la colonización española, como la Virgen de las Lajas y la propia misa en medio de las celebraciones, es inevitable pensar que el entrar así a una iglesia es una forma de resistencia, de decir «aquí estamos, aquí seguimos».

Para el Taita Santos Jamioy, exgobernador del resguardo y uno de los responsables de que esta celebración haga parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional y tenga un plan de salvaguarda, no es más que una muestra de todos los acuerdos que tuvo que hacer la comunidad Kamëntsá para mantener vivas parte de sus tradiciones.

De hecho, se dice que el Betsknaté tenía otra fecha e incluso duraba varios días, pero la Iglesia Católica, preocupada por el desorden, accedió a permitir la fiesta a cambio de que la limitaran a un solo día, incluyeran símbolos católicos y la hicieran siempre el lunes antes del Miércoles de Ceniza.

«Hoy hay algunos sacerdotes que comparten y se identifican con nosotros», explica el taita Santos, un hombre de cejas grandes, pelo largo recogido en cola y gafas que hacen ver sus ojos más pequeños de lo que son.
 

«Yo incluso —dice Santos— he tenido la oportunidad de compartir con el señor Obispo y lo he visto tomar de nuestra chicha, y eso para mí ha sido muy importante: no porque queramos igualarnos, sino simplemente porque es una forma de reconocer que también existimos, somos importantes y estamos aquí».

La misa, de hecho, es todo un ejercicio de integración que ha perdurado por cientos de años. Algunas oraciones y cantos (como el Padre Nuestro) son en lengua ancestral y en un momento de la ceremonia, el sacerdote bendice los bastones de mando de los diferentes miembros del cabildo. Además, el propio gobernador del resguardo habla y da un mensaje a la comunidad.

Una mezcla que no solo se ve en esa ceremonia, sino casi todo el tiempo. Al lado de la tulpa de Emerenciana Chindoy, por ejemplo, hay un crucifijo y una imagen de la Virgen María. Y cuando van a hacer algún ritual de armonización, los indígenas suelen saludar a «Dios todo poderoso, la Santísima Virgen y al espíritu de la naturaleza que nos da la posibilidad de estar reunidos alrededor del abuelo fuego». 

Un ejemplo de convivencia y reconciliación  

En Putumayo, al Betsknaté no solo lo conocen como el Día Grande del pueblo Kamëntsá, sino también como la fiesta del perdón y la reconciliación. El Taita Santos dice que es un nombre que le ha dado el pueblo no indígena más que la propia comunidad, pero lo cierto es que detrás de toda la fiesta sí hay un concepto de armonizar las relaciones sociales y restablecer el equilibrio alterado por los conflictos, que promueve espacios de reconciliación con la naturaleza, los espíritus, la familia, los demás miembros de la comunidad e incluso con las personas que no pertenecen a la misma.

Juan Carlos Muchavisoy, alguacil mayor del resguardo el año pasado, ya había dicho en una entrevista para el Ministerio de las Culturas, que esta celebración era «una gran posibilidad de reencontrarnos, de reconciliarnos, de celebrar la vida, precisamente, de tomarse un momento y de compartir», bajo el «pensamiento colectivo y de familia de nuestra comunidad».

La celebración, de hecho, está llena de esos detalles colectivos: los Kamëntsás no solo se abrazan, buscan consejos de los mayores y piden perdón cuando hay asuntos pendientes, sino que ese día, luego de la misa, viven una verdadera experiencia colectiva: bailan y celebran en la plaza principal del pueblo, en la sede del cabildo, en las calles y en sus casas, y, mientras tanto, comparten chicha y comida (carne de res, huevo, mote de maíz, ají o gallina) con vecinos, amigos, conocidos e incluso desconocidos. Hay tanta comida que, incluso, entregan una bolsa para guardar el avío, o lo que sobra para comer después.

El Betsknaté tiene su sonido particular: una mezcla de tambores, flautas traversas, sonajeros, cuernos, capadores, dulzainas y algunos gritos ocasionales de alegría. / Jonathan Chinchilla- Museo Colonial.

La fiesta se ha popularizado tanto que, en las calles de Sibundoy, así como de su vecino municipio de San Francisco, se pueden ver ingleses, holandeses y estadounidenses que terminan mezclados con la comunidad, tocando capadores o dulzainas, tomando chicha y vestidos con los trajes coloridos de los indígenas.

La fiesta normalmente se extiende hasta la madrugada e, incluso, continúa al día siguiente, martes, en otros municipios como Santiago y Colón. En este caso es liderada por la comunidad Inga, que llama a su Día Grande el Atun Puncha. Ambas celebraciones, aunque distintas, comparten su filosofía y tienen muchos vasos comunicantes. Y es que, para los indígenas, más que una fiesta colorida y una oportunidad para bailar, comer y celebrar esta expresión cultural es parte de lo que son, un motivo de satisfacción y la oportunidad de abrazar su cultura y sus tradiciones.

Lo tienen tan claro, que los Kamëntsá se pusieron una nueva meta: quieren hacer el proceso para que el Betsknaté sea Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como ya ocurrió con el Carnaval de Barranquilla y el Carnaval de Negros y Blancos, de Pasto. Lo ven como una oportunidad de proteger aún más su fiesta, sus tradiciones y sus conocimientos ancestrales. Como un camino para asegurar que las nuevas generaciones sigan sintiendo orgullo por lo que los hace únicos. 

*Esta nota fue publicada originalmente en la página de divulgación del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes 

CONTENIDO RELACIONADO

Array

10 de julio de 2026
Entre el 4 y el 8 de junio de 2026, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes celebró en Bogotá el festival Lo Sagrado Universal, un encuentro de artistas e investigadores de distintas tradiciones que, a través del cuerpo, el sonido, el espacio y ciertas formas de la acción compartida, exploró los vínculos del ser humano con aquello que lo desborda y, al mismo tiempo, lo congrega. Este especial nace de esa experiencia, pero también de la pregunta que la sostiene: si, como pensó Max Weber, la modernidad desencantó el mundo, ¿qué significa que lo sagrado vuelva hoy a reclamar un lugar entre nosotros? ¿Se trata de un regreso, de una metamorfosis o de la persistencia —más secreta, más dispersa, pero no menos activa— de algo que, en realidad, nunca terminó de irse del todo?

Array

9 de julio de 2026
¿Qué revela un Mundial sobre los países que lo disputan? Este recorrido personal se adentra en la historia y la mitología del fútbol para abrir una ventana hacia ficciones nacionales, viejos conflictos y preguntas sobre quiénes somos.

Array

6 de julio de 2026
Algoritmos de ficción, subidas y bajadas en las cotizaciones de la bolsa de acciones y valores de Wall Street, cotizaciones de la bolsa de granos en Chicago, precios de las materias primas (commodities), derivados de esas cotizaciones que dependen de las fluctuaciones de la oferta y la demanda, confianza o desconfianza en el mercado, vaivenes de la economía china, más algoritmos en una pantalla que despiertan gritos, sonrisas y llantos: un circo de capital ficticio, el casino financiero que define la suerte y el destino de miles de millones de humanos que ignoran su existencia.

Array

5 de julio de 2026
En su nuevo álbum noquieroquemequieras, la cantautora bogotana Paula Pera y el fin de los Tiempos habla sobre el amor, el desamor y las emociones revueltas de toda una generación. El editor web de Gaceta, Santiago Cembrano, conversa con Paula sobre el repertorio sentimental de noquieroquemequieras, cómo narra los corazones rotos de sus amigas y la nostalgia como un lugar de encuentro.

Array

3 de julio de 2026
En el Caribe, el chisme es agua de vida. Bembeo, correveydile, radiobemba, cháchara, murmuración, cuento, bochinche, chismosería… dígasele como se le diga, hablar de la vida de los otros es una actividad apetecida que requiere información siempre fresca.

Array

2 de julio de 2026
En su primera encíclica, el papa León XIV contrapone dos formas de construcción en el mundo: por un lado, la torre de Babel, que, como la inteligencia artificial, aspira a superar lo humano; por el otro, la Jerusalén rehecha, donde los límites, la dignidad y la vocación del encuentro abren el camino de la magnificencia humana.

Array

1 de julio de 2026
El meme, esa prueba ácida y muestra del más elevado ingenio humano, analista de la actualidad en todos los niveles posibles, compañero inseparable, primer y último recurso ante el aburrimiento, subproducto bastardo de las tecnologías de la información, reclama su árbol genealógico.

Array

30 de junio de 2026
En esta vereda del Oriente de Antioquia no hay una sola tienda, ni una cantina, ni un restaurante, ni tampoco transporte público. La señal del celular es intermitente y el alumbrado llegó con más de cien años de retraso. ¿Es posible vivir sin la posibilidad de saber del mundo?

Array

26 de junio de 2026
Durante décadas, la historia cultural latinoamericana —y en particular la historia queer— se ha contado como una serie de ausencias o imitaciones: movimientos que parecen emular a los de Europa o Estados Unidos, tradiciones que no dejan rastro, archivos que reposan en lugares inaccesibles. Pero a veces basta reunir papeles dispersos para que ese relato cambie. Pedro Felipe Hinestrosa, uno de los responsables del Archivo Arkhé, que cumple diez años, reflexiona sobre la tarea de rescatar y organizar una tradición largamente dispersa.

Array

24 de junio de 2026
A mediados del siglo XIX, cuando el deseo entre hombres era castigado por la ley y condenado por la ciencia y la moral, un jurista alemán decidió intervenir en ese terreno hostil con una idea audaz: explicar esa diferencia no como crimen ni como vicio, sino como una forma legítima de la naturaleza humana. ¿Quién era ese abogado que se atrevió a desafiar las categorías jurídicas y morales de su tiempo, y qué lugar ocupa hoy en la historia de las luchas por la libertad sexual?