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Un hogar para la memoria queer

1 de abril de 2026 - 12:21 am
Durante décadas, la historia cultural latinoamericana —y en particular la historia queer— se ha contado como una serie de ausencias o imitaciones: movimientos que parecen emular a los de Europa o Estados Unidos, tradiciones que no dejan rastro, archivos que reposan en lugares inaccesibles. Pero a veces basta reunir papeles dispersos para que ese relato cambie. Pedro Felipe Hinestrosa, uno de los responsables del Archivo Arkhé, que cumple diez años, reflexiona sobre la tarea de rescatar y organizar una tradición largamente dispersa.
Archivo Arkhé
Pedro Felipe Hinestrosa y Halim Badawi, investigadores y fundadores del Archivo Arkhé (Madrid, 2025). Foto de Camilo Rozo.

Un hogar para la memoria queer

1 de abril de 2026
Durante décadas, la historia cultural latinoamericana —y en particular la historia queer— se ha contado como una serie de ausencias o imitaciones: movimientos que parecen emular a los de Europa o Estados Unidos, tradiciones que no dejan rastro, archivos que reposan en lugares inaccesibles. Pero a veces basta reunir papeles dispersos para que ese relato cambie. Pedro Felipe Hinestrosa, uno de los responsables del Archivo Arkhé, que cumple diez años, reflexiona sobre la tarea de rescatar y organizar una tradición largamente dispersa.

Durante años, los críticos de arte colombianos repitieron casi como un mantra la imagen que Marta Traba había difundido: la de un país encerrado en sí mismo, provinciano, impermeable a las corrientes estéticas del siglo xx. Era una imagen eficaz en su pesimismo, y por eso cómoda: con un solo trazo explicaba la supuesta distancia entre Colombia y las vanguardias artísticas y sociales, como si aquí todo hubiera transcurrido en cámara lenta, al margen de las rupturas culturales del mundo.

Pero basta hurgar en papeles viejos para que ese relato empiece a desmoronarse. En revistas de vida fugaz, en cartas enviadas a direcciones hoy irreconocibles, en cuadernos mimeografiados en tirajes mínimos y en manifiestos escritos a máquina por manos anónimas, el paisaje cambia. Lo que aparece no es una isla, sino una red fina, casi subterránea, de conexiones inesperadas: jóvenes que pedían ejemplares al otro lado del océano; activistas que traducían consignas estéticas a su propio contexto; poetas que seguían debates europeos desde la trastienda de una librería. Vista de cerca, la desconexión no era tal: lo que faltaba era archivo, es decir, una memoria organizada que permitiera trazar esas líneas de continuidad con las vanguardias.

Esa intuición —la de que la historia cultural del país necesitaba ser releída a la luz de sus materiales dispersos— la tuvieron, hace más de treinta años, el curador Halim Badawi en Barranquilla y el abogado financiero Pedro Felipe Hinestrosa en Pasto. Ambos comenzaron a reunir obras, libros y documentos para rescatar figuras que permanecían sepultadas en la desmemoria y, al hacerlo, pusieron en duda muchos de los lugares comunes con los que todos fuimos educados.

Tras conocerse y convertirse en pareja, esos intereses desembocaron en la creación de un archivo en 2016 cuyas primeras dimensiones revelaron otra forma de silencio: en bibliotecas y museos de Hispanoamérica, la memoria LGTBIQ+ apenas tenía espacio. Con recursos propios y sin respaldo institucional, se propusieron conformar un fondo que ampliara el horizonte cultural que creíamos conocer y que, además, enlazara esas voces marginadas con las vanguardias a las que tantas veces se las ha negado.

Así nació el Archivo Arkhé —entonces con unos 30.000 objetos entre libros, revistas, panfletos, fotografías y obras de arte— en el barrio San Felipe de Bogotá. No era la colección privada de dos mecenas excéntricos, sino un acervo abierto a activistas, investigadores, estudiantes y curiosos. Cuatro años después, en plena pandemia, Badawi e Hinestrosa se trasladaron a Madrid y mudaron el archivo a un local de Lavapiés, a pocas cuadras del Museo Reina Sofía. Hoy, una década después de su nacimiento, Arkhé supera los 100.000 objetos y mantiene un diálogo constante con colectivos independientes, instituciones y proyectos editoriales y curatoriales de España, Estados Unidos y varios países de América Latina.

El contraste es elocuente: pasó de ser una iniciativa autogestionada que interpelaba el vacío institucional a convertirse en un archivo reconocido, con una presencia internacional que confirma —en la práctica, no en la teoría— que la historia de las vanguardias y sus márgenes solo puede entenderse allí donde existe, por fin, archivo.

Travestis bogotanos
Travestis bogotanos de los años setenta. Foto del Archivo Arkhé.

—En una entrevista sobre el Archivo Arkhé, usted recordó que su interés por la historia tenía raíces familiares: «mi abuelo era historiador, como lo había sido también su padre». ¿Cómo influyó en su formación su abuelo Emiliano Díaz del Castillo? Lo pregunto no solo por el peso de su obra —desde sus estudios sobre el cabildo de San Juan de Pasto en el siglo XVI hasta sus investigaciones sobre la familia Gutiérrez de Caviedes—, sino por proyectos decisivos, como haber localizado los restos del caudillo mestizo Agustín Agualongo y trasladarlos a Pasto.

—Empezaré diciendo que soy el mayor de los nietos de Emiliano, con lo cual inauguré la siguiente generación. Mi abuelo fue un ícono para mí: lo admiraba por su inteligencia y su elegancia. Era un <i>lord</i> en todo el sentido de la palabra. Él despertó en mí un interés por la historia y por la documentación que la preserva. Con el tiempo, ese interés recorrió un itinerario político opuesto al suyo, pues Arkhé es un archivo vanguardista y eminentemente decolonial.

Pero esta historia familiar tiene una deriva que quizá no conozcas. Podríamos llamarla: «Cómo, quinientos años después, el sobrino pastuso de Santa Teresa de Ávila regresó a España con su marido para convertirse en archivista de la historia marica».

Esa deriva surgió, precisamente, del archivo de mi abuelo Emiliano. Te explico: Santa Teresa de Ávila —conocida popularmente como la mística rebelde del Siglo de Oro español— tuvo siete hermanos, y todos vinieron a América en el siglo XVI. Uno de ellos fue don Hernando de Cepeda y Ahumada, uno de los fundadores de la ciudad de Pasto.

Por otra parte, la santa de la Iglesia católica era nieta de un judío. En 2015 el Estado español decidió conceder la nacionalidad a quienes pudieran demostrar que eran descendientes de judíos sefardíes expulsados de España en 1492. Gracias a la labor de mi abuelo y a sus estudios genealógicos, yo pude demostrar que era descendiente directo de don Hernando de Cepeda y Ahumada, hermano de la santa. Con esa documentación obtuve la nacionalidad española, lo que facilitó nuestro traslado a Madrid.

—La labor de su abuelo como coleccionista también fue notable: reunió un archivo histórico de cerca de 14.000 manuscritos y cientos de ejemplares de prensa e impresos americanos, hoy resguardados en la Biblioteca Luis Ángel Arango. ¿Recuerda algún documento que, en esos años, lo hubiera sorprendido de manera particular, quizá hasta el punto de despertar en usted el deseo de coleccionar?

—Sí, me acuerdo en particular de un diario escrito por un soldado pastuso —es decir, por un soldado de las milicias de Pasto— durante los terribles acontecimientos de la guerra de independencia. En ese diario, el soldado describe lo ocurrido el 24 de diciembre de 1822, cuando los ejércitos de Sucre, en plena Navidad, saquearon y devastaron la ciudad de Pasto. Relata la destrucción, el ingreso de las tropas a las iglesias y, en general, los horrores de esa guerra contra la ciudad. Ese documento me hizo comprender que la historia se esconde en recovecos y en pequeños fragmentos: exactamente del mismo modo en que se ha ido conformando el Archivo Arkhé.

Revista alemana lgbti
La revista Die Freundschaft (La amistad), publicada desde 1919, amplificó voces fundamentales del primer movimiento homosexual en la República de Weimar.

—¿Cuál fue la chispa específica —personal, intelectual o política— que los impulsó a crear el archivo?

—Arkhé está conformado por dos cuerpos documentales: un archivo de arte latinoamericano y un archivo LGTBIQ+, cada uno con un origen distinto. El archivo de arte latinoamericano surgió de la labor investigativa e intelectual de Halim, quien comenzó a formarlo desde su adolescencia. El archivo LGTBIQ+, por su parte, nació del deseo de ambos al descubrir la ausencia de memoria queer en las instituciones oficiales de preservación, inicialmente en Colombia y luego en todos los países hispanoamericanos. En cierto momento quisimos consultar las primeras revistas LGTBIQ+ colombianas, llamadas Ventana Gay y El Otro, y no encontramos ejemplares en ninguna biblioteca o archivo del país. Comprendimos algo importante: una comunidad necesita archivos para afirmar su existencia, su historia y, por supuesto, sus luchas. La falta de archivos de memoria funciona como un reseteo total de vivencias e incluso de batallas ganadas. Eso es algo que los gays no podemos permitir en este planeta, donde la lucha apenas comienza.

—¿En qué se diferencia Arkhé de otros archivos de arte latinoamericano y de archivos queer fundamentales como el One National Gay & Lesbian Archives de la Universidad del Sur de California o el ¿Archivo Queer? del Museo Reina Sofía de Madrid?

—La colección de Arkhé está concentrada en materiales sobre arte e historia queer hispanoamericana. En España hoy existe un interés creciente por el arte latinoamericano, pero ese interés solo se enfocó en Argentina, Chile y México. Esto se refleja en los archivos que conservan las instituciones españolas: por ejemplo, el Archivo Lafuente —custodiado por el Museo Reina Sofía— hace énfasis en materiales de los países del Cono Sur. Arkhé llegó para llenar ese vacío, aportando un archivo con obras de Colombia, Brasil, México y Venezuela, lo que fortalece nuestra presencia cultural en Europa.

En cuanto al archivo queer de Arkhé, es sin duda el archivo de historia LGTBIQ+ más completo y grande de Hispanoamérica: abarca documentos desde el siglo XVI hasta nuestros días. A diferencia de otros archivos europeos o norteamericanos, no se limita a la historia de un solo país, sino que narra una historia sin fronteras nacionales, aunque con una afinidad hispanohablante. Esto nos ha permitido afirmar que nuestros países tienen sus propias narrativas y luchas y que, si bien están cruzadas por las luchas del norte global, no son derivativas sino en muchos casos auténticas y primigenias.

—Todo coleccionismo implica una forma de deseo que no se satisface del todo. ¿Ha sentido alguna vez que esa necesidad de reunir y conservar se desborda? ¿Cómo han gestionado la pulsión de querer adquirir más y más?

—Debo decir que, en el caso del Archivo Arkhé, resulta especialmente complejo. La naturaleza de la colección supera los intereses primarios del coleccionismo, pues se trata del rescate de una memoria en peligro de desaparecer. Diría que para que una colección sea viable se necesita, por supuesto, la figura del obsesivo —del que empuja y quiere más— acompañada por la del moderado, el que pone límites. Esa es la pareja que conformamos Halim y yo: Halim es el acelerador y yo soy el freno. Ese equilibrio es el que ha permitido que el proyecto funcione. Desde luego, alimentar la colección ha implicado un gran sacrificio personal y también un esfuerzo financiero considerable.

—Pensando en las adquisiciones más recientes de Arkhé, ¿cuál ha sido la pieza más difícil de conseguir y qué historia hay detrás de su llegada a la colección?

—La incorporación más difícil de conseguir fue un conjunto de catorce folletos escritos por el activista alemán Karl-Heinrich Ulrichs (1825-1895). Ulrichs publicó en Alemania en 1864 el primer manifiesto LGTBIQ+ afirmativo de la historia, en el que defiende ideas como el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo. En su obra, que puede considerarse «el evangelio homosexual», Ulrichs sentó las bases del activismo contemporáneo: conceptualizó muchas de las preocupaciones actuales e incluso acuñó términos como «activo», «pasivo» o «versátil». Es un fundador del pensamiento gay moderno que, sin embargo, sigue siendo muy poco conocido en el mundo hispanohablante, porque jamás había sido traducido al español.

Estos folletos, publicados clandestinamente en tirajes pequeños de 500 copias, son muy escasos. Hasta hace poco, solo se conocían dos colecciones completas de los 14 folletos: una en la Biblioteca Nacional de Berlín y otra en la Biblioteca Nacional de Viena. El año pasado tuvimos la dicha de contactar a un viejo coleccionista alemán que conservaba un juego completo de la obra de Ulrichs. Él había oído hablar de Arkhé y quería que tuviéramos esas piezas. Sin la voluntad expresa de ese preservador de la memoria, jamás habríamos tenido la oportunidad de adquirir este tesoro, que compramos directamente gracias a la decisión personal de su propietario. Viajamos emocionados a recoger «los evangelios maricones» y nos encontramos con otro regalo inesperado: Prometeo, la primera revista LGTBIQ+ del mundo, estaba camuflada bajo un folleto científico llamado Uranus. Ahora también es nuestra.

—¿Cómo pueden acceder al archivo quienes viven fuera de España, especialmente en Colombia? ¿Qué experiencias de investigación, activismo o educación han surgido a partir de la colección?

—La gente que no está en España —incluyendo quienes viven en Colombia— puede acceder a nuestro acervo a través de exposiciones, publicaciones y colaboraciones que llevamos a cabo con otras instituciones. Hemos publicado catálogos en conjunto con diversas instituciones: el Museo Reina Sofía de Madrid, el Museo de Arte de São Paulo, la Fundación Juan March o el Center for Book Arts de Nueva York, entre otros. Hemos colaborado en muestras temporales mediante préstamos de obras de nuestra colección y también en proyectos editoriales donde se reproducen piezas históricas que custodiamos.

Por otro lado, hemos trabajado con muchos investigadores, apoyando tesis de maestría y doctorado mediante el préstamo de documentos del archivo para que puedan consultarlos y publicarlos. Adicionalmente, recibimos visitas con regularidad en nuestra sede —más o menos una por semana—, especialmente de grupos de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid. Incluso contamos con cuatro practicantes de la Complutense integrados a nuestras labores.

—¿Cuáles han sido los hallazgos del Archivo Arkhé que no solo han ampliado su comprensión de la historia queer hispanoamericana, sino que también han obligado a replantear los relatos dominantes —estéticos, políticos y culturales— con los que tradicionalmente se ha explicado esa memoria?

—A menudo se percibe que la historia intelectual y literaria LGTBIQ+ latinoamericana comienza en los años setenta —por ejemplo, en Argentina con la revista Somos, en Colombia con El Otro y en Venezuela con Entendido—. Asimismo, predomina la idea de que el activismo LGTBIQ+ es un fenómeno contemporáneo originado en los disturbios de Stonewall en Nueva York en 1969. Esa noción es muy discutible, porque desde finales del siglo XIX y comienzos del XX encontramos experiencias significativas en el pensamiento LGTBIQ+ de nuestra región.

Gracias al trabajo de archivo, hemos descubierto que ya en las décadas de 1920 y 1930 hubo en América Latina novelas, cuentos, poemas e incluso obras de teatro de temática LGTBIQ+, y que en esos mismos años existieron grupos de poetas e intelectuales gays. En otras palabras, nuestras historias queer tienen raíces mucho más profundas de lo que suele creerse: sin estos archivos sería casi imposible reconstruir la historia LGTBIQ+ latinoamericana más allá de la década de 1970.

—¿Cómo ha sido recibido Arkhé en los distintos círculos intelectuales y culturales de Madrid, tanto en sus instituciones más consolidadas como en sus espacios independientes, y qué tipo de debates, entusiasmos o resistencias ha suscitado su presencia en la ciudad?

—En Madrid, el archivo Arkhé ha tenido una acogida más fuerte de lo que tuvimos en Colombia. A diferencia de cuando operábamos desde Bogotá, entre los años 2016 y 2020, aquí hemos visto una gran implicación de actores políticos, diplomáticos y económicos. Hemos pasado a ser parte fundamental de una red activa de colectivos independientes y fundaciones sin ánimo de lucro —muchas enfocadas en minorías y migrantes que trabajan desde España—.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en España vive cerca de un millón de colombianos, y esa comunidad prácticamente no contaba con espacios de representación simbólica o cultural en este país. En esa medida, Arkhé ha llegado para cumplir una función simbólica para la migración colombiana en España. También era curioso que Madrid, siendo una ciudad tan cosmopolita, no tuviera hasta ahora un espacio con programación cultural LGTBIQ+. El Archivo Arkhé ha venido a llenar ese vacío.

Manuscrito Bernardo Arias
Manuscrito de Risaralda. Película de negritud y vaquería (1935), de Bernardo Arias Trujillo.

—¿Qué piezas de origen colombiano dentro del Archivo Arkhé han resultado especialmente reveladoras para ustedes, ya sea por la rareza de los materiales, por las luces que arrojan sobre figuras marginadas de la historia literaria y cultural del país o por la manera en que permiten releer, matizar o incluso cuestionar los relatos establecidos sobre la tradición queer en Colombia?

—Hemos encontrado materiales fascinantes sobre el escritor colombiano Bernardo Arias Trujillo (1903-1938). Arias Trujillo nos interesa mucho porque fue uno de los autores más beligerantes de su época, alguien que codificó en sus obras literarias una defensa de las minorías, como las comunidades negras, indígenas y LGTBIQ+, con un sentido de la interseccionalidad inusual en su momento.

Este autor y diplomático —hoy casi olvidado— publicó la que se considera la primera novela LGTBIQ+ de Colombia, Por los caminos de Sodoma. Confesiones íntimas de un homosexual (1932). En esta novela narra sus primeras experiencias sexuales con varones. Otra novela suya, Risaralda. Película de negritud y vaquería (1935), no suele verse como una obra de temática gay —trata sobre las costumbres de comunidades negras provenientes del Cauca—, sin embargo, en el Archivo Arkhé adquirimos recientemente los manuscritos originales de Risaralda, y entre sus tachones y enmiendas se leen claras alusiones homoeróticas. Son detalles que a simple vista pasarían inadvertidos, y que no podríamos demostrar si no tuviéramos acceso a esos manuscritos fechados entre 1934 y 1935.

—¿Qué ambiciona Arkhé para este año?

—Este año inauguramos nuestras actividades con Pluma roja: de García Lorca a Pedro Zerolo, un siglo de disidencia sexual en el Estado Español, una exposición que, a partir de piezas de nuestro archivo, recorre y reinterpreta la lucha de la comunidad LGTBIQ+ española. La muestra conmemora, además, los veinte años de la aprobación del matrimonio igualitario en España y los noventa años del asesinato de Federico García Lorca, a quien rendimos homenaje con una obra del artista español Eugenio Merino. La intención es que esta muestra forme parte medular de la programación cultural del Día del Orgullo de Madrid y que pueda itinerar por otras ciudades de España.

Adicionalmente, tenemos en mente dos exposiciones más: una sobre la vida homosexual durante la República de Weimar, explorando el Berlín de los años veinte, y otra dedicada al activismo lésbico. En el campo editorial estamos trabajando en dos proyectos. El más ambicioso es un gran catálogo de la memoria LGTBIQ+, y el otro es la primera traducción al español de los catorce folletos de Karl-Heinrich Ulrichs.

—A esta altura resulta inevitable mirar hacia adentro: ¿cómo Arkhé ha transformado sus vidas, no solo en términos de aprendizaje como coleccionistas, sino también como custodios de un acervo cargado de silencios, dolores y memorias largamente reprimidas? ¿Cómo ha incidido esa relación cotidiana con el archivo en su manera de comprenderse a sí mismos y de estar en el mundo?

—Más que un poderoso proyecto intelectual, siento que el Archivo Arkhé es un llamado a sacar a la luz dolores, censuras, golpes, alegrías, amores, ideas, reclamos, en fin: vidas ocultas por décadas y siglos. Las piezas contienen la carga de siglos de silencio y oscuridad que debe salir a la luz. Siento que el Archivo Arkhé tiene una energía de sanación de dolor colectivo.

Como entenderás, este convencimiento de la naturaleza de la colección afecta profundamente la vida de sus fundadores. Para nosotros, Arkhé es un hijo: un hijo brillante, un hijo genio, que les da a sus padres más de lo que ellos esperan y que, en esa misma medida, reclama de ellos muchas veces más de lo que pueden darle.

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