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Un Mundial sin el mundo

11 de junio de 2026 - 12:14 pm
La exclusión del somalí Omar Artan, una de las principales figuras emergentes del arbitraje africano, expone cómo las restricciones migratorias del gobierno Trump han empañado el Mundial de 2026. También endurece la contradicción en el corazón de este Mundial y de la FIFA: un torneo global atravesado por políticas discriminatorias.
Foto tomada del Instagram de Omar Artan.
Foto tomada del Instagram de Omar Artan.

Un Mundial sin el mundo

11 de junio de 2026
La exclusión del somalí Omar Artan, una de las principales figuras emergentes del arbitraje africano, expone cómo las restricciones migratorias del gobierno Trump han empañado el Mundial de 2026. También endurece la contradicción en el corazón de este Mundial y de la FIFA: un torneo global atravesado por políticas discriminatorias.

Este artículo fue publicado originalmente en Africa is a Country

Traducción del inglés de Santiago Cembrano 

 

Aunque los días previos a un Mundial de la FIFA suelen estar marcados por ceremonias de bienvenida organizadas por los países anfitriones, la antesala de esta edición se ha centrado en las restrictivas condiciones de ingreso impuestas por la administración Trump a diversos jugadores, aficionados y árbitros. 

Todo comenzó hace unas semanas, cuando Breel Embolo, delantero suizo de origen camerunés y vicecapitán de su equipo, tuvo un problema de última hora con su solicitud para el Sistema Electrónico de Autorización de Viaje (ESTA) que lo obligó a perderse el vuelo de su selección hacia Estados Unidos. Por las mismas fechas, el defensor marroquí Zakaria El Ouahdi —elegido mejor jugador africano de la liga belga— enfrentó la misma situación y también se perdió la salida de su equipo.

El mayor escándalo estalló el lunes 7 de junio, cuando Omar Artan, uno de los siete árbitros africanos seleccionados para pitar en el Mundial de 2026, fue rechazado en el Aeropuerto Internacional de Miami mientras se dirigía a la ciudad donde debía establecerse el campamento base de los árbitros.

El rechazo de Artan no tuvo nada que ver con su capacidad profesional. A sus 33 años, es una de las figuras emergentes del arbitraje africano. En 2024 pitó en su primera Copa Africana de Naciones; en 2025 fue el único árbitro del África subsahariana presente en el Mundial Sub-20 de la FIFA; y hace apenas unas semanas fue designado para arbitrar el partido de clubes más importante del continente: la final de la Champions League de la Confederación Africana de Fútbol entre el visitante Mamelodi Sundowns, de Sudáfrica, y el local AS FAR, de Marruecos.

En un bullicioso Estadio Príncipe Moulay Abdellah de Rabat, Artan demostró por qué se ha convertido rápidamente en uno de los mejores árbitros del continente. A pesar de la enorme presión, de todo lo que estaba en juego, mostró una serenidad inquebrantable y una gran capacidad de gestión del partido; garantizó que fueran los jugadores quienes decidieran el resultado.

Más allá de su capacidad profesional, Artan aseguró que toda su documentación estaba en regla. En declaraciones a The Athletic, reveló que permaneció retenido durante once horas en el aeropuerto antes de ser enviado de vuelta a Estambul.

«Tenía los documentos correctos y todo lo demás. Tenía la visa adecuada», afirmó.

Durante todo el proceso de candidatura para el Mundial de 2026, la FIFA dejó muy claro que los procedimientos de visado del país anfitrión «deben aplicarse de manera no discriminatoria». Sin embargo, negar la entrada a Artan fue un acto evidente de discriminación nacional. Como era previsible, la respuesta de la FIFA ante la actuación de la administración Trump ha sido tibia.

«La FIFA no participa en los procesos migratorios de los países anfitriones, incluidas las decisiones sobre visados, y ha sido informada por las autoridades de que la situación del señor Artan no cambiará por el momento», señaló el organismo en un comunicado.

De hecho, la única explicación que parece tener sentido para justificar el rechazo de Artan es que se trate de una continuación de la campaña racista y vengativa de Donald Trump contra la comunidad somalí.

«Creo que tienen un problema con mi país», concluyó el árbitro, nacido en Mogadiscio.

La historia de Artan es especialmente triste porque muestra que una década de trabajo duro puede deshacerse de manera abusiva, y porque su participación representaba una oportunidad poco común para que los somalíes se sintieran verdaderamente presentes en una Copa del Mundo.

«Omar Artan es una figura de referencia para una generación que necesita verse reflejada en este deporte», afirma Abdirizak Ahmed, de la plataforma deportiva Somali Athlete.

«Su primer partido en la Copa Africana de Naciones fue Namibia contra Túnez en 2024. Miles de nosotros nos conectamos solo para verlo a él. Revisábamos las designaciones arbitrales para saber cuándo sería su próximo encuentro. ¿Quién hace algo así?», recuerda Mohamed Salad, periodista especializado en fútbol somalí.

Para países con menor tradición futbolística, como Somalia, contar con un representante oficial es una de las pocas maneras de sentirse realmente parte de este gran torneo. Los aficionados de Seychelles, por ejemplo, se enorgullecieron de Eddy Maillet, considerado durante más de una década uno de los mejores árbitros africanos.

En Somalia, Artan ya se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional. Luego de ser nombrado mejor árbitro en los Premios CAF de 2025, recibió felicitaciones tanto del presidente como del primer ministro del país.

«Cuando fue elegido Árbitro Africano del Año, fue uno de los momentos más orgullosos de la historia del deporte somalí», afirma Salad. «Uno de los nuestros, nacido en casa, abriéndose camino de forma honesta dentro del sistema y representándonos con orgullo. Fue un momento hermoso».

Artan, un joven que se ganó un lugar por méritos propios, tenía la oportunidad de brillar en el escenario mundial, no solo el continental. Pero esa oportunidad le fue arrebatada, a él y a una nación también joven que merecía compartir ese logro, como consecuencia de una agenda política impulsada por el odio.

«Los somalíes somos un pueblo orgulloso. No nos importa lo que diga Trump ni nadie más. Lo que nos rompe el corazón es que esta agenda le costó su sueño a un joven trabajador y honesto», concluye Salad.

Artan es apenas uno entre incontables habitantes del Sur Global a quienes se les ha negado la oportunidad de hacer realidad sus sueños. Para los miles de millones que siguen el Mundial desde la distancia, una pregunta se vuelve cada vez más difícil de evitar: ¿cuánto tiempo permitirá la FIFA que los Estados Unidos de Donald Trump arruinen una celebración que no les pertenece? ¿Cuánto tiempo seguiremos permitiendo que una sola persona arruine el juego de todo el mundo?

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