Dice que se abrió un portal en una de las paredes del salón, la misma sobre la que hace unos minutos se proyecta un gif de tres triángulos en movimiento. Hoy es cinco de febrero de dos mil dieciséis. Por ese portal, dice también, entraron tres entidades regresivas.
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Un hombre cano asegura, preocupado, que algo muy frío le rozó un costado del cuerpo. Una silueta amarilla atravesó el salón, dice William Chaves, el conferencista esta noche. Todo se pone muy raro. Nos pide que repitamos un mantra más parecido a mi idea de lo zen que de lo extraterrestre. Pasan varios minutos. Todos tenemos los ojos cerrados. Todos estamos sentados en rimax. Alguien suspira. Excelente, dice William, excelente, abrieron la puerta y se fueron. ¿Quiénes? Pues los regresivos.

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El hombre cano sigue preocupado. Que a él lo interceptaron unos seres parecidos hace unos años cerca del Cementerio Central mientras auxiliaba a un perro herido. Que serían las seis de la tarde. Quizás las siete. Desde entonces su vida ha cambiado, no duerme bien, recibe mensajes nocturnos cuyo contenido no se arriesga a explicar. A veces en pleno amanecer, con ojos abiertos, trata de moverse pero no puede. La parálisis, dice una mujer, he sentido esa misma parálisis. Cuando el cuerpo no responde. Su novio dice, cruzando la pierna, que a él también le pasa. Y a mí. Y a mí. Y a mí. Y a mí. A mí. Dice William: a mí también. Volvemos a cerrar los ojos. Volvemos al mantra.

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Calle cuarenta y cinco, arriba de la Caracas. Nueve y cincuenta de la noche. Voy acompañado por otro de los asistentes a la conferencia ovni. Él fuma. Edwin. Cada uno pagó veinte mil pesos por asistir. Con él hice un ejercicio de telepatía que propuso William. Debíamos mirarnos en silencio, invocar un recuerdo y transferirlo al otro con la mente. El ejercicio se vio interrumpido por las tres presencias. Los regresivos, dice Edwin. Lo miro.
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En el apartamento de William hay una pequeña torre de periódicos. Saco uno de la parte más baja. Año noventa y cinco. William ofrece declaraciones a El Tiempo. Año noventa y ocho, El Espectador. Sus palabras, dentro de los párrafos, entrecomilladas. Hay citas con comillas y en negritas. Habla de avistamientos en Villeta. Cartagena. Cali. Tabio. Hace un tiempo se mudó a Tabio. En Tabio pasan cosas, me dice. Bajamos a la panadería por tinto para la noche. Ya vamos a mitad de marzo, dice, en junio nos vamos a acampar.

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Sobre William dicen que fue quien puso realmente en el ojo de la prensa nacional al fenómeno ovni y que lleva treinta años ejerciendo de ufólogo en un país en el que los periodistas lo buscan mucho, pero no lo toman en serio. Es el ufólogo más famoso de Colombia. Me habla de una mujer que lo buscó para escribir una crónica hace poco sobre sus campamentos. Leo la crónica. Definitivamente no lo toma en serio. Dice la autora que William no tiene forma de sostener su fantasía, que lo suyo es espiritualidad new age, una religión con prácticas que no pertenecen a la cultura popular de lo extraterrestre. Se dice de William que es experto en exobiología y ufología y que Eddien Turgermán lo visitaba en sus conferencias, un marciano con residencia en Antioquia concebido por una terrícola y un ser de Iyibelp. Se dice de William que sus exposiciones se caracterizan por un sorprendente déficit de elocuencia.
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Encuentro un comentario de Eddie Turgermán en una crónica publicada en dos mil cinco: (…) el joven dizque periodista engañó (…) el señor Chaves no es ni será de mis amistades (…) tengo grandes dones o poderes duelale a quien le duela (…) pobres aquellos periodistas que realmente no lo son y hablan por hablar (…) años después de lo que yo dije, la Nasa dijo que posiblemente sí existe vida en Marte.

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Luis Heberto dice haber sido capturado por extraterrestres en Tabio, cerca de la peña de Juaica, y posteriormente llevado a Pitalito en los noventa. Su testimonio es considerado el detonante de la primera fiebre ovni en Colombia. Dice William que en los sesenta se llevaron a un hombre que apareció veinte años después con la misma edad. Esteban Cruz Niño, un periodista de Blu Radio que invitó a William a su programa de misterio, dice que la historia de Luis Heberto es falsa.
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La peña de Juaica; ícono ancestral; esencia de la tierra; portal temporal; sagrada formación rocosa; la Cundinamarca profunda; sagrado para los muiscas; conexión con lo místico; Juaica es una princesa indígena; Majui es un guerrero; Tenjo también es guerrero, enamorado de Juaica; Tenjo muere de celos y mata a la princesa y oculta los tesoros muiscas; glamping; turismo paranormal.

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William dice que la peña envía una coordenada espacio temporal con luces para las naves.
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Hay un sistema de cuevas debajo de la montaña.
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Hace veintidós horas William publicó esto en Facebook, acompañado de una ilustración: estos seres provienen de Draconia y han estado en la tierra desde tiempos inmemoriales, ocultos, son seres no amistosos a la raza humana, de hecho nos aborrecen. En la ilustración se muestra de frente y de perfil al draconiano. Es bastante reptiloide. Poseen gran tecnología, prosigue William, son muy psíquicos además de que pueden pasar por diferentes dimensiones. Los draconianos, en su relato, se instalan bajo la tierra y, palabras más, palabras menos, influyen en el pensamiento humano para impedir la comprensión de lo que los budistas llaman no dualidad; todo hace parte de todo, no existe separación posible. Concluye sin miramientos: se dice que han hecho un pacto con los illuminati.
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Leo en un blog de noticias ovni que Tenjo es protagonista de avistamientos. En entrevista William dice: eran como aves de colores que sobrevolaban en diagonales y frenaban en pleno cielo. Con esa frase el director de la organización Contacto Ovni Colombia describe el momento en el que con otras treinta personas presenció diez platillos que volaban sobre Tabio y Tenjo. En quince días vamos a Tabio a acampar. Doce personas han confirmado. Se espera que asistan al menos diez. Willian va a dirigir el campamento. De lo que sí estoy seguro, dice en la entrevista, es de que eran naves que nos estaban sobrevolando.

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Dos de junio de dos mil dieciséis. Acampo con ocho personas. Viene solo un par de los que conocí en las conferencias. Uno de los que no conozco dice que es criptozoólogo. Ha habido casos en Cundinamarca, ovejas, cabras y vacas drenadas. Orificios cerca de la nuca. Ya hay mucha gente que lo ha denunciado a la prensa, dice. Me mira la cámara.

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Me ofrezco para hacer el fuego que nos acompañará durante el desarrollo narrativo, por parte de los asistentes, de varios primeros avistamientos y, en dos casos, raptos alienígenas. Me cuenta uno de los compañeros campistas que él también es ufólogo y que la esposa de William también lo es.
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Gustavo, apuntando la luz de la linterna al cielo, dice que hay una nave visible. Más o menos quinientos metros de diámetro, dice, una hermosa nave que, mire, mire, ya empezó a moverse, comando Ashtar Cherat, Ashtar Cherat, Ashtar Cherat, comando Ashtar Cherat, Ashtar Cherat, se movió, mire, mire, Ashtar Cherat, mire, Ashtar Cherat, Ashtar Cherat. Shalin Salarat.

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William hace una presentación sucinta frente al fuego: tengo cincuenta y siete años, trabajé como asesor y productor para la serie Contacto Extraterrestre Latinoamérica de History Channel junto a Jorge Luis Sucksdorf, también trabajo en el sector del turismo por unos pesos extra, pero primero estudié Medicina en la Universidad Nacional y después me especialicé en auditorías y análisis de sistemas. Luego cuenta que un viernes, en la década de los setenta, saliendo del baño del colegio La Salle, vio un disco inmenso en el cielo. Dos de la tarde. Miren, les dijo a los compañeros de clase, ahí está la nave del comando Ashtar. El profesor me dijo loco. La nave se fue para Monserrate. Pero fue a los catorce años que William tuvo el primer encuentro, en la sala del apartamento materno. Sintió un hormigueo en el oído. Una voz se dirigió a él. En mi corazón sentí que eran ellos, en quienes siempre había creído, estaban a diez metros de distancia, tres naves, botaban luces contra el edificio, y venían por mí, pero mi papá me encerró bajo llave.

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Todos los participantes del campamento aseguran que hay una presencia siguiéndonos. Caminamos por las faldas de la peña. Hay figuras geométricas dibujadas en el pasto. Gustavo organiza unas pocas rocas junto a las figuras. Dos y veinte de la mañana. Cuando aprendí de meditación y clarividencia, dice William, me enviaron un mensaje telépatico, citándome, eran los hermanos mayores, pero solo ocho años después los vi bajándose de una nave. Ocho años.

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Otra nave, dice Gustavo con la luz apuntando otra vez al cielo. Concluye que las entidades están calentando el terreno.

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William cuenta que a unos cincuenta metros de donde estamos parados se materializó, hace varios años ya, una nave frente a él y a su esposa. ¿Usted está viendo lo que yo estoy viendo? Sí, le respondió Miriam. De un haz de luz en forma de cono bajaron dos seres, pero nunca tocaron el piso. Uno de ellos les hizo una seña. Le juro que yo pensé que era Jesús, dice William, pero muy raro es que Cristo se baje de una nave, entonces en su lenguaje se comunicó conmigo, me dijo: no soy Jesús, porque él es una presencia de luz que está en otra frecuencia, no necesita materializarse ni moverse en naves, nosotros sí necesitamos naves porque nuestra frecuencia dimensional es tres punto cuatro, somos seres de tres dimensiones pero nuestra frecuencia vibratoria es de cuarta.
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Los humanos somos tres punto tres.
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Una vez le pidió permiso a un extraterrestre para tomarle fotos. Intente y verá que no le salen, dice William que le dijo el ser. Le disparé con una Kodak de esas ciento diez.



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Extractos del primer mensaje extraterrestre recibido por William: Cada ser en evolución debe tener la entrega total para la misión de cambio de este planeta (…) el puente de luz debe quedar bien construido de acuerdo a las leyes de la conciencia cósmica (…) se deben compartir todas las experiencias vividas con los hermanos en sendero (…) el contacto con nosotros es espiritual y no tecnológico.

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Pasadas las siete de la mañana del tres de junio de dos mil dieciséis. Una línea de humo que avanza al cielo es todo lo que queda del fuego. William sale de su carpa. Me cuenta lo que ya me había contado el criptozoólogo sobre los animales sin sangre en el altiplano. Hay denuncias contra el chupacabras. Vamos a ir a investigar. ¿Ya? No, pero pronto.
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En prensa rural leo: Lo curioso del hecho es que a unos ciento setenta y cinco kilómetros, en Jericó, Boyacá, y apenas con varias horas de diferencia del primer ataque en Simijaca, unas ovejas también fueron asesinadas de la misma manera como han sido sacrificados algunos animales en la provincia de Ubaté (…) EXTRA dio a conocer unas reveladoras fotos de lo que parece ser un gigantesco murciélago que fue visto volando por los cielos que cubren a Cucunubá (…) El mismo ciudadano que tomó la foto explicó en una entrevista radial que no era una invención de su imaginación y menos que se hubiese tratado de una cometa, tal y como lo dieron a conocer los expertos de la CAR, quienes dijeron que no era “ningún raro animal” (…) las famosas cámaras trampa no han captado ningún “bicho”, ¿entonces qué se estará ocultando en esta región del norte de Cundinamarca que ni los mismos expertos han logrado descubrir?

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Tecnología sin fundamento es esclavitud, dice William que le dijeron los pleyadianos hace veinticinco años.
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Febrero de dos mil veintiséis. El principio alquímico de la fotografía también opera desde la fermentación. Reviso el archivo. Hace diez años no veo a William.

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Me invitaron a irme en transmigración, me dijo un día por teléfono, a otro mundo donde las características no son iguales a las de acá, ¿sí me entiende lo que le quiero decir? Allá yo no voy a llegar a ver televisión o a sentarme frente a un computador ni a echar chistes. Allá yo voy es a aprender y a enseñarles a ellos sobre los asuntos emocionales de nuestro planeta.
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Me entero de que murió el diecisiete de febrero de dos mil veintitrés. El diecisiete de febrero de dos mil veintiséis hubo un fenómeno llamado anillo de fuego. La luna pasó entre la tierra y el sol pero no lo cubrió por completo, quedó su borde exterior visible, brillante, alrededor de un círculo negro.
