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Los hombres sí deben meterse en esas peleas

21 de enero de 2026 - 11:39 am
Una ola de feminicidios sacudió Brasil en diciembre de 2025 por su sevicia. ¿Por qué, a pesar de que las penas por este crimen se han endurecido, la violencia contra las mujeres sigue creciendo en este país? Un llamado a que los hombres entiendan el origen de su deseo de posesión.
Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.
Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.

Los hombres sí deben meterse en esas peleas

21 de enero de 2026
Una ola de feminicidios sacudió Brasil en diciembre de 2025 por su sevicia. ¿Por qué, a pesar de que las penas por este crimen se han endurecido, la violencia contra las mujeres sigue creciendo en este país? Un llamado a que los hombres entiendan el origen de su deseo de posesión.

A finales del año pasado, varios feminicidios sacudieron a Brasil por su extrema crueldad. Uno de los más descarnados fue el de Tainara Souza Santos, de 31 años, quien, a la salida de un bar, fue atropellada por su expareja y arrastrada por más de un kilómetro en la zona norte de São Paulo. Por la gravedad de las heridas, Tainara tuvo que pasar por varias cirugías, entre ellas la amputación de ambas piernas. Sin embargo, el 24 de diciembre murió después de haber permanecido internada por 25 días. Este feminicidio, así como otros ocurridos durante esas fechas en diferentes regiones del país, hicieron que, el 7 de diciembre, decenas de miles de mujeres salieran a las calles en más de veinte estados de Brasil.

 

Y es que cada seis horas una mujer es asesinada en Brasil, solo por ser mujer –esta es justamente la frase inicial de un reciente documental de la Deutsche Welle titulado Feminicidios en Brasil. Guerra silenciosa contra las mujeres (2025)–. Una de las protagonistas del documental, Cristiane Gomes, cuenta cómo vivió por once años en una relación violenta y cómo sobrevivió a un intento de feminicidio al recibir un tiro en el rostro por parte de su expareja. Cristiane era consciente de que vivía en una relación peligrosa, pero nunca imaginó que la violencia llegaría hasta ese punto. Su expareja le disparó al frente de sus hijos y huyó después del crimen. Cristiane pasó cuatro días en coma inducido y dos semanas en una UTI (Unidad de Terapia Intensiva); en total, fueron ocho cirugías en el rostro. El feminicida fue capturado después y condenado a trece años de prisión.

 

Sin embargo, a pesar de las penas más severas, la violencia contra las mujeres continúa creciendo. Según Marina Ganzarolli, abogada y presidenta del movimiento Me Too Brasil, el año pasado el Anuario Brasileño de Seguridad Pública mostró un récord en el número de feminicidios desde que Brasil empezó a reconocer oficialmente este tipo de crimen hace diez años. Las denuncias no paran de aumentar, incluso teniendo una de las mejores legislaciones del mundo para enfrentar la violencia contra la mujer, como lo es la Ley María da Penha.

Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.
Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.

Esta ley fue creada en homenaje a Maria da Penha Maia Fernandes, quien, en 1983, fue víctima de un doble intento de feminicidio por parte de su exesposo, el colombiano Marco Antonio Heredia Viveros. En el primero intento, su exesposo le disparó en la espalda mientras dormía, dejándola parapléjica. Sin embargo, Heredia Viveros le mintió a la policía diciendo que habían sido víctimas de un asalto. Cuatro meses más tarde, cuando María da Penha regresó a su casa tras haber sido sometida a varias cirugías, su exesposo intentó asesinarla otra vez. Después de varios años de litigio, en 2001, el Estado brasileño fue responsabilizado por la CIDH por negligencia, omisión y tolerancia hacia la violencia doméstica contra las mujeres. A raíz de este caso, en 2002, fue creada una comisión compuesta por varias ONG feministas con el fin de elaborar una ley para combatir la violencia doméstica y familiar contra la mujer: la ley Maria da Penha, sancionada por el presidente Lula da Silva en 2006.

 

Desde la implementación de esta ley, han surgido otras medidas, como la criminalización del feminicidio, en 2015. El año pasado entró en vigor una ley que convierte al feminicidio en un crimen autónomo y eleva la pena de 20 a 40 años. Es la mayor pena del sistema penal brasileño. Según un estudio elaborado por la Fundación Friedrich Ebert en Brasil, el cual mide la evolución del feminicidio en la última década, el 68% de las mujeres asesinadas durante ese periodo eran negras; por lo tanto, son estas mujeres, junto a las indígenas y a las que viven en zonas periféricas, las principales víctimas.

 

Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.
Protesta contra la ola de feminicidios en São Paulo. 7 de diciembre de 2025. Tomadas de Reddit.

El feminicidio es el resultado de un largo camino que comienza con el enamoramiento y poco a poco se va convirtiendo en una espiral de control y posesión. Por esto, endurecer la ley no previene el crimen. Se hace necesaria entonces una transformación cultural, mucho más lenta y difícil que el simple endurecimiento de la pena, algo que los movimientos y políticos de derecha suelen exigir.

 

Si el cambio es principalmente cultural, es muy importante que, además de fortalecer las políticas públicas de prevención contra la violencia de género, los gobiernos progresistas estén a la cabeza del cambio. Por esto, destaco las palabras del presidente Lula da Silva, quien, a raíz del aumento en el número de feminicidios, publicó un post en su cuenta de Instagram en el que afirma que combatir el feminicidio y la violencia contra la mujer no era tarea de las mujeres y sí una responsabilidad de los hombres. Unos días después, el 26 de diciembre, publicó un video en el que invitaba a los hombres a aliarse a la lucha contra la violencia contra la mujer: «Nosotros que somos hombres, necesitamos asumir un compromiso del alma. En nombre de todo lo que es más sagrado: sé un aliado en esta lucha», diferenciándose así radicalmente del presidente Gustavo Petro, quien, siguiendo el viejo refrán «en pelea de marido y mujer, nadie se debe meter», afirmó hace unos días «Yo no me meto en esas peleas. De ahí solo se sale aruñado por todas partes».

 

No solo es urgente que las mujeres no callemos y denunciemos, sino que es imprescindible que los hombres entiendan el origen de su actitud de dominación y control sobre las mujeres y la lógica del sistema que la sustenta. En estos tiempos convulsos que estamos viviendo, ¿no es evidente que el supremacismo blanco, como respuesta a la crisis hegemónica de los Estados Unidos, se sustenta en un profundo racismo y misoginia?

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