Kurt Cobain, Basquiat, Jimi Hendrix, Heath Ledger, Brittany Murphy. A todos los referencia Danny Brown en la segunda canción de su álbum XXX, publicado en 2012. El rapero de Detroit acababa de cumplir treinta años y en «Die Like a Rockstar» imaginaba el que parecía ser su único destino posible, como parte de un linaje de talentos fulgurantes que reventaron y se extinguieron demasiado jóvenes. No había futuro entre shots de Hennessy mezclados con MDMA, estrellas de porno tan drogadas como él a su alrededor y jacuzzis rodeados de cocaína abundante, él también iba a morir como una estrella de rock.
El nuevo álbum de Danny Brown se llama Stardust (Warp Records, 2025), y ha sido presentado por él mismo como su álbum más libre: en el hyperpop, gracias a colaboradores como Frost Children, Underscores, Femtanyl, descubre un nuevo campo sonoro en el que puede jugar con sus canciones crudas, sus aventuras melódicas y sus rapeos desquiciados. Entre el pop experimental y la electrónica underground, Stardust es atravesado constantemente por el caos, por una maraña de emociones que buscan su cauce y, cada vez más, por una sensación de claridad ajena al Danny Brown de hace una década. «Shedding tears ‘cause I’m still here, blessed to see another year / I would never take this shit for granted», rapea en «1L0v3myL1f3!», un título que sintetiza su estado emocional en todo el disco. «Keep my pace, ain’t no need to rush, just gotta keep it up / Take it serious, ‘cause this life I love and cannot fuck this up».
Este estado emocional —optimista, agradecido, con perspectiva de futuro donde antes hubo un gran vacío— no responde únicamente a la madurez que viene con el paso de los años, que Brown ya desmenuzó en Quaranta (2023). Stardust es el primer álbum de Brown escrito y grabado en sobriedad. Su sexto álbum empieza con «Book of Daniel», que, precisamente, traza esa transformación: «When I didn’t have hope, I was turning to dope / Drinking ‘til I passed out ‘cause I just couldn’t cope / Everything I went through had me drowning on the surface / Discovered who I am, now I know my life purpose / So it was all worth it, now just pay me mind / I put my lifetime in between the paper lines». A pesar del frenesí sonoro que dirige este disco hacia una pista de baile, Stardust también funciona como la terapia de un hombre aliviado de todo el peso que logró quitarse.
Eso no quita que defienda su lugar en el juego —se incluye en el top tres del rap junto a Kendrick Lamar y Earl Sweatshirt en «Book of Daniel— y de que señale sus fisuras: «Copycats», quizás la mejor canción del disco, registra el costo del estrellato: la originalidad en favor de un molde cómodo, conocido. Hace casi veinte años hubo un momento en el que 50 Cent consideró fichar a Danny Brown para G-Unit, y la leyenda dice que sus pantalones ajustados fueron la razón por la que el trato se cayó. Quizás, responde Danny Brown cuando se lo pregunto, pero sobre todo se dio cuenta de que no cabría en G-Unit ni en ningún lugar en el que no pudiera ser él mismo.
Así que dejó de intentar encajar en la idea platónica de rapero y empezó a ser él: con sus dientes chuecos, su ropa slim, su voz chillona. Desde 2012, cuando fue parte de la freshman cover de XXL —junto con Future, French Montana, Macklemore y unos cuantos más— lanzó candidatos a discos del año como Old (2013) y Atrocity Exhibition (2016) —su mejor disco—, hizo parte de joyas de culto como Piñata de Freddie Gibbs y Madlib o Flygod de Westside Gunn y presentó placas de un lado mucho más experimental del rap como Scaring the Hoes, con JPEGMAFIA. Nunca dejó de retar los límites, en busca de los sonidos futuristas que quería encontrar desde pequeño, cuando jugaba con su máquina de karaoke en su habitación. Stardust continúa con esa pesquisa eterna, y sobre los beats de hyperpop Danny Brown —capaz de rapear sobre el ritmo atrofiado de un motor viejo— suena en casa.
La llamada la contesta desde su casa en Austin, Texas, a donde se mudó hace unos años para prestarle más atención a su trabajo como comediante y anfitrión de un podcast de humor. Durante media hora, Danny Brown habla sobre Stardust, su trabajo con Q-Tip, sus raperos favoritos de Detroit y más.
Luego de Quaranta, ¿cómo surgió Stardust y toda su paleta sonora?
Bueno, yo sabía que quería ir en esta dirección desde que estaba haciendo Quaranta, que fue un periodo muy duro en mi vida. Escuché 100 Gecs y fue como Yo podría rapear sobre esto. Ya sabía que con el siguiente quería divertirme y no presionarme tanto. Era muy fan de todas las personas con las que terminé colaborando, entonces, gracias a su talento, confiaba en que el resultado iba a salir bien. En ese sentido, dejé que guiaran la nave. Amaba que sonaran como el futuro. Cuando era pequeño, pensaba que en el 2025 íbamos a tener carros voladores, así que lo último que querría sería sonar como lo que escuchaba de niño. Quería una vibra cyberpunk. Para mí, todos ellos son el futuro: la forma en que le dan una vuelta a algo tradicional como el pop es equivalente a lo que yo intento hacer con el rap. Entonces encajamos perfectamente.
Venían a Austin uno a la vez. El primer día solo hablábamos. Todos ellos son veinte años menores que yo, son los jóvenes cool y yo un tío. Entonces les preguntaba qué querían hacer, cómo debía sonar mi música. No quería actuar como si lo supiera todo de esta música y siempre tuviera la razón. Estaba entrando en una escena nueva, para mí y en general, todavía está encontrando su lugar. Quería representarla en su mejor versión. Y así me pude concentrar en escribir rap. Fue el proceso más fácil que he tenido en un disco. Lo grabamos en tres meses y luego fueron dos años de postproducción.
¿Te gustaba el techno cuando eras pequeño?
Más que el techno, el ghettotech. DJ Assault y esas cosas.
Lo pregunto porque el vínculo entre la electrónica y el hip hop que existía con claridad hace cuarenta años hoy es mucho más sutil. Pero está patente en un disco como este.
Creo que son etapas. Hay veces que un género se siente estancado, atrapado en lo mismo, y luego hay momentos en los que salen un montón de cosas emocionantes. Me pasó con el disco de Ninajirachi, es de mis favoritos de este año.
Entonces no te preocupa lo de que el rap ya no aparezca con tanta frecuencia en la lista Billboard.
La verdad no me importa. Mi música favorita, y la que me inspiró, no estaba en esas listas.
Hablabas antes de que querías divertirte, pero acá hay una diversión distinta a la de XXX, por ejemplo. Esa era más pesada, oscura, pero acá en «I Love My Life» te reconoces como bendecido al poder ver un nuevo día. ¿Cómo ha sido aprender a divertirte en esta etapa de tu vida?
Básicamente, desde que estoy sobrio he tenido que aprender a grabar sin utilizar ninguna sustancia. Y eso me ha llevado de vuelta a un estado infantil, como cuando tenía trece años y jugaba con mi máquina de karaoke en mi habitación. No tenía cuentas por pagar, solo amaba la música y quería rapear. Ahora llevo una vida de ensueño, estoy agradecido porque, como la calle, la música es dura y mucha gente no resiste tanto tiempo. Estaba agradecido de tener el apoyo de mi sello y mi equipo, todos con la mente abierta, para dejarme respirar creativamente en esta etapa.
¿Cómo ha sido para ti crear estas canciones desde un lugar más reposado?
Viene con la experiencia. He aprendido la importancia de la paciencia. Puedo hacer un tema que me encanta pero a los tres días no me parece tan bueno. Me gusta dejar que los temas crezcan, y revisar si me gustan un año después.
Stardust también ha sido presentado como tu álbum más libre. ¿En qué sentido, y cómo ha reflejado la libertad de tu vida?
Cualquiera que haya vivido algún tipo de adicción sabe cómo se sienten esos grilletes. Estás atrapado. Entonces cuando logras quitártelos y seguir adelante con tu vida, hay un sentimiento inmenso de libertad, de darte cuenta de que no necesitabas esas cosas para hacer música. Podías pensar que eran súper poderes, pero toda la fuerza estaba en ti. Entonces la libertad vino de darme cuenta de que nada de eso me ayudaba.
¿Hay alguna conexión entre escribir rap y escribir rutinas de comedia?
No sé cómo será para los demás, pero de adolescente yo ya era fan del stand-up comedy, y cuando me di cuenta de cómo escribían sus chistes, empecé a implementar ese método en mi rap. Cada vez que se me ocurría un punchline o una línea ingeniosa, la anotaba. Tenía un cuaderno lleno de ideas aleatorias. Y lo que hacía era escribir alrededor de esas ideas. Es el mismo enfoque para escribir rap o comedia. Pero en este momento de mi carrera ya no busco los punchlines. Antes pensaba que eran lo más importante del rap, que los necesitabas para que una canción fuera buena. Ahora entiendo que esto va más allá de tener líneas inteligentes. Igual puede que sea mi día de suerte y escriba un buen punchline, pero también me pasa seguido que cuando estoy acostado, a punto de dormirme, y pienso en una gran línea, luego pienso en que ojalá la recuerde al otro día. Y nunca la recuerdo, así que quizás debería volver a apuntarlas.
Me parece que «Copycats» señala la pérdida de autenticidad que muchas veces viene con el estrellato. ¿Cómo lo ves?
Claro. Tienes que ser una fiera, sediento de sangre, porque la industria musical es brutal. No puedes tener corazón porque fijo te lo van a romper. Los tiempos han cambiado, ahora puedes hacerte viral de un día para otro con un TikTok y cantar frente a cien mil personas sin nunca haber visto un público de trescientas. Creo que este camino toma paciencia y experiencia para sobrevivir al paso del tiempo.
En «Book of Daniel» recuerdas cuando estabas empezando a escribir rimas y lagrimeabas de la emoción, y de cómo lograste vencer las probabilidades para llegar aquí. ¿Cómo recuerdas esos inicios en el rap y esos sentimientos que guardabas?
Yo no cogí fuerza hasta que tenía treinta años. Y durante todos mis veintes estuve intentándolo. Cuando estaba cerca de los treintas, era como ¿Me rindo? Sentía que la gente dejaba de confiar en mí, y no sabía qué más hacer. Esta era mi única salida, mi única forma de expresarme. Si no funcionaba, me iba a volver loco. Ha sido una forma de terapia, por eso rapearía hasta gratis.
¿Cómo fue trabajar con Q-Tip en tu disco uknowhatimsayin?
Fue una gran experiencia, nunca hice música de la misma forma desde entonces. Hace rato no hablamos, pero sé que puedo llamarlo y va a contestar. Él me enseñó mucho. Siempre me decía: «Tienes todo el tiempo del mundo para darle todo el amor que tienes a cada canción antes de publicarla, porque cuando la saques al mundo ya no la puedes recuperar. Así que más vale que lo des todo ahora mismo, no dejes ningún ángulo sin explorar para hacer la mejor versión de cada tema». Aunque a veces puedes irte muy lejos y arruinar un tema.
De ahí viene también la paciencia de la que hablabas antes, supongo.
Sí. Él tiene canciones increíbles que nunca van a salir. Ha trabajado con todo el mundo. Una vez me mostró lo que había hecho con Kendrick, y yo pensaba ¿Cómo es posible que eso no esté publicado?
Has destacado en múltiples ocasiones a Dizzee Razcal como uno de tus raperos favoritos. ¿Qué te llamó la atención de su música cuando empezabas a escucharlo?
Cuando escuché Boy in da Corner, no sabía que uno podía rapear sobre beats así. Cambió toda mi percepción de lo que podía ser el rap, abrió un nuevo mundo. Y cuando nos conocimos supe que, al igual que yo, se había inspirado en las mixtapes de DJ Assault y el ghettotech.
Yo recuerdo la blog era, esa época en la que surgiste, como una gran explosión de creatividad. ¿Cómo la recuerdas y la viviste tú?
Fue una época muy divertida, era algo muy fresco y nuevo. Pero mucha gente no entiende que los tastemakers empezaron esa ola. Ellos elegían las canciones y raperos más cool para publicar en sus blogs, era su curaduría, su creación. También era el inicio de las redes sociales, el inicio de todo lo que tenemos hoy.
¿Cuál era tu favorito de esa época?
Main Attrakionz eran muy importantes para mí. Hasta hoy sigo siendo amigo de Squadda B.
Tu carrera ha dado varias vueltas. De trabajar con Tony Yayo y casi firmar con G-Unit a atravesar toda la blog era a la experimentación frenética de Atrocity Exhibition a tu incursión en el hyperpop. Ha sido un viaje interesante, ¿no?
Ha habido subidas y bajadas, todo el mundo lo ha podido ver. Y no cambiaría nada, porque ahora siento que estoy empezando un nuevo capítulo, una segunda oportunidad. Me siento bendecido con la cantidad de personas a las que todavía les importa mi música. Aprecio que tengo el trabajo con el que soñaba desde niño.
¿Es verdad que 50 Cent no te firmó para G-Unit por tus pantalones ajustados?
No sé si fue la única razón, pero me hizo darme cuenta de que no iba a pasar porque no podía ser yo. Cuando dejé de intentar ser lo que se suponía que debía ser un rapero, de ser cool, y empecé a ser yo mismo, a ser honesto, mi carrera empezó a despegar.
¿Por qué dices en «Stardust» que el trauma que viviste también te hizo más fuerte?
Eso lo aprendí en rehabilitación. Muchos de nosotros embotellamos el trauma e intentamos guardarlo en un rincón para seguir con nuestras vidas, pero si no sanamos esas heridas, no podemos madurar ni progresar. A veces la gente no reconoce la raíz del trauma y no puede abordarlo. En rehabilitación pude reflexionar sobre esto con terapia, meditación y consejeros espirituales. Pude entenderlo y dejarlo ir.
¿A qué te refieres, al inicio de Quaranta, cuando dices que el rap salvó tu vida y también la destruyó?
A todas las relaciones que perdí. Incluso si tú no cambias, la gente sí cambia a tu alrededor. Hay mucha presión para ser la persona que la gente cree que debes ser. Por mucho tiempo me estreso por eso en vez de apreciar lo que tenía. Entonces ahí habló de mis amigos, mi familia, cosas así.
Hacia el final del disco, hay un monólogo que habla de aprender a disfrutar la vida de nuevo. Y en todo el disco hay un sentido de futuro que creo que no estaba presente en tus discos anteriores. ¿Parte de esta libertad tiene que ver también con esa perspectiva de disfrutar el presente y el futuro?
Sí, antes no me importaba el futuro, vivía en el momento. Ahora me importa más el mensaje que doy con mi música, y el legado que dejo. Quiero que en treinta años los niños puedan escuchar mi música y sentirse inspirados. Esa es mi meta: inspirar el futuro.
¿Y qué te gustaría inspirar?
El sentido de ser uno mismo. En el rap a veces la gente piensa que tiene que ser gangster, pero todos tenemos una historia y siempre hay alguien que se puede ver reflejada ahí, o encontrar ayuda para cambiar su vida ahí. En esta etapa de mi carrera, puedo estar teniendo el peor día de mi vida y que todo se arregle si escucho una canción que me gusta. Darse cuenta de ese poder de inspiración me hizo darme cuenta de que este es el mejor trabajo del mundo, al menos para mí.
Para terminar, ¿cuál es tu top cinco de raperos de Detroit?
Bruiser Woolf, Veeze, Los and Nutty, Sada Baby y Eminem. Crecí escuchando a Eminem, fue una gran influencia para mi estilo.
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