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Nombrar es respetar: Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza

3 de febrero de 2026 - 2:52 pm
Entre el 10 y el 13 de diciembre de 2025, Cali recibió al Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes: un espacio de reconocimiento y escucha profunda entre pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y entidades públicas.
Foto de Lina Aragón.
Foto de Lina Aragón.

Nombrar es respetar: Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza

3 de febrero de 2026
Entre el 10 y el 13 de diciembre de 2025, Cali recibió al Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes: un espacio de reconocimiento y escucha profunda entre pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y entidades públicas.

«Nombrar a la gente es respetar», dice el fotógrafo Jesús Abad Colorado. 

Lo escuchan el pueblo Ette Ennaka, de la Sierra Nevada de Santa Marta; los Consejos Comunitarios de Jiguamiandó y Curvaradó (Chocó); la comunidad de Bojayá (Chocó); el Consejo Comunitario del río Yurumanguí (Valle del Cauca); y el Consejo Comunitario Renacer Negro, de Timbiquí (Cauca): vinieron a Cali al Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza, organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.  

Son las diez de la mañana del miércoles 10 de diciembre y en el edificio Coltabaco (sede de la Institución Universitaria de las Culturas y las Artes Populares, IUIPC), cerca del Bulevar del Río, el encuentro empieza con el laboratorio curatorial Hilos invisibles. De la silla de ruedas que Abad Colorado necesita tras una reciente fractura de tobillo, pasa a la tarima y así se calma el murmullo inquieto de la sala. 

Para empezar su intervención, Jesús Abad Colorado —fotoperiodista nacido en Medellín en 1967, cuyos retratos de la guerra en Colombia han estructurado nuestra relación visual con los horrores y resistencias de nuestra violencia durante más de treinta años— habla de las fotos expuestas que vimos al entrar al salón. Pero más que las fotos, le interesan los tableros blancos sobre las que fueron pegadas. Tableros totalmente blancos, sin ningún tipo de información ni contexto que confirmen o rechacen nuestras intuiciones, que alcanzan a detectar trazos de dolor y esperanza en cada imagen. Entonces, el fotoperiodista dice que nombrar a la gente es respetar. 

«Muchas veces nos dicen que una imagen vale más que mil palabras», explica, desdibujando con su tono afable la distancia simbólica entre las sillas y la tarima. «Pero si esas fotos no tienen las palabras, los hechos, los responsables, son imágenes que se quedan sin contexto. Las palabras son tan importantes como las imágenes. Tienen que ir de la mano para contar la historia de Colombia».  

Por eso Abad Colorado saluda al pueblo Ette Ennaka de las Sabanas de San Ángel, a las cuatro personas que vinieron de Bojayá, las cinco de Yurumanguí, a las cinco de Jiguamiandó y a las de Timbiquí. Por eso mientras recorre sus historias pone en el centro lo que él llama la «unión entre ética y estética», la razón de que una imagen no valga más que mil palabras. Por eso habla de Granada, Antioquia, y del agente de policía Mauricio Yacué con el que fue secuestrado en octubre del 2000 y que fue asesinado el 4 de noviembre de ese mismo año, tres semanas después de que Abad Colorado fuera liberado. Por eso habla del matrimonio de Beatriz García y Óscar Giraldo, que se casaron en Granada entre los escombros que dejó un carrobomba de las FARC. Los nombra y muestra la foto que les tomó; en la esquina, en la pared de la iglesia, hay una pancarta: «La guerra la perdemos todos. Ayudemos todos a construir un proceso de paz». «La gente en el territorio siempre ha puesto ladrillos. Para sembrar plátanos o hacer biche. Esta foto resume lo que debería pasar», dice Abad Colorado.  

«Tener estas fotografías aquí es decirles que, a pesar de la violencia que viven en los territorios, los hombres y mujeres siguen marchando. No se pierde la esperanza de vivir en paz».  

Y entonces lo repite: «Nombrar a la gente es respetar». 

Con el laboratorio curatorial Hilos invisibles quedan sobre la mesa las preguntas del Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza. Fue el punto de partida para volver a nombrarnos, un reflejo de esa esperanza inextinguible por vivir en paz. 

A partir del gesto de volver a nombrar, el encuentro se desplegó como un espacio de intercambio y escucha entre comunidades, creadores, investigadores y comunicadores. Fue una trama de diálogos pensados para reflexionar colectivamente sobre la memoria, la dignidad y la reparación simbólica, así como sobre los vacíos que aún persisten en estos procesos. La diversidad de voces convocadas permitió ampliar las miradas y tensionar las formas tradicionales de narrar el conflicto y sus efectos. 

En los días siguientes del desarrollo del encuentro se combinaron distintos formatos como talleres de las comunidades invitadas, laboratorios con invitados expertos en áreas de derechos humanos y recorridos por espacios de memoria en la ciudad de Cali. Esta estructura buscó romper la separación entre quien “enseña” y quien “aprende”, y situar a las comunidades como protagonistas en la transmisión de saberes, experiencias y prácticas culturales. 

El diálogo entre experiencias hizo visibles los retos en la construcción de paz y resaltó la importancia de fortalecer vínculos entre generaciones y territorios. Durante los momentos de intercambio, las comunidades compartieron elementos centrales de sus procesos culturales y de resistencia como sus saberes ancestrales, prácticas artísticas, memorias del dolor y estrategias colectivas para sostener la vida en contextos atravesados por la violencia. Estas experiencias de resistencia y resiliencia se pusieron en conversación con reflexiones sobre comunicación, lugares de memoria, derechos de las víctimas y justicia transicional.  

Allí, y entendiendo que se ampliaba el horizonte de experiencias con el reconocimiento de procesos de memoria en Cali, el acto de nombrar a los protagonistas, los hechos, los lugares se convertía en una necesidad para respetar y dignificar su cultura e historia.  

El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes le agradece al IUIPC y al semillero Mácula por los diálogos sostenidos, los espacios y el acompañamiento en la documentación fotográfica durante el desarrollo del Encuentro por las memorias, la dignidad y la esperanza.

 ***

 

Foto de <b>Beatriz Millán</b>.
Foto de Beatriz Millán.

 

Foto de <b>Beatriz Millán</b>.
Foto de Beatriz Millán.

 

Foto de <b>Hellen Sánchez</b>.
Foto de Hellen Sánchez.

 

Foto de <b>John Díaz</b>.
Foto de John Díaz.

 

Foto de <b>Silvana Ortega</b>.
Foto de Silvana Ortega.

 

Foto de <b>Silvana Ortega</b>.
Foto de Silvana Ortega.

 

Foto de <b>Vanessa López</b>.
Foto de Vanessa López.

 

 

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