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Kendrick Lamar en busca de sí mismo

27 de septiembre de 2025 - 8:34 pm
El rapero de Compton, California, se presenta hoy en Bogotá con su gira Grand National Tour. En este fragmento de su libro Normas Rappa (2020), el autor analiza la rabia y redención adolescentes en el álbum good kid, m.A.A.d city (2012).
Ilustración de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.
Todas las ilustraciones son de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.

Kendrick Lamar en busca de sí mismo

27 de septiembre de 2025
El rapero de Compton, California, se presenta hoy en Bogotá con su gira Grand National Tour. En este fragmento de su libro Normas Rappa (2020), el autor analiza la rabia y redención adolescentes en el álbum good kid, m.A.A.d city (2012).

I

¿Recuerdas la primera vez que fumaste marihuana? ¿Te dio la pálida, hambre o solo te reíste por horas? La primera vez que Kendrick Lamar fumó, terminó botando espuma por la boca: al blunt que le rotaron le habían espolvoreado «polvo de ángel». Nunca volvió a hacerlo, pero cristalizó la experiencia en el título de su álbum good kid, m.A.A.d city; el m.A.A.d quiere decir my Angels on Angel dust. Así pasa en Compton, California: aunque seas un buen niño, tienes que cuidarte de los ataques de la ciudad. Y también de la bareta que te rotan. 

Kendrick Lamar Duckworth nació el 17 de junio de 1987 en Compton, California. Sus padres, Kenny y Paula, habían migrado de una vida pandillera en Chicago con quinientos dólares y el deseo de una vida mejor; «no puedo estar contigo si no intentas mejorar tu vida. No podemos estar en las calles para siempre», cuenta Kendrick que le dijo su mamá a su papá, involucrado con los Gangster Dicsciples, como ultimatum. El plan era llegar hasta San Bernardino, pero la tía Tina estaba en Compton. «Les consiguió un hotel y los ayudó. Mi mamá consiguió trabajo en McDonald’s. Durmieron en el carro o donde podían por unos años. Eventualmente, ahorraron lo suficiente para arrendar un apartamento, y ahí fue cuando me tuvieron», recuerda Kendrick. 

Creció feliz en Compton. Un gran estudiante, el mayor de cuatro hermanos, solitario e independiente desde pequeño, tanto que sus papás lo apodaron «Man-Man». Desde los ocho años ya rapeaba. Desde los ocho años ya conocía la muerte: «Venía caminando de la primaria McNair. Había un tipo en su carro y llegó otro man y “boom boom”, lo mató. Después de eso, te vuelves indiferente». 

En 2004, sacó su primer mixtape, bajo el nombre de K-Dot, y en 2009 presentó su mixtape The Kendrick Lamar EP, su primer proyecto con su nombre de pila. good kid, m.A.A.d city —publicado el 22 de octubre de 2012 por Top Dawg Entertainment, Aftermath Entertainment e Interscope Records— es su major label debut: la exploración adolescente de un día de supervivencia en el campo minado de Compton. 

El subtítulo es «A Short Film by Kendrick Lamar». Este es un disco cinematográfico: podría hacer parte de un festival que incluyera Do The Right Thing y Boyz n the Hood, o ser la banda sonora de la cuarta temporada de The Wire. Kendrick y Tarantino no son tan lejanos: «Hay distintos giros en el disco. Es la historia de un día en mi vida y la de mis amigos. No quería que fuera canción por canción, sino que cada pieza te lleve a ciertos puntos y ciertas conexiones. Casi como una sensación de Pulp Fiction —tienes que escucharlo más veces para vivir y respirar con él», explica.

En la portada, una foto vieja muestra a Kendrick bebé en el regazo de uno de sus tíos. A los lados están su abuelo y otro tío. En la mesa hay una botella de licor junto a su tetero. Solo a Kendrick se le ven los ojos. «Todo lo que van a escuchar es real», parece decirnos. «No me estoy inventando nada». 

Ilustración de Gavilán para <i>Normas Rappa</i> (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.

Ilustración de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.
Ilustración de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.

II

good kid, m.A.A.d city empieza en El Segundo con Central; ambas son calles de Compton, pero él no lo dice: va rapeando y construyendo el mundo, nosotros debemos seguirle el ritmo, interpretar las señas.  Kendrick conoce a Sherane en una fiesta casera en  «Sherane a.k.a. Master Splinter’s Daughter»; hacia el final del tema, maneja hacia su casa en la van de su mamá. Casi choca contra el Corvette del frente cuando recibe una foto de sus tetas. Solo piensa en sexo y en sus piernas. Ya va llegando, la ve a lo lejos. Y luego ve a cuatro tipos encapuchados: una emboscada.

Sigue «Backseat Freestyle» que, en la narrativa no lineal, nos devuelve a esa mañana. Al interior de un carro, un grupo de adolescentes intercambia rimas furiosas. Como Martin Luther King, Kendrick también tiene un sueño: dinero, poder y un pipí del tamaño de la torre Eiffel. Recuerda: «A los trece rapeaba sobre matar personas. Probablemente maté trece personas en una estrofa. Vendí muchas drogas en una estrofa. Era todo lo que veíamos, lo que había a nuestro alrededor. Sentíamos que la ciudad se podía relacionar con eso. Conforme fui madurando, me di cuenta de que podía hablar sobre mucho más. Eso vino mientras maduraba y me hacía adulto, y entendía las responsabilidades que tenía porque la gente me escuchaba. Ahí fue que todo cambió». 

Kendrick y sus amigos van en un Toyota blanco por las calles de Compton. Son cuatro: L Boog, Yan Yan, YG Lucky y él. Tienen medio tanque de gasolina, gaseosa de naranja, una pistola y una caleta donde guardan las drogas por si los detiene la policía. Fuman marihuana, toman Hennessy y buscan mujeres y problemas. Avanzan mientras suena el primer álbum de Jeezy, Let’s Get It: Thug Motivation 101, el sol los azota con fuerza y el aire acondicionado está roto. El hambre los persigue más rápido de lo que avanza el Toyota. La canción es «The Art of Peer Pressure». 

El Toyota se detiene frente a una casa. La han estado vigilando por dos meses para robarla. Entran y empiezan a saquear todo lo que pueden, hasta que se dan cuenta de que hay alguien en la casa. La policía los persigue, pero esta es su noche de suerte: logran escapar. Kendrick no suele ser violento, no suele tomar ni drogarse, pero pesa más la presión de sus amigos, un grupo al que pertenece, que lo protege y lo pone en peligro a la vez. Aliviados, celebran su escape y bromean sobre la noche que se viene para Kendrick: al fin se va a encontrar con Sherane. 

«Money Trees» expone una decisión por tomar, para Kendrick y para todos sus amigos. Así la explica él: «Puedes o ir derecho o desviarte y enloquecerte con nosotros. Básicamente estamos celebrando los males del mundo. Entonces, puedes quedarte o no, no importa. “Aleluya” es el bien y “Halle Berry” es el vicio: la búsqueda de mujeres, de plata, de la misión en la que estamos. Elige tu veneno, y dime lo que vas a hacer. Pero cuando me lo digas, dímelo completo. No tenemos tiempo para esperar». 

Nos encontramos de nuevo en la emboscada frente a la casa de Sherane. Kendrick está herido y humillado. Así llega la diada en tensión de «good kid» y «m.A.A.d city», que arman el corazón del álbum. En «good kid», producida por Pharrell,  Kendrick rechaza el papel que la sociedad le asigna: víctima o verdugo, en la cárcel o muerto. Rapea desde las trincheras, con la desesperación de un prisionero en una celda que se contrae, sobre las amenazas que enfrenta. Los Bloods y los Crips lo acosan, aunque no haga parte de ningún bando. La Policía lo acosa más, una pandilla aún peor. «Cuando era adolescente, la mayoría de mis interacciones con la policía no fueron buenas. Había algunos buenos que de verdad protegían la comunidad, pero la mayoría, aunque no me había visto en la vida, me tiraba sobre su carro  porque era un niño negro con shorts de basket y una camiseta blanca. Tenía dieciséis años. Y aún si no fuera un niño bueno, eso no les daba el derecho a tirar a un menor de edad al pavimento o sacarle una pistola». 

Si en «good kid» Kendrick se resiste a caer en el ciclo de violencia, en «m.A.A.d city» la marea lo arrastra. Son imágenes frenéticas y agresivas de recuerdos de cuerpos, con el síndrome de estrés postraumático en pleno efecto. Kendrick se plantea como el sacrificio humano de su ciudad. Quizás es un intento por aplacar la sed de sangre de los dioses. ¿Bastará eso? ¿Acaso hay dioses a los que aplacar?

Para terminar «m.A.A.d city», Kendrick se dirige a nosotros, nos interpela. Ni siquiera rapea, habla, y eso le da aún más peso a sus palabras: ¿le creeríamos si nos dijera que mató a alguien a los dieciséis? La pregunta queda abierta. Así lo explicó luego: «Te lo pongo de esta forma: he visto mi propia sangre derramada, y he sido la causa de que otros derramen su sangre. Hubo medio segundo en el que sentí lo que mis amigos sentían, que me importaba una mierda todo,  y entonces supe que tenía que hacer algo distinto». 

El alcohol anestesia la paliza en «Swimming Pools»: «es otra canción que se remonta a la influencia de la gente que había a mi alrededor y en mi casa mientras crecía. Vengo de una casa en la que tenías que tomar una decisión: o eras un bebedor casual o un borracho». Entonces, borrachos, Kendrick y sus amigos deciden buscar venganza. Vuelven a casa de Sherane. Se desata un tiroteo. Dave, un amigo de Kendrick, muere.

La catarsis de good kid, m.A.A.d city vive en «Sing About Me, I’m Dying of Thirst», una de sus mejores canciones y un punto de inflexión en el disco, es decir, en su vida. A partir de la muerte de Dave, Kendrick se detiene, reflexiona sobre su quehacer como MC y lo que conlleva rapear las historias de su barrio. En la primera estrofa, Kendrick rapea desde la perspectiva del hermano de su amigo, que le agradece por acompañarlo mientras moría. Aun así, no puede abandonar el deseo de venganza. Es la mentalidad pandillera, que él mismo reconoce como absurda: morir y matar por colores. Pero el hermano de Dave ve en Kendrick la pasión que lo puede sacar del ciclo mortal, en el que él se encuentra atrapado. Acepta su destino, y antes de que acabe su testimonio, suenan disparos: la frase queda incompleta. 

En la segunda estrofa, la narradora es la hermana de Keisha, una prostituta adolescente asesinada en Section.80, que le reclama a Kendrick con qué derecho contó su historia. Ella misma, admite, no tiene otra opción más que seguir ese camino, necesita la plata rápido. Le exige a Kendrick que no la incluya en el álbum, no necesita atención. No se desvanecerá, afirma, mientras su voz se desvanece.

En la tercera estrofa, Kendrick considera la posibilidad de que su rap esté invocando más violencia y sufrimiento para su comunidad. Tiene que rapear lo que ha vivido: se lo debe a sí mismo, a los suyos y a Compton. La pregunta es cómo hacerlo de la manera correcta, respetando los códigos de su ciudad. Kendrick le agradece al hermano de Dave y  se disculpa con la hermana de Keisha: no quería entrometerse, sino contar su historia y ayudar a romper el ciclo, el mismo del que él haría parte si no continuara rapeando. Al final, concluye, espera que sus relatos logren que alguien cuente su historia cuando él ya no esté. 

En la mayoría de good kid, m.A.A.d city, Kendrick rapea desde dentro, narrando en tiempo real. Acá, sin embargo, se reconoce como narrador y nos reconoce como audiencia. Pero no pierde de vista la perspectiva adolescente, la posibilidad de que muera como Dave. Así explica esa estrofa: «Hubo un verano en particular tan caliente que no podías caminar a la esquina, porque los barrios estaban en guerra. Te miras al espejo y dices “Mierda, este puede ser mi último día caminando acá como un adolescente”. Todo ese verso es sobre afrontar la idea de la muerte siendo un niño». 

En la segunda parte de la canción, «Dying of Thirst», Kendrick rapea desde el agotamiento y el cansancio. Se compara con Tre, el personaje interpretado por Cuba Gooding Jr. en Boyz N The Hood, un adolescente inteligente y con sueños de salir del barrio que lucha contra la muerte que lo rodea. Está cansado de tantos pecados, de solo pensar en plata y mujeres, del estrés de la vida en Compton. Lo repite en el coro: está muriendo de sed.

Ilustración de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.
Ilustración de Gavilán para Normas Rappa (2020), de Santiago Cembrano y Gavilán, publicado por Quimbombó Editorial.

III

Una mujer —interpretada por Maya Angelou, la escritora, poeta, cantante y activista por los derechos civiles— interrumpe la rabia, el dolor y el deseo de venganza tras la muerte de Dave. «¿Por qué están tan molestos? Ustedes, jóvenes, están muriendo de sed. ¿Saben lo que eso significa? Que necesitan agua, agua bendita. Necesitan ser bautizados, con el espíritu del Señor», les dice a Kendrick y sus amigos. Todos repiten la Oración de Pecador, la misma que abre el disco. Reciben a Dios como su salvador y se aceptan como pecadores. Así pueden calmar su sed y su angustia. Así se rompe el ciclo de violencia. El cambio de mentalidad es inmediato luego del bautizo: «Bueno, recuerden este día», les dice la señora. «Este es el inicio de una nueva vida, su verdadera vida”. 

good kid, m.A.A.d city puede leerse como la búsqueda de Kendrick por el respeto y su lugar en el mundo. En «Money Trees» rechaza la violencia, quizás la forma más rápida de ser respetado, mientras que en «good kid», aplastado por distintas botas en el fuego cruzado, jura que algún día lo van a respetar. El día llega en «Real», el final de la redención. «Pasé todo un álbum y un momento en mi vida sin saber quién era o pensando en que lo sabía todo y que amaba mucho a mis amigos. Y punto, ahí se acaba el amor, en las calles. Pero en el fondo, no sabía quién era yo. Solo estaba atrapado en el mismo ciclo que todos los demás. ¿Cómo podía amar a los demás si no sabía quién era yo? ¿Cómo puedo amar mi ciudad si no sé quién soy? Que yo los ame es tomar la decisión correcta por ellos, y hacer lo correcto por estos niños ahí fuera, y no lo estaba haciendo, ¿me entiendes?». 

Luego de la muerte de Dave, los papás de Kendrick le dejan un mensaje de voz. Empieza su papá: «Cualquier negro puede matar a un hombre, y eso no te hace real. Lo real es la responsabilidad. Lo real es cuidar a tu hijueputa familia. Lo real es Dios, negro». Y sigue su mamá: «Si no escucho de ti hasta mañana, espero que vuelvas y aprendas de tus errores. Vuelve como un hombre y cuenta tu historia a estos niños negros de Compton. Déjales saber que tú eres como ellos, pero que aun así saliste de ese lugar oscuro de violencia, te volviste una persona positiva. Cuando lo hagas, hazlo con palabras positivas y de apoyo, es la mejor forma de devolverle a tu ciudad. Te amo, Kendrick. Si no te escucho tocar, sabes dónde está la llave».

Entonces el disco se detiene y suena como una película que se adelanta. «Real» marca el inicio y luego viene «Compton», un nuevo capítulo. Kendrick deja de lado la violencia y encuentra con la música el poder y el respeto que había estado buscando: él dirige su vida. Por eso abandona el apodo de K-Dot y se presenta como Kendrick Lamar, con los dos nombres que le pusieron sus padres. 

«Es una reflexión sobre la gente con la que crecí. Gente a la que llaman delincuentes en mi ciudad. Compton suele verse como un lugar negativo. Yo quería explicar la situación de la ciudad», dice Kendrick sobre good kid, m.A.A.d city. ¿Cuántos adolescentes como él en todo el mundo se sienten atrapados? ¿Cuántas muertes surgen de la desesperación ante el no futuro? Por eso es tan potente que el final abra una nueva posibilidad, y que esta no sea mera retórica sino el relato de un man que logró escapar. Que lo cuenta para ayudar a que más gente como él rompa el ciclo. 

Se trata del disco que le cambió la vida, pero el impacto fue colectivo. «good kid, m.A.A.d city es nuestro mundo. Recuerdo que cuando salió, la gente con la que crecí no podía entender cómo habíamos reflejado eso en la música. Literalmente lloraron de alegría cuando lo escucharon, porque a esta gente la sociedad le huía. Pero yo sé cómo son sus corazones, son grandes personas. Y que yo pueda contar mi historia, que es su historia también, hace que ellos sientan que hay compasión para gente como nosotros, que nos ven como más que asesinos o vendedores de droga. Solo éramos niños». 

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