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«El periodista no es un héroe»: Leila Guerriero

10 de febrero de 2025 - 12:22 pm
El último libro de la periodista argentina es un un perfil de Silvia Labayru, militante montonera que en 1976 fue secuestrada por la dictadura de Videla. Fue de las pocas que logró sobrevivir. Leila Guerriero habló de La llamada con Ana Cristina Restrepo en el Hay Festival de Cartagena.
Leila Guerriero habló sobre La llamada con Ana Cristina Restrepo en el Hay Festival de Cartagena.

«El periodista no es un héroe»: Leila Guerriero

10 de febrero de 2025
El último libro de la periodista argentina es un un perfil de Silvia Labayru, militante montonera que en 1976 fue secuestrada por la dictadura de Videla. Fue de las pocas que logró sobrevivir. Leila Guerriero habló de La llamada con Ana Cristina Restrepo en el Hay Festival de Cartagena.

Leila Guerriero dice en <i>Zona de obras</i> que escribe como si estuviera boxeando. Al escucharla, queda la impresión de que habla de la misma manera.

Solo una personalidad como la suya podría haber escrito un libro tan crudo como <i>La llamada</i>. Más que el retrato de Silvia Labayru, militante montonera que logró sobrevivir al secuestro de su propio Estado, esta obra reconstruye la historia de Argentina. La de Silvia es una entre muchas historias que entretejen el relato de los años convulsos bajo el régimen de Jorge Rafael Videla, que gobernó Argentina entre 1976 y 1981.

En el marco del Hay Festival, Leila Guerriero y la periodista Ana Cristina Restrepo conversaron sobre <i>La llamada</i>, el más reciente libro de Guerriero. Durante la charla, la autora explicó que su decisión de narrar en primera persona responde a las contradicciones que encontró en Silvia y que logra retratar con una riqueza de matices que la vuelven aún más fascinante: como si su sola existencia no bastara. Encontrar el punto exacto entre la cercanía necesaria y la distancia suficiente la llevó a contar la historia de este modo.

Es una conversación necesaria para Colombia, un país donde la desaparición forzada y el secuestro no han cesado. Un país que intenta narrar una historia de terror que aún no termina, pero que, sin embargo, debe ser contada. No solo para no repetirla, sino para hacer justicia con las miles de víctimas atrapadas en este bucle de violencia nuestro.

El cuerpo de las mujeres, históricamente un botín de guerra, aparece en esta obra bajo la inquietante pregunta sobre el consentimiento. La periodista Ana Cristina Restrepo lo señala con estremecimiento, pues es, sin duda, uno de los momentos más difíciles de leer en el libro: «El consentimiento es un tema en el que no se ha profundizado lo suficiente».

No lo ha sido, primero, porque no estaba separado de la tortura; hasta hace muy poco, ni siquiera se consideraba un delito en sí mismo. No solo porque, entre tantas atrocidades, parecía menor, sino porque—y esto es escalofriante—la violación de las prisioneras de la ESMA era vista como una afrenta a la hombría de sus compañeros montoneros.

Los testimonios de las y los sobrevivientes de la dictadura argentina no han sido suficientemente divulgados. Una de las razones es el resquemor que causa su propia supervivencia. Marta Álvarez, una de las entrevistadas por Guerriero, lo expresa con crudeza en el libro. En la conversación, su testimonio reaparece como un eco de la invisibilidad a la que han sido condenados:

«Vivos los llevaron, vivos los queremos, decían. Pero volvimos vivos y no nos quisieron para nada». La desconfianza de la sociedad fue un golpe brutal de realidad. «Algo habrán hecho para estar vivos», pensaron muchos.

Cuando le preguntan por el papel del periodismo en un país como Colombia y sobre la forma de hacer memoria, Leila es tajante: «El rol del periodismo es hacer las cosas más complejas. Tener rayos X en los ojos para ver más allá. Pero no se puede pensar en el periodista como un héroe: el papel del Estado es fundamental para contar la historia. Sin los juicios y condenas a los responsables de la dictadura de Videla, no habría historia que narrar».

Es el Estado quien debe garantizar el escenario para la verdad. Y ahí sí, como periodistas, complejizar tanto como sea posible. Pero la pregunta sigue abierta: ¿cómo contar lo que duele hasta lo indecible? ¿Cómo hacer justicia con las víctimas sin traicionar su historia? No basta con recordar. Hay que nombrarlo, sentirlo, dejar que nos atraviese. Solo así el pasado dejará de ser una sombra.

 

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