ETAPA 3 | Televisión

Manifiesto (latente) del teatro fronterizo

28 de enero de 2025 - 1:59 am
Cotidianidad frente al mar Pacífico. Un hombre se balancea sobre un motocamión cargado de timbos de gas cerca del muelle de Juanchaco, Buenaventura, donde la vida fluye entre lanchas, transeúntes y las labores diarias. Foto de María Andrea Parra.
Cotidianidad frente al mar Pacífico. Un hombre se balancea sobre un motocamión cargado de timbos de gas cerca del muelle de Juanchaco, Buenaventura, donde la vida fluye entre lanchas, transeúntes y las labores diarias. Foto de María Andrea Parra.

Manifiesto (latente) del teatro fronterizo

28 de enero de 2025

I

Hay territorios en la vida que no gozan del privilegio de la centralidad.

Zonas extremas, distantes, limítrofes con lo Otro, casi extranjeras.

Aún, pero apenas propias.

Áreas de identidad incierta, enrarecidas por cualquier vecindad.

La atracción de lo ajeno, de lo distinto, es allí intensa.

Lo contamina todo esta llamada.

Débiles pertenencias, fidelidad escasa, vagos arraigos nómadas.

Tierra de nadie y de todos.

Lugar de encuentros permanentes, de fricciones que electrizan el aire.

Combates, cópulas: fértiles impurezas.

Traiciones y pactos. Promiscuidad.

Vida de alta tensión.

Desde las zonas fronterizas no se perciben las fronteras.

II

Hay gentes radicalmente fronterizas.

Habiten donde habiten, su paisaje interior se abre siempre sobre un horizonte foráneo.

Viven en un perpetuo vaivén que ningún sedentarismo ocasional mitiga y, además de la propia, hablan algunas lenguas extranjeras.

Se trata, generalmente, de aventureros frustrados, de exploradores más o menos inquietos que, sin renegar de sus orígenes, los olvidan a veces.

No debe confundírseles con los conquistadores. Ni con los colonos. Es obvio que ni llevan banderas ni acarrean arados. Raramente prosperan o son enaltecidos.

Todo lo más, acampan en la vida hasta que comienza a hacérseles familiar el entorno. O hasta que llegan otros y se instalan, y el paisaje comienza a poblarse y a delimitarse.

Entonces parten, hacia adentro o hacia afuera, hacia un lugar sin nombres conocidos.

Carecen por completo de amor a las costumbres.

III

Hay una cultura fronteriza también, un quehacer intelectual y artístico que se produce en la periferia de las ciencias y de las artes, en los aledaños de cada dominio del saber y de la creación.

Una cultura centrífuga, aspirante a la marginalidad, aunque no a la marginación, que es a veces su consecuencia indeseable, y a la exploración de los límites, de los fecundos confines.

Sus obras llevan siempre el estigma del mestizaje, de esa ambigua identidad que les confiere un origen a menudo bastardo. Nada más ajeno a esta cultura que cualquier concepto de pureza, y lo ignora todo de la Esencia.

Es, además, apátrida y escéptica y ecléctica.

De su desprecio por los cánones le viene el ser proclive a la Insignificancia y a la desmesura.

Como, por otra parte, no pretende servir a ningún pasado, glorioso o infame o humilde es contraria a la ley de la herencia, ni piensa contribuir a la edificación del futuro, sus obras son casi tan efímeras como la misma vida.

Ello no obsta para que en sus enclaves, en sus regiones imprecisas, ausentes de los mapas, irrumpan vocingleras las vanguardias, levanten sus tinglados los doctores académicos y acaben erigiéndose museos.

No hay por qué lamentarse demasiado. Surgen, aquí y allá, nuevas fronteras culturales. Incluso en lo que fueron antaño metrópolis del arte y de la ciencia, abandonadas hace tiempo, olvidadas acaso o mal comprendidas por los actuales mandarines, pueden abrirse parajes inusitados, remotos horizontes extranjeros.

Ocurre también que alguien descubre lindes transitables entre dominios en apariencia distantes, zonas de encuentro entre dos campos que se ignoraban mutuamente.

Así que, a la deriva, a impulsos del azar o del rigor, discurre permanentemente una cultura fronteriza, allí donde no llegan los ecos del Poder.

IV

Hay —lo ha habido siempre— un teatro fronterizo.

Íntimamente ceñido al fluir de la historia, la Historia, sin embargo, lo ha ignorado a menudo, quizá por su adhesión insobornable al presente, por su vivir de espaldas a la posteridad. También por producirse fuera de los tinglados inequívocos, de los recintos consagrados, de los compartimentos netamente serviles a sus rótulos, de las designaciones firmemente definidas por el consenso colectivo o privativo.

Teatro ignorante a veces de su nombre, desdeñoso incluso de nombre alguno.

Quehacer humano que se muestra en las parcelas más ambiguas del arte; de las artes y de los oficios. Y en las fronteras mismas del arte y de la vida.

Oficio multiforme, riesgo inútil, juego comprometido con el hombre.

Es un teatro que provoca inesperadas conjunciones o delata la estupidez de viejos cismas, pero también destruye los conjuntos armónicos, desarticula venerables síntesis y hace, de una tan sola de sus partes, el recurso total de sus maquinaciones. De ahí que con frecuencia resulte irreconocible, ente híbrido, monstruo fugaz e inofensivo, producto residual que fluye tenazmente por cauces laterales. Aunque a veces acceda a Servir una Causa, aunque provisionalmente asuma los colores de una u otra bandera, su vocación profunda no es la Idea o la Nación, sino el espacio relativo en que nacen las preguntas, la zona indefinida que nadie reivindica como propia. Una de sus metas más precisas —cuando se las plantea— sería suscitar la emergencia de pequeñas patrias nómadas, de efímeros países habitables donde la acción y el pensamiento hubieran de inventarse cada día.

Pero no es, en modo alguno, un teatro ajeno a las luchas presentes.
Las hace suyas todas, y varias del pasado, y algunas del futuro. Solo que, en las fronteras, la estrategia y las armas tienen que ser distintas.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

5 de junio de 2026
El documental El juego de la vida, de Mario Andrés Ruiz Zuluaga, siguió durante catorce años a cinco familias colombianas para preguntarse qué determina nuestro destino y si podemos cambiarlo. Una de sus revelaciones no tiene que ver solo con la movilidad social, sino con quién tiene tiempo para comprender su propia historia. 

Array

4 de junio de 2026
Mientras los billonarios imaginan la salvación de la humanidad a través de la inteligencia artificial, la filósofa y black-metalera Haela Ravenna Hunt-Hendrix, líder de la banda Liturgy, plantea el misterio religioso como bálsamo para la desesperanza: arte, compasión y mística para construir el Reino de los Cielos aquí en la Tierra. Hablamos con ella antes de su presentación en Bogotá este 6/6/26 en el Festival Caballito del Diablo.

Array

3 de junio de 2026
Con traje de fontanero, respirador con filtros y cámara en mano, el artista Mauricio Carmona Rivera se internó en los subsuelos de Bogotá y Medellín para conocer sus vestigios arquitectónicos. Katabasis, la exposición que inaugurará este 4 de junio en la Galería Santa Fe, muestra cómo aquello que solemos asociar con descomposición y desecho puede adquirir una extraña apariencia sacra.

Array

1 de junio de 2026
La historia de un joven Abelardo Castillo enfrentado a un maestro severo sirve para pensar qué significa realmente aprender a escribir y todas las decisiones que hay detrás de una sola frase.

Array

31 de mayo de 2026
Durante la FILBo 2026, el editor web de Gaceta, Santiago Cembrano, habló con Laura Arévalo (editora de El magazín cultural de El Espectador), Sebastián Narváez (director de Sudakas Media) y Santiago Erazo (editor de El Malpensante) sobre el momento que vive el periodismo cultural en Colombia. Sus retos, sus oportunidades y sus transformaciones; qué cuenta y qué se queda por fuera; y, sobre todo, las razones que este oficio ofrece para mantener el optimismo.

Array

29 de mayo de 2026
A propósito de una carta de María Enciso a Gabriela Mistral, este artículo sigue las huellas de una intelectual republicana en Colombia: su llegada a Barranquilla, sus vínculos literarios y las tensiones políticas que dejó la Guerra Civil española a ambos lados del Atlántico.

Array

26 de mayo de 2026
Mientras Woodstock electrizaba al mundo con guitarras y rebeldía, Totó la Momposina y Gloria Triana emprendieron un viaje por la Depresión Momposina para escuchar otras voces. Entre estos ríos y ciénagas encontraron la memoria viva de las cantaoras del Caribe.

Array

25 de mayo de 2026
Roger Moore nunca rompió el personaje: incluso fuera de cámara seguía actuando como James Bond. Este recuerdo de infancia —y un reencuentro años después— nos habla sobre el encanto, el humor y la elegancia de un actor que entendía el poder de la ficción.

Array

24 de mayo de 2026
Sonia Basanta Vidales, más conocida como Totó la Momposina, murió el pasado 17 de mayo en México, a los 85 años. Durante más de medio siglo difundió la tradición musical del Caribe y recorrió el mundo con cumbias, porros, mapalés y bullerengues. Su discografía y su trabajo como investigadora la hacen una figura imprescindible y brillante en la historia de la música en Colombia, una que todavía podemos seguir explorando y descubriendo. Para reflexionar sobre su vida, su obra y su legado, y lo que falta por contar de Totó la Momposina, el editor web de Gaceta Santiago Cembrano habló con Patricia Iriarte, autora del libro Totó. Nuestra diva descalza.

Array

22 de mayo de 2026
Antes de convertirse en una gran artista, Beatriz González fue simplemente Beatriz, la compañera de curso de la madre de Yolanda Reyes en un colegio de Bucaramanga. De esa coincidencia escolar nació una amistad que atravesó ciudades, matrimonios, mudanzas y décadas, y que nunca se interrumpió, ni siquiera cuando ambas dejaron su tierra natal para instalarse en Bogotá. De ese vínculo duradero surge también esta Beatriz de puertas adentro: la mujer antes que la artista, la amiga antes que el ícono, y la familia santandereana —tan inspirada como excéntrica— que, sin proponérselo, ayudó a modelar la mirada singular que ella llevaría al mundo.