ETAPA 3 | Televisión

Pedro Páramo: ¿Cómo filmar un fantasma?

17 de noviembre de 2024 - 12:03 pm
Netflix ha alcanzado a Rulfo. Una crítica de la novela que distorsionó el espacio entre vivos y muertos ahora que llega al cine. ¿Cómo traducir las cosas que dice un escritor para que sean mostradas?
Pedro paramo netflix
Pedro Páramo (2024). Dirigida por Rodrigo Prieto.

Pedro Páramo: ¿Cómo filmar un fantasma?

17 de noviembre de 2024
Netflix ha alcanzado a Rulfo. Una crítica de la novela que distorsionó el espacio entre vivos y muertos ahora que llega al cine. ¿Cómo traducir las cosas que dice un escritor para que sean mostradas?

La red de Netflix atrapó a Juan Rulfo. La industria es rampante y no respeta escrúpulos, mucho menos literarios: una novela no es tan rentable en las librerías como en las salas de cine. Desde mediados de los años cincuenta, cuando Pedro Páramo fue un cataclismo que en su brevedad tardó en deslumbrar a los lectores, perplejos por el tono mítico y seco de su narración, aún así el futuro estaría asediado en términos cinematográficos: Carlos Velo se aventuró a filmar la novela en los años sesenta, apoyado en el guión que escribió con Carlos Fuentes y Manuel Barbachano Ponce, prestándole su rostro a Páramo un actor californiano: John Gavin; en la década siguiente, José Bolaños, descendiente de gallegos y amante de Marilyn Monroe, también se atrevió con Páramo, que al menos fue interpretado por un actor mexicano: Manuel Ojeda.

El reto: Hitchcock lo dijo: «un cineasta no debe decir cosas, debe mostrarlas». ¿Cómo traducir entonces las cosas que dice un escritor para que sean mostradas? El término «adaptación» es equívoco. Tal vez sea más atinada la definición de «parodia» –sin el tono burlesco que implica–: en la pantalla se resta lo que es básico en la literatura, sus palabras, reduciendo a un golpe visual el arte de la descripción, la certeza de los adjetivos, la pirotecnia de la escritura resumida por el ojo implacable de la cámara.

Ahora el turno de Pedro Páramo es para el director de fotografía Rodrigo Prieto, acróbata de la luz que revela sus prodigios con el talento que ha demostrado en medio centenar de películas dirigidas por un neurótico del color como es Pedro Almodóvar, un maestro de la narración hecha imagen como es Martin Scorsese, una dramaturga extraviada en el cine como es Julie Taymor o alguien tan delicado como Ang Lee en Brokeback Mountain o Lust, Caution, entre otros –otros que son Alejandro González Iñárruti, Terrence Malick, Curtis Hanson, Jorge Alí Triana y una galería que certifica parte de lo que ha sido el cine en la bisagra del siglo XX al XXI–.

Su guionista, Mateo Gil, calcó la anécdota del hijo que busca a su padre en un pueblo de fantasmas y se arriesgó a los saltos cronológicos con los que el relato entreteje el misterio, resuelto con la brujería visual que hace de la muerte de Páramo, en las páginas y en la pantalla, «un montón de piedras».

Las escenas respetan en su transición los fragmentos con los que Rulfo ensambló su rompecabezas narrativo. Pasamos de un espacio y de una situación a otra con la fluidez de la cámara –perdiéndose los matices del monólogo interior del hijo cuando después de prometerle a su madre que buscará a Pedro Páramo le susurra al lector que no cumplirá su promesa: «Hasta ahora pronto que comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones»–.

En Pedro Páramo según Prieto y Gil la trama avanza, a pesar de la distancia entre una época y otra, como en Los tres mosqueteros, donde el suspenso sucede no por lo que están a punto de hacer los personajes sino por lo que dicen. «Se basa no tanto en la acción narrativa como en la confrontación dramática», según el traductor de Dumas al inglés Richard Pevear. Y lo que se dice se muestra en la pantalla así como lo que no se dice se muestra a través de los flashbacks del recuerdo visto por el ojo sofisticado de Prieto o recurriendo a los efectos especiales que acaso Rulfo jamás se imaginó en su novela, pues serían defectos especiales, cuando los muertos danzan trazando círculos en el cielo o una amante se transforma en un alud de barro, pero barro enamorado.

Pedro Páramo es un memorando a los lectores que acaso no crucen por la novela; les brinda una experiencia sostenida por decisiones de producción que contribuyen a manipular sus emociones –en Comala, donde todo es un susurro, la música de Gustavo Santaolalla no se detiene un segundo y enfatiza el dramatismo con el exceso sonoro–; la dirección de arte modeló el pueblo con la oscuridad de los relatos de terror que inquietan en contraste con los días luminosos en los que alguna vez brilló la vida, aunque fuera ultrajada por Páramo; sorprenden las tarjetas postales que resuelven en un segundo la filigrana de las descripciones: Tenoch Huerta como Juan Preciado se detiene en lo alto de una colina y ve en un parpadeo lo que Rulfo escribió: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche» –aunque todo es un desierto al inicio de la película–.

Quizás una forma de la neurastenia sea comparar el cine y la literatura sin admitir sus límites y exigiendo la ilusión de algo tan esquivo como la fidelidad. En todo caso, es un derecho legítimo para el lector descubrir el artificio como se ilustra una novela en el cine. Olvidándonos de Rulfo –algo imposible y retórico–, la versión de Prieto tiene la elegancia de su mirada y está llena de ecos que resuenan en la pantalla, aderezados por un sentido del espectáculo innecesario para Rulfo, trágico como un griego en este pueblo que, nos dice Juan Preciado, está cerca de Sayula, en algún lugar de Jalisco.

Recordemos a Fernando Trueba advirtiendo cómo ver una película por primera vez en un televisor, anula la plenitud de la historia magnificada en la sala. Acercarse a Rulfo por primera vez en la pantalla invade la fantasía del lector con el carácter contundente de las imágenes. Esperemos entonces que Rulfo tenga más lectores hasta rebasar al público de sus versiones filmadas.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

10 de julio de 2026
Entre el 4 y el 8 de junio de 2026, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes celebró en Bogotá el festival Lo Sagrado Universal, un encuentro de artistas e investigadores de distintas tradiciones que, a través del cuerpo, el sonido, el espacio y ciertas formas de la acción compartida, exploró los vínculos del ser humano con aquello que lo desborda y, al mismo tiempo, lo congrega. Este especial nace de esa experiencia, pero también de la pregunta que la sostiene: si, como pensó Max Weber, la modernidad desencantó el mundo, ¿qué significa que lo sagrado vuelva hoy a reclamar un lugar entre nosotros? ¿Se trata de un regreso, de una metamorfosis o de la persistencia —más secreta, más dispersa, pero no menos activa— de algo que, en realidad, nunca terminó de irse del todo?

Array

9 de julio de 2026
¿Qué revela un Mundial sobre los países que lo disputan? Este recorrido personal se adentra en la historia y la mitología del fútbol para abrir una ventana hacia ficciones nacionales, viejos conflictos y preguntas sobre quiénes somos.

Array

6 de julio de 2026
Algoritmos de ficción, subidas y bajadas en las cotizaciones de la bolsa de acciones y valores de Wall Street, cotizaciones de la bolsa de granos en Chicago, precios de las materias primas (commodities), derivados de esas cotizaciones que dependen de las fluctuaciones de la oferta y la demanda, confianza o desconfianza en el mercado, vaivenes de la economía china, más algoritmos en una pantalla que despiertan gritos, sonrisas y llantos: un circo de capital ficticio, el casino financiero que define la suerte y el destino de miles de millones de humanos que ignoran su existencia.

Array

5 de julio de 2026
En su nuevo álbum noquieroquemequieras, la cantautora bogotana Paula Pera y el fin de los Tiempos habla sobre el amor, el desamor y las emociones revueltas de toda una generación. El editor web de Gaceta, Santiago Cembrano, conversa con Paula sobre el repertorio sentimental de noquieroquemequieras, cómo narra los corazones rotos de sus amigas y la nostalgia como un lugar de encuentro.

Array

3 de julio de 2026
En el Caribe, el chisme es agua de vida. Bembeo, correveydile, radiobemba, cháchara, murmuración, cuento, bochinche, chismosería… dígasele como se le diga, hablar de la vida de los otros es una actividad apetecida que requiere información siempre fresca.

Array

2 de julio de 2026
En su primera encíclica, el papa León XIV contrapone dos formas de construcción en el mundo: por un lado, la torre de Babel, que, como la inteligencia artificial, aspira a superar lo humano; por el otro, la Jerusalén rehecha, donde los límites, la dignidad y la vocación del encuentro abren el camino de la magnificencia humana.

Array

1 de julio de 2026
El meme, esa prueba ácida y muestra del más elevado ingenio humano, analista de la actualidad en todos los niveles posibles, compañero inseparable, primer y último recurso ante el aburrimiento, subproducto bastardo de las tecnologías de la información, reclama su árbol genealógico.

Array

30 de junio de 2026
En esta vereda del Oriente de Antioquia no hay una sola tienda, ni una cantina, ni un restaurante, ni tampoco transporte público. La señal del celular es intermitente y el alumbrado llegó con más de cien años de retraso. ¿Es posible vivir sin la posibilidad de saber del mundo?

Array

26 de junio de 2026
Durante décadas, la historia cultural latinoamericana —y en particular la historia queer— se ha contado como una serie de ausencias o imitaciones: movimientos que parecen emular a los de Europa o Estados Unidos, tradiciones que no dejan rastro, archivos que reposan en lugares inaccesibles. Pero a veces basta reunir papeles dispersos para que ese relato cambie. Pedro Felipe Hinestrosa, uno de los responsables del Archivo Arkhé, que cumple diez años, reflexiona sobre la tarea de rescatar y organizar una tradición largamente dispersa.

Array

24 de junio de 2026
A mediados del siglo XIX, cuando el deseo entre hombres era castigado por la ley y condenado por la ciencia y la moral, un jurista alemán decidió intervenir en ese terreno hostil con una idea audaz: explicar esa diferencia no como crimen ni como vicio, sino como una forma legítima de la naturaleza humana. ¿Quién era ese abogado que se atrevió a desafiar las categorías jurídicas y morales de su tiempo, y qué lugar ocupa hoy en la historia de las luchas por la libertad sexual?