ETAPA 3 | Televisión

Pepe y Carlos Sánchez, los primeros en sacar las cámaras de televisión a la calle en Colombia

19 de diciembre de 2024 - 3:01 pm
Hermanos y cómplices, este par de bogotanos revolucionaron la manera de hacer televisión en el país y narrar las historias desde lo popular.
Además de su trabajo en televisión, Carlos Sánchez trabajó en películas como 'La gente de la universal', 'María Cano', 'Rodrigo D No Futuro' y 'El Colombian Dream'. Foto: Alberto Sierra Restrepo
Además de su trabajo en televisión, Carlos Sánchez trabajó en películas como La gente de la universal, María Cano, Rodrigo D No Futuro y El Colombian Dream. Foto: Alberto Sierra Restrepo

Pepe y Carlos Sánchez, los primeros en sacar las cámaras de televisión a la calle en Colombia

19 de diciembre de 2024
Hermanos y cómplices, este par de bogotanos revolucionaron la manera de hacer televisión en el país y narrar las historias desde lo popular.

Lo primero que se escucha al entrar en este apartamento del barrio Quinta Camacho, en Bogotá, es el crujir de las hojas de un árbol que se impone frente a la ventana de una sala repleta de portarretratos. En las fotos se ven todas las generaciones de la familia Sánchez. Al menos, desde que Julia, una fanática de hacer sombras chinescas con las manos, y Julio, un fotógrafo profesional, decidieron formar un hogar que terminaría siendo cuna de artistas y abogados. Este podría ser un apartamento cualquiera, el de «la familia pollito que preparaba los mejores desayunos» como decían tantas veces los amigos, pero aquí se conserva gran parte de la historia de la televisión colombiana.

Carlos Eduardo Sánchez, «Carlitos» para los más cercanos aunque ya tenga 78 años, se levanta de una poltrona estampada de color azul que le da la espalda al árbol que cruje y le otorga a él una visión general del resto del espacio. Más adelante sabremos que esa es su silla, que allí se sienta a conversar con aquellos a quienes llama «los bandidos», viejos amigos con los que recompone la memoria de una vida marcada por la militancia de izquierda y las cámaras.

El menor de los cinco hijos de Julia y Julio, vestido hoy de tonos fríos, con un pequeño prendedor dorado de la espada de Bolívar en el lado izquierdo de su pecho y un cigarrillo Marlboro rojo en sus dedos, se convirtió en director de fotografía porque la vida así lo quiso. Él fue la dupla —anónima para el televidente, indiscutible para quienes los vieron en acción— del director, guionista y actor Luis Guillermo «Pepe» Sánchez, su hermano mayor, con quien se llevaba 12 años de diferencia en edad y que murió en 2016. Batman y Robin, dice el libretista Mauricio Navas Talero, amigo y pupilo de Pepe.

Antes de que hicieran juntos la serie de humor Don Chinche, uno de los programas más vistos de los años ochenta en el país, Pepe y Carlos Sánchez se criaron en el laboratorio de fotografía de su papá. «A mí me dejaron entrar cuando tenía 7 años», cuenta Carlos. «La primera lección que recibimos era que él botaba las copias y nosotros las hundíamos y las movíamos para que quedara parejo el revelado. Nos enseñaba a ver los contrastes, los grises».

Cómplices en el hacer, en las fiestas y el amor por el cine, Pepe y Carlos crearon un sincretismo que se revelaría en la pantalla con la naturalidad de lo cotidiano, con la narración popular. Lo que pasa es que sería tiempo después de estar lejos, a distancia de los suyos.

*Esta nota fue publicada originalmente en la página de divulgación del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

​Carlos y Pepe Sánchez se criaron en el laboratorio de fotografía de su papá. Foto: cortesía
​Carlos y Pepe Sánchez se criaron en el laboratorio de fotografía de su papá. Foto: cortesía

Los inicios

En la historia de los Sánchez la tercera de los hermanos, la historiadora Isabel, que a los 94 años y enferma de alzheimer camina pausadamente por este mismo apartamento, fue la responsable de que Pepe y Carlos se inscribieran en el Cine Club de Colombia, el primer cine club del país que abrió en 1949 en Bogotá y proyectaría películas de directores como Ingmar Bergman, François Truffaut y Federico Fellini. Allí verían El ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sicca, y cambiaría su mirada sobre el mundo y la manera de contarla.

«La influencia más grande de Pepe fue el cine, el cine neorrealista que es un cine de posguerra hecho con pocos recursos, con escenarios naturales, con actores que salen a la calle, con cámaras que se mueven, que persiguen a los personajes, en el que hay un diálogo y una dinámica entre el trabajo de la cámara y el trabajo actoral», explica Federico Rey-Sánchez, actor, director y uno de los siete hijos de Pepe.

Cuando la televisión llegó a Colombia, ese 13 de junio de 1954, Pepe estaba cerca a cumplir los 20 años y a empezar, aún en el desconocimiento, su carrera como locutor al reemplazar a su hermana Isabel, «Chavela», que era libretista de la HJCK en una transmisión. De ahí saltó a la Radiodifusora Nacional, a ser uno de los elegidos por Seki Sano, actor y director de teatro japonés, para ser su alumno, y a convertirse en el asistente de dirección de Julio Luzardo en la película El río de las tumbas. Lo siguiente que vendría sería Yo y tú, el seriado de comedia de Alicia del Carpio que estuvo al aire durante dos décadas y en el que él interpretaba a José María de Oquendo y Rebolledo, Chepito, el novio de la Cuqui, el papel de la actriz Consuelo Luzardo.

Mientras tanto Carlos, aún niño, iba a visitar a su hermano a sus grabaciones. «Antes ensayaban como un mes para un programa —cuenta él— porque todo era en directo. El día de la presentación hacían un ensayo con cámara y por la noche salían al aire. Era una tensión terrible». Ninguno de los dos, ni Pepe que estudiaba derecho y bellas artes, ni Carlos que estudiaba economía, contemplaba la televisión como un camino de vida, pues lo que veían era acartonado e inverosímil para este par de apasionados por el cine.

Y ocurrió la movilización estudiantil de los años 70. Una protesta por la autonomía universitaria, por el retiro de la iglesia de los consejos superiores, por el rechazo al exceso de la fuerza pública. «En Bogotá salió una caminata a Medellín, a Cali, a Bucaramanga, a Villavicencio, la más cortita. Pepe y yo nos fuimos a la de Cali y al salir a la marcha un chico pisó un pozo y se había caído un cable dentro de un charco y lo electrocutó. Lo primero que filmé solo fue ese entierro», recuerda Carlos, quien siguió grabando y proyectando lo que grababa para hacer foros con la gente. «Como era un momento tan crítico, había que filmar», agrega.

En ese contexto, el del fraude electoral del 19 de abril de 1970, cuando se daba por presidente al General Rojas Pinilla en el conteo de votos y salió vencedor Misael Pastrana Borrero, Carlos Sánchez se hizo militante de una guerrilla urbana que se estaba fundando, el M-19. Lo demás, es historia: conducir el Renault 6 para el robo de la espada de Bolívar, hacerse amigo del comandante Jaime Bateman, realizar los documentales para Carlos Duplat, disparar las fotos en la revista Alternativa. «Pepe me hacía el cuarto y me acompañaba a cosas, pero no más. Era cobardón», aclara Carlos.

Carlos es el menor de los cinco hijos de sus padres, Julia y Julio. Foto: Alberto Sierra Restrepo

Los exilios

Pepe: exiliado siete años en Chile. Carlos: exiliado cuatro años en Ecuador. No fue en la misma época, se cruzaron. Sí fue a causa de sus posturas políticas que se volvieron objetivos militares: un documental, Riochiquito, sobre la guerrilla naciente de las Farc hecho por Pepe y el robo de las 5.000 armas del Cantón Norte perpetrado por el M-19 en el que Carlos participó.

«Mi primera infancia no tuve papá porque él estaba en el exilio. Íbamos, lo veíamos, pero no estaba acá, teníamos que guardar silencio», cuenta Alejandra Sanchez, la menor de las dos hijas de Carlos. «Pero estaba Pepe, que es mi segundo papá, y “Duni” (Dunav Kuzmanich), un director de cine chileno, esposo de mi tía Isabel, y con el que hicieron “San Antoñito”», haciendo referencia a la película que estuvo en el Festival de Cine de Cannes, basada en un cuento homónimo de Tomás Carrasquilla.

En los Sánchez había felicidad al reencontrarse de nuevo y, a la vez, miedo. «Yo llegué a Colombia —menciona Carlos con los ojos a punto de ser agua— a vivir en la casa de mi mamá muy paniqueado de que me cogieran y me torturaran. Habían salido solamente cuatro capítulos y Pepe me dice: vamos a hacer Don Chinche. Me sonaba la idea, pero me daba mucho susto de que me agarraran».

‘Don Chinche’ y la cámara afuera

Al hablar de televisión colombiana es recurrente acudir a dos palabras: Don Chinche. Este programa, producido por RTI Televisión, estuvo siete años al aire, recibió seis Premios India Catalina y nació cuando Fernando Gómez Agudelo le propone a Pepe Sánchez que hicieran algo que tomara como referencia a un Cantinflas de varios oficios. Ya Héctor Ulloa había hecho el personaje de Don Chinche para Yo y tú, así que, gracias a Pepe, tendría un mundo creado para él y sus nuevos vecinos del barrio. Lo que los grandes estudios de Hollywood llaman hoy el multiverso.

Todos los domingos por la noche Don Chinche salía al aire. La hacían a una sola cámara, como se hace en el cine. Carlos dice que fue cuando le cogió el tiro a la televisión y pudieron ser lo que siempre habían soñado con Pepe: una dupla. El libretista Mauricio Navas, por su parte, cuenta que en esta serie Pepe reinvierte todo lo que se había visto en la pantalla nacional. Ana María Montaña, cercana a la familia Sánchez y quien tiene en pausa una investigación sobre Pepe, enfatiza en la calidad poética de sus escenas. La historia dice que Pepe y Carlos, para grabar Don Chinche, fueron los primeros en Colombia en sacar del estudio de grabación una cámara a la calle, en escenarios naturales construidos.

El recuerdo en el celular de Carlos Sánchez de 'Romeo y Buseta', una de las series en las que trabajó junto a su hermano. Foto: Alberto Sierra Restrepo
El recuerdo en el celular de Carlos Sánchez de Romeo y Buseta, una de las series en las que trabajó junto a su hermano. Foto: Alberto Sierra Restrepo

«Pepe es el primero en Colombia —asegura Navas— que nos muestra al colombiano contemporáneo, real. Nos muestra a Juan Fisher, como Pedro, caminando por la Avenida 19 o a Hernando Casanova, como Eutimio Pastrana Polanía, comprando un cigarrillo. Pepe es el primero que sale y muestra que esto no es de cartón. Y eso lo hace sacando la cámara y desmontando la cámara del trípode, suelta todo para trabajar en función del actor y por eso es una cámara tan fluida, tan movida, tan viva, es la mirada de un tercero que está metido chismoseando la escena».

¿Detrás de la cámara? Por supuesto, está Carlos. Un Carlos que aprendería del argentino Adelqui Camuso: «Él nos enseñó un método fotométrico, a diseñar la luz, la continuidad de la imagen», dice.

El legado

A Carlos se le cae una carcajada cuando admite que, de no ser por la rumba, Pepe y él hubieran seguido trabajando juntos en televisión. Alcanzaron a hacer Romeo y Buseta, La posada, La historia de Tita y su camino se volvió a bifurcar. Pepe hizo las telenovelas Café con aroma de mujer, con Margarita Rosa de Francisco; Las Juanas, Guajira, La madre, todas de gran receptividad entre la audiencia. Carlos se fue al cine, a trabajar en las películas La gente de la universal, María Cano, Rodrigo D No Futuro y El Colombian Dream, que dinamizaron la escena cinematográfica nacional.

Para Carlos, Pepe llevó la figura del script a la televisión e impulsó el uso de un director de fotografía. «Antes se decía que se alumbraba, para que se viera la vaina y ya», añade. Alejandra se emociona «por el talento que tenían, ambos brillantes». Navas considera que lo que ambos hicieron fue «una revolución total, una forma nueva de hacerlo todo: el respeto de los ingredientes incluidos en un rodaje».​ En palabras de Pepe, dice Ana María, «él no hubiera podido hacer lo mismo si no hubiera sido por el ojo y la cámara de Carlos, una mirada sobre la luz que hacía que todos los ambientes que Pepe planteaba fueran posibles».

En 70 años, Pepe y Carlos Sánchez fueron pioneros en poner la vida cotidiana en los televisores colombianos, dejando atrás la teatralidad y reivindicando lo popular a partir de historias que partieron de los barrios bogotanos hacia otras regiones. De Pepe queda en honor a su nombre la Ley 1835 de 2017 para que las y los creadores reciban regalías por las transmisiones de sus obras. De Carlos queda su memoria, a veces dudosa de las fechas «eso me pasa por la edad», pero vigente, y muchísimas fotos sobre su familia, sobre su hermano, sobre lo que fueron juntos. ​

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