ETAPA 3 | Televisión

Quayola en Bogotá: la máquina que mira

27 de noviembre de 2025 - 12:38 pm
El artista visual italiano llega al Teatro Colón con una obra que amplía los límites de la imagen digital. Su visita abre una conversación sobre cómo la percepción cambia cuando la tecnología deja de ser herramienta y se convierte en interlocutora. 
La visita de Quayola a Bogotá culmina con la presentación de LUCE, una pieza audiovisual que sintetiza muchas de las búsquedas de su trayectoria. LUCE trabaja con imágenes cargadas de memoria cultural que son sometidas a un procedimiento digital donde la luz no es un recurso expresivo sino un instrumento de interrogación.

Quayola en Bogotá: la máquina que mira

27 de noviembre de 2025
El artista visual italiano llega al Teatro Colón con una obra que amplía los límites de la imagen digital. Su visita abre una conversación sobre cómo la percepción cambia cuando la tecnología deja de ser herramienta y se convierte en interlocutora. 

Es un espectáculo visual, pero va más allá. Se trata de una forma de pensamiento que instala una conversación urgente sobre cómo vemos, cómo registramos lo real y cómo las máquinas empiezan a ofrecernos un tipo de sensibilidad que no imita la nuestra, sino que la enfrenta. Esta noche, el Teatro Colón, del Centro Nacional de las Artes, recibe a uno de los artistas digitales más influyentes del mundo: Quayola. 

Nacido en 1982 en Roma, Quayola no se limita al arte digital como efecto visual ni al terreno funcional de la ingeniería computacional. El italiano trabaja desde un territorio intermedio que interpela tanto a programadores como a historiadores del arte, músicos y botánicos, los algoritmos y la tradición pictórica. Su obra introduce un extraño tipo de lucidez: no muestra cómo ve la máquina sino cómo se transforma la realidad cuando la dejamos ser mirada por un sistema que procesa y decide desde otros parámetros.

Entrar en ese universo requiere soltar la expectativa de obra cerrada. Nada está completo. Nada busca la imagen perfecta. Lo que Quayola propone es una tensión entre lo que creemos reconocer y lo que está siendo reconstruido en tiempo real. La naturaleza aparece como una huella que se reorganiza bajo reglas invisibles; las pinturas del Renacimiento se convierten en superficies que tiemblan bajo un análisis minucioso; las esculturas de Bernini se deshacen en puntos que vuelven a unirse bajo un orden matemático. A veces el resultado genera extrañeza, otras veces produce una suerte de claridad inesperada. En todos los casos, lo que aparece es una nueva forma de atención.

Un artista que desmonta la mirada

Quayola pertenece a esa generación que entendió que las imágenes ya no se consumen únicamente como representaciones, sino como transmisiones de datos. Para él, mirar no es reproducir una forma sino analizar una estructura. Por eso trabaja con paisajes naturales, iconografías religiosas, esculturas clásicas o flores capturadas en cámaras de ultra alta definición. Todo ese material está sometido a un procedimiento que no busca producir belleza en un sentido tradicional sino estudiar el comportamiento de lo visible. Es un laboratorio de observación, sólo que la observación está mediada por software.

En sus piezas más conocidas, como las series de Pleasant Places o Remains, los árboles y las formaciones rocosas no son excusas para un homenaje romántico a la naturaleza. Son sistemas complejos que el artista entrega a un algoritmo para que los lea con una precisión que ningún ojo humano podría sostener durante tanto tiempo. El resultado suele tensionar nuestra relación con lo orgánico: lo que parecía estable se fragmenta, lo que parecía armónico se redistribuye en patrones geométricos y lo que parecía real se vuelve esquema. Sin embargo, la frialdad no aparece. Lo que sí aparece es una nueva sensibilidad que oscila entre lo que reconocemos y lo que la máquina decide revelar.

En otras series, como Strata o Iconographies, Quayola parte de obras maestras de la pintura sacra o barroca. Las imágenes se deshacen sin desaparecer por completo. El gesto clásico permanece como un eco, aunque ahora sometido a la lectura obsesiva de un sistema que calcula densidades, colores, sombras y velocidades. Hay algo casi arqueológico en ese proceso, pero también una intuición contemporánea; la historia del arte no es una línea muerta que se contempla a distancia, sino un archivo vivo que puede reconfigurarse cuando cambia el instrumento de lectura.

Quayola no trabaja desde una idea ingenua de la tecnología. No cree en la máquina como sustituto del ojo humano. Tampoco busca una estética futurista. Su obra está movida por una pregunta más compleja: qué ocurre con la percepción cuando el cálculo entra en escena, qué tipo de imagen nace cuando dejamos que un sistema no humano lleve el ritmo del análisis. Allí aparece la inteligencia artificial como herramienta, pero también como interlocutora. No es una aliada ni una amenaza. Es un punto de vista.

LUCE no pretende contar una historia ni instalar un mensaje. Propone una experiencia atenta, una búsqueda de imágenes que se rehacen frente a nuestros ojos y que dejan expuesto el proceso mismo de su transformación.

Naturaleza y algoritmo

En buena parte del trabajo de Quayola, la naturaleza ocupa el centro. No como refugio ni como ideal perdido. Más bien como un campo de fuerzas llenas de irregularidades y repeticiones, patrones y excepciones, formas que parecen ordenadas desde lejos pero que se quiebran cuando el lente se acerca demasiado. Quayola entiende la naturaleza como una estructura en movimiento que dialoga con el sistema algorítmico de manera casi horizontal. No hay reverencia hacia lo orgánico ni devoción hacia lo digital. Lo que existe es una fricción constante.

Ese diálogo sin jerarquías permite que aparezca un tipo de imagen que no es del todo figurativa ni del todo abstracta. Las flores sometidas a escaneos de alta precisión no se convierten en caricaturas digitales pero tampoco permanecen como objetos reconocibles. Los campos de trigo registrados en Remains no son documentales ni paisajes pictóricos. Son estados intermedios donde lo vivo y lo computacional se leen mutuamente. Allí se abre una zona que no depende del asombro ni de la novedad tecnológica. Es una zona de estudio, casi científica, pero con un sentido estético evidente.

La presencia de Quayola en museos, bienales y festivales no se debe a un efecto de moda. Se debe a que su obra ofrece un lenguaje nuevo que reconfigura la relación entre observación y representación. No busca superar a la tradición ni hacerle homenaje. La desplaza, la abre, la llena de interrogantes. Desde ese lugar dialoga con artistas del pasado sin nostalgia y con artistas del presente sin ansiedad por lo digital.

El sonido como territorio paralelo

Aunque su obra es visual, el sonido ha sido un aliado fundamental en su práctica. Más que acompañamiento, este funciona como otra forma de lectura. En proyectos con músicos electrónicos, especialmente aquellos que trabajan desde estructuras rítmicas complejas, Quayola encuentra un paralelo entre el análisis visual y el análisis sonoro. Los dos mundos trabajan con capas, variaciones mínimas y tensiones internas. Sus colaboraciones no presentan un equilibrio decorativo entre imagen y audio, sino una conversación estructural que sitúa la percepción en un estado distinto.

Este vínculo con el sonido permite comprender por qué su obra encaja en un escenario como el Teatro Colón del Centro Nacional de las Artes. Allí la visualidad no se despliega como proyección aislada sino como presencia total. La sala funciona como un amplificador de tensiones, un espacio que exige una lectura colectiva del fenómeno visual.

Luce: la obra que llega a Bogotá

La visita de Quayola a Bogotá culmina con la presentación de LUCE, una pieza audiovisual que sintetiza muchas de las búsquedas de su trayectoria. LUCE trabaja con imágenes cargadas de memoria cultural que son sometidas a un procedimiento digital donde la luz no es un recurso expresivo sino un instrumento de interrogación. Las formas aparecen y desaparecen bajo intensidades que no obedecen a una lógica narrativa. Lo que guía la obra es una relación directa con la percepción: la luz como agente que organiza y desorganiza lo visible.

LUCE no pretende contar una historia ni instalar un mensaje. Propone una experiencia atenta, una búsqueda de imágenes que se rehacen frente a nuestros ojos y que dejan expuesto el proceso mismo de su transformación. Ese proceso es la clave de la obra y también el corazón del trabajo de Quayola. Bogotá tendrá la oportunidad de presenciarlo en vivo, en un escenario donde la luz y la mirada comparten un estado de descubrimiento.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

26 de junio de 2026
Durante décadas, la historia cultural latinoamericana —y en particular la historia queer— se ha contado como una serie de ausencias o imitaciones: movimientos que parecen emular a los de Europa o Estados Unidos, tradiciones que no dejan rastro, archivos que reposan en lugares inaccesibles. Pero a veces basta reunir papeles dispersos para que ese relato cambie. Pedro Felipe Hinestrosa, uno de los responsables del Archivo Arkhé, que cumple diez años, reflexiona sobre la tarea de rescatar y organizar una tradición largamente dispersa.

Array

24 de junio de 2026
A mediados del siglo XIX, cuando el deseo entre hombres era castigado por la ley y condenado por la ciencia y la moral, un jurista alemán decidió intervenir en ese terreno hostil con una idea audaz: explicar esa diferencia no como crimen ni como vicio, sino como una forma legítima de la naturaleza humana. ¿Quién era ese abogado que se atrevió a desafiar las categorías jurídicas y morales de su tiempo, y qué lugar ocupa hoy en la historia de las luchas por la libertad sexual?

Array

22 de junio de 2026
La década del ochenta fue, para muchos, un tiempo marcado por el miedo y la incertidumbre. Pero para Camila Loboguerrero fue también —y casi en secreto— una época de esplendor. Mientras Colombia atravesaba uno de sus periodos más convulsos, ella encontraba el espacio para llevar adelante proyectos documentales largamente soñados y, por primera vez, para aventurarse en el territorio de la ficción. Este fragmento de sus Memorias de mi cine —que en breve publicará el Ministerio de las Culturas— vuelve a esos años en que, contra toda intuición, la creación se abrió paso entre el ruido del país y le dio a su obra un impulso decisivo.

Array

21 de junio de 2026
En el libro Memorias de mi cine, publicado por el sello MiCASa, del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la cineasta bogotana Camila Loboguerrero, fallecida en 2025, repasa los hitos de una carrera compuesta de ilusiones y tropiezos que la llevó a ser la primera mujer en dirigir un largometraje de ficción en Colombia. Santiago Cembrano, editor web de Gaceta, conversa con su hijo Matías Maldonado Loboguerrero sobre el libro, la trayectoria y el legado de una directora que, por obras como Con su música a otra parte, María Cano o Nochebuena, pero, sobre todo, por su espíritu de lucha incansable, fue una de las figuras más importantes que ha tenido el cine de nuestro país.

Array

19 de junio de 2026
Los desiertos informativos no son asunto exclusivo de parajes remotos o veredas sin señal. También son asuntos de difícil acceso y con uso privilegiado. ¿Quién saca provecho de esta información? ¿Cuáles son las élites beneficiadas de estos desiertos en las noticias que consumimos?

Array

18 de junio de 2026
Un músico sin rumbo, un casting que estuvo a punto de abandonar y un personaje construido con retazos de familiares, amigos y recuerdos. Veinticinco años después del último capítulo de Betty, la fea, Mario Duarte reconstruye cómo le dio vida a Nicolás Mora y el nacimiento de uno de los mayores fenómenos de la historia de la televisión colombiana.

Array

17 de junio de 2026
Fervor religioso, patriotismo militante y una promesa de renovación nacional: así se articula la campaña de Abelardo de la Espriella. Bajo la apariencia de reconciliación colectiva, emerge una visión del país marcada por la guerra cultural, la construcción de enemigos y la movilización emocional de una nueva derecha. 

Array

16 de junio de 2026
En su álbum Los tres golpes (2024), El Kalvo presenta una canción homónima que recorre los manjares de Bogotá a la hora del almuerzo, el desayuno y la comida. Entre huevos pericos, corrientazos y fritangas, cada verso del rapero bogotano nos hace salivar.

Array

14 de junio de 2026
El nuevo álbum y el primer libro de la cantautora mexicana Julieta Venegas tienen el mismo título: Norteña. Ambos son ejercicios de memoria que exploran su Tijuana natal como punto de partida y, luego de una década en la que Venegas vivió en Argentina, de regreso. Santiago Cembrano, editor web de Gaceta, conversa con la escritora Juliana Rodríguez Pabón sobre Norteña, la frontera que lleva dentro Julieta Venegas, su relación con la tradición y cómo encontró su voz para convertirse en una figura fundamental del pop latinoamericano.

Array

12 de junio de 2026
Jeff Weiss fue reportero de tabloides mientras Britney Spears se desplomaba. Entre luces de neón, su novela Waiting for Britney Spears se adentra en el corazón roto del sueño americano y reflexiona sobre la verdad y la fama en el siglo XXI.