ETAPA 3 | Televisión

Una celebración del muralismo colombiano

19 de enero de 2025 - 3:45 pm
En la historia del muralismo colombiano respira una semilla de libertad que ha resistido distintos intentos de censura. Obras como La liberación de los esclavos, de Ignacio Gómez Jaramillo, se conectan así con las apuestas de jóvenes de Medellín que hoy se resisten a que sus memorias terminen borradas.
La liberación de los esclavos, de Ignacio Gómez Jaramillo.
La liberación de los esclavos, de Ignacio Gómez Jaramillo.

Una celebración del muralismo colombiano

19 de enero de 2025
En la historia del muralismo colombiano respira una semilla de libertad que ha resistido distintos intentos de censura. Obras como La liberación de los esclavos, de Ignacio Gómez Jaramillo, se conectan así con las apuestas de jóvenes de Medellín que hoy se resisten a que sus memorias terminen borradas.

Con la eliminación de varios murales pintados por colectivos de artistas de Medellín, la alcaldía de esa ciudad, al tiempo que le asesta un grave asalto a la memoria histórica, pierde de vista el papel protagónico que artistas antioqueños, entre ellos Ignacio Gómez Jaramillo, jugaron en el desarrollo de la tradición muralista en Colombia. Nacido en Medellín (1910-1970), Gómez Jaramillo es quizás uno de los artistas antioqueños que de mejor forma representa la era de oro del muralismo colombiano, un movimiento artístico que sacudió el ambiente cultural, racial, intelectual y popular de Colombia en el marco de la República Liberal (1930-1946).

Iniciaba la década de 1930 y Colombia intentaba dejar atrás su autorrepresentación como nación hispánica heredada de los gobiernos de orientación conservadora impulsados por Rafael Núñez a finales del siglo XIX. A partir de esa década y hasta 1946, sucesivos gobiernos de corte liberal se propusieron retornar al mestizaje como mito fundacional de la nación y, a la vez, explorar una búsqueda de lo propio.

Para la consecución de estos propósitos, varios de estos gobiernos encontraron inspiración en las apuestas consignadas por el intelectual mexicano José Vasconcelos en su obra <i>La raza cósmica</i>. En este libro, publicado en 1925 (sí, este año se conmemora el centenario de su publicación), Vasconcelos, entre otras cosas, subrayó las potencialidades de los territorios tropicales y la imperiosa necesidad de cultivar las artes populares y autóctonas por parte de las naciones latinoamericanas.

En su condición de Ministro de Educación, el mismo Vasconcelos impulsó a una serie de artistas mexicanos, entre ellos Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Clemente Orozco,  para que, a través de murales y pinturas en lugares públicos, ayudaran a romper con el elitismo del campo artístico y, al hacerlo, forjaran una cultura nacional propia. Estos artistas produjeron una serie de obras en las que exaltaron a líderes de la Revolución Mexicana, comunidades indígenas y sujetos campesinos como protagonistas destacados de la formación de la nueva identidad nacional mexicana.

Gracias a la histórica conexión existente entre México y Colombia, cuyos vínculos se pueden rastrear desde el mismo momento en que el primer país reconoció a Colombia como nación a comienzos del siglo XIX, estas propuestas artísticas circularon por el territorio colombiano. El mismo Vasconcelos, quien visitó Colombia en 1930, se encargó de compartirlas a través de conferencias que ofreció en varias ciudades del país. Otras veces, artistas colombianos se aproximaron a las apuestas del muralismo impulsado por Rivera, Alfaro Siqueiros y Orozco mediante viajes que realizaron a Ciudad de México.

Documentada está la incidencia que tuvieron los muralistas mexicanos en el universo creativo construido por los integrantes de Los Bachué, un movimiento que, bajo el liderazgo del pintor boyacense Rómulo Rozo, dio forma a una pincelada moderna que pulverizó el academicismo y naturalismo predominante durante varias décadas en las esferas del arte en Colombia.

Ignacio Gómez Jaramillo, precisamente, fue uno de los integrantes de Los Bachué que, con financiación del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938), pasó por Ciudad de México en 1936. Dos años después, ya de regreso en Colombia, Gómez Jaramillo plasmó en las paredes del Capitolio Nacional, en Bogotá, dos de sus murales más destacados: <i>La insurrección de los comuneros</i> y <i>La liberación de los esclavos</i>. Mientras el primero, centrado en la insurrección comunera de finales del siglo XVIII, encajaba con el cariz popular que la Revolución en Marcha de López Pumarejo quiso imprimirle a Colombia; el segundo, en cierta forma, asumió un tono disruptivo frente al mestizaje blanco/indígena privilegiado por gran parte de la intelectualidad liberal colombiana.

Considerada por algunos historiadores del arte la primera obra representativa en centrarse en tales temáticas en Colombia, <i>La liberación de los esclavos</i> fue un canto a la libertad y a la visibilización de las experiencias de estos sujetos racializados. Aunque en este mural se proyecta la figura del presidente José Hilario López, en tanto firmó el decreto de abolición de la esclavitud, en 1851, Ignacio Gómez Jaramillo, aparte de incluir rostros de once figuras afrocolombianas, tiene el cuidado de destacar la presencia de un hombre negro con los brazos en alto y una mujer con un niño, acuclillada a sus pies, quienes son los que ejercen el reinando en el espacio del óleo.

Similar a las expresiones de censura experimentadas recientemente por los murales elaborados por jóvenes durante el estallido social, estos óleos de Gómez Jaramillo enfrentaron fuertes resistencias. Por ejemplo, el mismo año de su elaboración, integrantes del Concejo de Bogotá ordenaron tapar los frescos del capitolio, algo que diez años después, en el marco de la preparación de la IX conferencia panamericana, logró hacer el siempre sectario Laureano Gómez.

Pese a estas resistencias o tal vez por ellas, la idea de libertad volvió a estar presente en <i>La liberación de Antioquia</i>, mural pintado por Ignacio Gómez Jaramillo en el edificio de la Gobernación de Antioquia, en 1956. Parte de este espíritu libertario es el que sigue inspirando apuestas de jóvenes de Medellín que, en medio de los horrores por los que ha atravesado esa ciudad, su departamento y el país en general, se resisten a que sus memorias terminen siendo sepultadas, borradas. En momentos en los que el negacionismo histórico campea, en nombre de trayectorias como las construidas por Ignacio Gómez Jaramillo, las expresiones de los actuales muralistas colombianos, en vez de ser censuradas, deben ser celebradas.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

6 de mayo de 2026
La reciente polémica en torno a la BBC ha reabierto una vieja discusión: ¿debe el periodismo limitarse a informar los hechos o asumir también la tarea de interpretarlos y orientarlos moralmente? A partir de la crisis provocada por un memorando interno que denuncia sesgos editoriales dentro de la corporación, un antiguo reportero de la cadena revisa la transformación que, desde los años noventa, habría desplazado el ideal clásico de imparcialidad hacia un periodismo cada vez más guiado por narrativas y convicciones.

Array

5 de mayo de 2026
La FILBo es una maratón de catorce días. En ese trajín ocurrieron escenas insólitas, hondas e involuntariamente reveladoras. Quisimos hacer algo en medio del apuro: detenernos, observar y contarlo. Una entrada por día: así fue nuestro diario de la FILBo 2026.

Array

3 de mayo de 2026
Alejandra Kamiya es escritora. Nació en Buenos Aires en 1966. Es hija de un padre japonés y de una madre argentina. Ha publicado tres libros de cuentos que pueden leerse como una obra: Los árboles caídos también son el bosque (2015), El sol mueve la sombra de las cosas quietas (2019) y La paciencia del agua sobre cada piedra (2023). Sobre esta obra, que dialoga con la lengua, la migración, la naturaleza, la muerte, los vínculos y el paso del tiempo, es esta conversación.

Array

30 de abril de 2026
La exposición Cuando no duermo, sueño del Museo de Arte Moderno de Nueva York hace una retrospectiva del pintor cubano (1902-1982) y de los puentes que tendió entre continentes, culturas y movimientos. Este ensayo recorre la exposición a tientas y encuentra su camino entre las herencia afrocaribeña, la influencia del surrealismo, las convicciones políticas y los umbrales espesos y opacos de Lam.

Array

28 de abril de 2026
En la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el pabellón 17 es el de las editoriales independientes. Estas son algunas de las novedades que estas editoriales recomiendan y presentan durante la Feria.

Array

27 de abril de 2026
Camilo Torres suele quedar atrapado en la etiqueta del «cura guerrillero». Pero detrás de ese rótulo hubo un hombre que pensó el país con una seriedad radical: estudió, organizó, calculó. La autora de El presidente que no fue: La historia silenciada de Gabriel Turbay vuelve sobre su figura para mostrar a un Camilo distinto, uno que entendió que la justicia social no se improvisa: se diseña, se trabaja y se arriesga en el terreno mismo de la realidad.

Array

25 de abril de 2026
Jhon Fredy Espinosa Alzate, «Choco», actor de La vendedora de rosas, murió en febrero de 2026. En este documental inédito, grabado entre 2015 y 2016 y publicado en exclusiva por Gaceta, el cineasta Liberman Arango Quintero recorre las calles de Barrio Triste de Medellín para retratar la vida accidentada de «Choco» y todo el dolor que le faltaba por olvidar.

Array

24 de abril de 2026
Cuando el Parkinson empezó a desintegrar su caligrafía, Anne Carson descubrió que estaba perdiendo algo más que una habilidad motora. Este ensayo —tan erudito como personal— sigue ese temblor desde la neurología hasta la poesía: de Keats a Cy Twombly, de la grafología a una inesperada terapia colectiva en un gimnasio de boxeo. Una reflexión aguda, irónica y profundamente humana sobre lo que ocurre cuando el cuerpo traiciona a la mente, y sobre cómo seguir peleando cuando la vida parece inclinarse hacia la «puerta negra».

Array

23 de abril de 2026
Cada espectador va tras un festival particular, según sus gustos e intereses. Este es un registro de un FICCI entre varios, de sus aciertos y tensiones, de sus puntos de encuentro y sus divergencias, y pero también un esfuerzo por capturar ecos y susurros de los festivales de otros.