ETAPA 3 | Televisión

Bolsonaro, el golpista

24 de septiembre de 2025 - 12:51 pm
El pasado 11 de septiembre, Jair Bolsonaro y altos mandos militares fueron sentenciados por intento de golpe de Estado. La primera condena a un expresidente en Brasil marca un hito, mientras la extrema derecha busca usar el fallo como bandera.
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro habla a la prensa el 26 de marzo de 2025 en Brasilia. Foto de Sergio Lima (AFP).
El expresidente brasileño Jair Bolsonaro habla a la prensa el 26 de marzo de 2025 en Brasilia. Foto de Sergio Lima (AFP).

Bolsonaro, el golpista

24 de septiembre de 2025
El pasado 11 de septiembre, Jair Bolsonaro y altos mandos militares fueron sentenciados por intento de golpe de Estado. La primera condena a un expresidente en Brasil marca un hito, mientras la extrema derecha busca usar el fallo como bandera.

El pasado 11 de septiembre, la primera sala del Supremo Tribunal Federal (STF), máxima instancia judicial de Brasil, condenó, por primera vez, a un expresidente de la República, así como a otros siete integrantes del «núcleo crucial de la trama golpista» por intento de golpe de Estado. El expresidente Jair Bolsonaro fue condenado a veintisiete años y tres meses de prisión por ese y otros cuatro delitos. El plan contemplaba asesinar al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, al vicepresidente Geraldo Alckmin y al juez Alexandre de Moraes. 

Entre los otros siete integrantes, cinco son militares de alto rango, los primeros en ser juzgados por un tribunal civil en la historia de Brasil. Para algunos, por la cultura golpista arraigada en las Fuerzas Armadas brasileñas, la condena de los militares fue incluso más significativa que la del propio Bolsonaro: un ajuste de cuentas con su pasado autoritario. Se trata de una decisión que rompe con el legado de impunidad que ha marcado la historia de Brasil. Uno de los militares condenados, el general Augusto Heleno Ribeiro Pereira, fue particularmente simbólica porque perteneció a la «línea dura» de la dictadura que empezó en 1964 y se extendió hasta 1985. Ningún militar ha sido condenado por los crímenes ocurridos en ese periodo. 

En el STF solo hubo un voto divergente, el del juez Luiz Fux, quien decidió absolver a Bolsonaro contradiciendo sus ya conocidas posturas punitivistas. Él mismo había juzgado y condenado a más de cuatrocientas personas por los ataques del 8 de enero de 2023, cuando miles de bolsonaristas asaltaron la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia. Lo contradictorio es que Fux citó varias veces al jurista italiano Luigi Ferrajoli para justificar su voto. Sin embargo, en una entrevista, el mismo Ferrajoli reconoció que el hecho de que un intento de golpe de Estado no solo haya fracasado, sino que haya sido objeto de un proceso judicial, es una señal de la solidez del Estado de Derecho brasileño. El de Fux fue un voto negacionista que algunos no dudaron en calificar como una «entrevista de trabajo», pues un viraje de tal envergadura solo puede significar que Fux buscará una candidatura o algún cargo importante en un eventual gobierno de derecha. 

El tribunal tampoco reculó ante la soberbia imperial del presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien, para ejercer presión, impuso aranceles del 50 % a los productos brasileños y revocó las visas de los magistrados del STF y de sus familiares. Según Trump, Bolsonaro está siendo víctima de una «cacería de brujas política». 

Esta clara intromisión produjo el efecto contrario: una defensa amplia y cohesionada de la soberanía brasileña, lo que le permitió al presidente Lula contratacar. Ya en julio, en su primera entrevista a The New York Times en trece años, Lula había dicho que Trump estaba violando la soberanía de Brasil. Y en una reciente entrevista a la BBC afirmó que estaba dispuesto a dialogar con Trump, pero que «lo que no se puede negociar es la cuestión de la soberanía nacional. Nuestra democracia y nuestra soberanía no están en la mesa de negociación. Es nuestra, es del pueblo brasileño. Y aquí mandamos nosotros». 

La condena a Bolsonaro fue también una forma de hacer justicia por todas las personas que murieron en la pandemia debido a la negligencia de su gobierno. Hasta cuatrocientos mil vidas podrían haberse salvado si el gobierno hubiera tomado medidas efectivas como el uso del tapabocas o hubiera acelerado la compra de las vacunas. En cambio, Bolsonaro decidió pasear en una moto acuática cuando el número de muertes por coronavirus superaba las diez mil víctimas y el Congreso y el STF decretaban tres días de duelo nacional. Cómo olvidar cuando, cuestionado por el récord de muertes por coronavirus, dijo que no sabía, que él no era sepulturero. 

En los próximos días veremos las consecuencias políticas de la condena. Los líderes políticos de la derecha, que pretenden heredar el capital político de Bolsonaro, como el actual gobernador del estado de São Paulo, Tarcísio Gomes de Freitas, buscarán movilizar a las bases bolsonaristas con la consigna de la amnistía. En la noche del miércoles 17, en una votación relámpago, la Cámara de Diputados aprobó una solicitud de urgencia para pasar un proyecto de ley que amplía la protección de los parlamentarios frente a eventuales investigaciones y procesos criminales. El domingo pasado, miles de personas inundaron las calles de las principales ciudades del país para rechazar la amnistía para los golpistas y la PEC da blindagem (Propuesta de Enmienda Constitucional del blindaje) aprobada por la Cámara. 

En este sentido, el bolsonarismo está lejos de ser una fuerza política derrotada. Paradójicamente, al tiempo que esta condena es un enorme avance histórico que busca acabar con la tradición de golpistas amnistiados en Brasil, también le da un respiro a la extrema derecha porque sirve de excusa para convertir a Bolsonaro en mártir. La extrema derecha colombiana busca lo mismo frente a la condena al expresidente Álvaro Uribe. Cada fuerza política busca reconfigurarse, y es precisamente en momentos como estos que el riesgo de retroceso es mayor.

El 11 de septiembre, fue conmovedor ver a los brasileños sentir orgullo de su origen latinoamericano al recordar que la condena se produjo exactamente 52 años después del golpe de Estado que derrocó el gobierno popular de Salvador Allende en Chile. Es como si en medio de la política de tierra arrasada se hubiera asomado un resquicio de esperanza. El 11 de septiembre de 2025 pasó a la historia: ese día el pueblo brasileño nos legó una inmensa lección de justicia y dignidad.

CONTENIDO RELACIONADO

Array

10 de agosto de 2026
La relación entre la literatura y los hoy llamados «lenguajes audiovisuales» siempre ha sido estrecha. Sin embargo, no siempre ha sido armónica. Están los que dicen que la escritura de un guion no es un género literario. Mientras otros insisten en que, si se quiere conseguir una buena historia para las pantallas, es importante prescindir de la «narratofagia». En Colombia hay muchos ejemplos de películas que han tenido una efectiva relación con sus referentes narrativos. Uno de ellos es la versión que realizó Carlos Mayolo en 1986 del relato La mansión de Araucaíma de Álvaro Mutis. Cuarenta años después, el otrora asistente de dirección del filme recorre los pasos detrás de las huellas de su locación principal y se lleva más de una sorpresa.

Array

8 de agosto de 2026
En 1986, Carlos Mayolo llevó al cine La mansión de Araucaima, el relato que Álvaro Mutis escribió para demostrarle a Luis Buñuel que el horror también podía habitar el trópico. Cuatro décadas después, la película sigue siendo una de las obras fundamentales del cine colombiano por su exploración del deseo, el poder, la decadencia y la violencia que sostienen ciertos órdenes sociales. El editor web de Gaceta, Santiago Cembrano, conversa con Sandro Romero Rey y Alexandra Falla sobre la historia de la película y el legado que marcó para el cine nacional.

Array

7 de agosto de 2026
Desde Venezuela hasta el centro de Medellín, tatuajes, estatuillas y altares susurran una historia: la de cómo migran las religiones populares para adaptarse a un nuevo territorio. En esta crónica, Santiago Rodas y el fotógrafo Una Rutina siguen el rastro del Chamo Ismael y la protección que les concede a quienes cargan su fe como una parte de su país.

Array

6 de agosto de 2026
El Ministerio de las Culturas y sus entidades adscritas reactivaron su política editorial durante este gobierno. Entre abril de 2024 y agosto de 2026 editaron más de cien libros y revistas para ampliar el campo de lo que merece ser recordado y revitalizar debates públicos largamente aplazados. ¿Qué cambió para que el Estado volviera a editar? ¿Qué biblioteca construyó y qué idea de país empezó a tomar forma en sus estanterías?

Array

5 de agosto de 2026
Antes de que Barranquilla entrara en los mapas literarios y artísticos del país, un puñado de jóvenes decidió disputar el sentido mismo de la cultura colombiana. Las batallas que dieron —en periódicos, talleres, bares y estudios de pintura— no solo moldearon la obra de Álvaro Cepeda Samudio, sino que configuraron una manera distinta de pensar el Caribe. Un crítico de arte reconstruye ese momento en que la audacia y el desparpajo fueron una forma de intervención crítica.

Array

4 de agosto de 2026
¿Qué hace que un espacio independiente de Cali llegue a la Bienal de Venecia, uno de los escenarios más importantes del arte contemporáneo? La historia de lugar a dudas recorre el legado cultural de la ciudad, la visión de su fundador, Óscar Muñoz, y una manera distinta de entender la práctica artística.

Array

3 de agosto de 2026
Durante años, la figura de Cepeda Samudio ha brillado más que su escritura: el reportero audaz, el hombre nocturno, el mito barranquillero. Sin embargo, en su narrativa se despliega otra verdad: la espera como forma de mundo, como pulsación íntima que une sus novelas y relatos. Ariel Castillo Mier sigue esa estela para devolvernos a Cepeda Samudio allí donde importa: en la obra que sobrevivió a su propia leyenda.

Array

2 de agosto de 2026
Desde su aparición en 1976, Gaceta ha sido una de las apuestas más persistentes de la edición cultural pública en Colombia. Nacida en el marco de las políticas culturales de Colcultura, la revista se propuso desde el inicio ser un espacio para la escritura crítica, el pensamiento sobre las artes y la circulación de voces que no siempre encontraban lugar en otros medios. A propósito de sus cincuenta años, el director de Gaceta, Mario Jursich, conversa con Claudia Paredes de Gamba, coordinadora de la primera etapa de la revista; el periodista, editor y escritor Guillermo González; el gestor cultural Luis Armando Soto, y el periodista de Gaceta William Martínez sobre la historia de la revista, los desafíos de sostener una publicación cultural pública y el lugar que Gaceta sigue ocupando en el panorama editorial colombiano.

Array

31 de julio de 2026
Entre la poesía, la publicidad y la política existe una relación más estrecha de lo que suele creerse. Gonzalo Arango lo entendió antes que muchos. En 1970 escribió e ilustró para Belisario Betancur un extravagante y divertido manual de campaña que, leído hoy, parece anunciar varias de las técnicas de persuasión que dominarían las elecciones décadas después.

Array

30 de julio de 2026
En 1937, el traductor pastuso Leopoldo López Álvarez publicó la Ilíada y la Odisea en griego y español. El renovado interés por Homero luego de la película La Odisea de Christopher Nolan nos invita a revisitar esta historia, prueba de que Colombia también ha participado en la transmisión de los clásicos.