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La salida al mar: una conquista histórica del pueblo Arhuaco

29 de julio de 2025 - 8:00 am
Para el pueblo Arhuaco, recuperar su salida ancestral al mar también es un retorno al origen. Más que una simple playa, las 227 hectáreas del predio Los Acantilados son parte vital de su cosmovisión, sus pagamentos y el equilibrio con su entorno.
Arhuaco. Foto de Alex Guerrero.
Los arhuacos comparten su mito de origen con los otros tres pueblos del linaje Tayrona: Kogui, Wiwa y Kankuamo. «Primero estaba el mar», comienza el mito. «No había sol ni luna ni gente ni animales ni plantas. Solo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre». A partir de allí se desarrolla su relato de la creación. Sobre la madre se creó la tierra y el universo asistió al surgimiento de los nueve mundos. Foto de Alex Guerrero.

La salida al mar: una conquista histórica del pueblo Arhuaco

29 de julio de 2025
Para el pueblo Arhuaco, recuperar su salida ancestral al mar también es un retorno al origen. Más que una simple playa, las 227 hectáreas del predio Los Acantilados son parte vital de su cosmovisión, sus pagamentos y el equilibrio con su entorno.

El 7 de julio de 2025 ocurrió en Santa Marta un hecho histórico para uno de los pueblos ancestrales de la Sierra Nevada: el Estado le entregó al pueblo Ijku (Arhuaco) el predio Los Acantilados con el que restablece su salida al mar. El acuerdo entre el gobierno nacional y las autoridades del resguardo Kogui-Malayo-Arhuaco en el Magdalena y La Guajira fue el resultado de una larga lucha de más de dos décadas, y marcó un hito en la defensa del territorio sagrado de estos pueblos.

El predio Los Acantilados que recibió el Cabildo Gobernador Arhuaco Luis Enrique Salcedo Zalabata está ubicado en la cuenca del río Don Diego. Durante años había estado en manos del narcotraficante Diego León Montoya, por lo que fue necesario coordinar acciones entre la Agencia Nacional de Tierras (ANT) y la Sociedad de Activos Especiales (SAE). Así fue posible la entrega de estas 227 hectáreas y, con ellas, de una salida ancestral al mar que el pueblo Arhuaco había perdido, primero por la colonización y luego por el conflicto armado.

Los cerca de treinta mil habitantes del territorio arhuaco se han concentrado históricamente en las zonas montañosas de las vertientes suroriental y occidental de la Sierra Nevada, hacia Valledupar, y han transitado a través del territorio wiwa y kogui hacia las playas del Caribe en busca de conchas marinas para sus rituales y pagamentos. Sin embargo, no habían tenido, hasta ahora, la propiedad y el manejo de su propio territorio en esta vertiente de la sierra.

Los arhuacos comparten su mito de origen con los otros tres pueblos del linaje Tayrona: Kogui, Wiwa y Kankuamo. «Primero estaba el mar», comienza el mito. «No había sol ni luna ni gente ni animales ni plantas. Solo el mar estaba en todas partes. El mar era la madre». A partir de allí se desarrolla su relato de la creación. Sobre la madre se creó la tierra y el universo asistió al surgimiento de los nueve mundos. Luego el poporo, símbolo y resumen de esta cosmogonía, contendría en su vientre la cal de las conchas marinas, que unida a la ceniza, la planta sagrada y la saliva representan la creación, el conocimiento y la unión de femenino y masculino.

Llegar a la playa no es para los arhuacos lo mismo que para un turista. Para ellos es reconectar con el origen, reconocerse parte de esa creación, y honrar la Línea Negra: así han denominado los pueblos de la Sierra la configuración espiritual de sus territorios. Esta configuración se formaliza en los sitios de pagamento donde recrea la gestión cultural de sus relaciones con los antepasados y los seres vivos. Dentro de su cosmovisión ancestral, hacen parte de este universo. Estos sitios han sido reconocidos como de pagamento por el Decreto 1500 de 2018 del Ministerio del Interior, entre otros instrumentos legales.

Tiene razón el Cabildo Salcedo Zalabata en mostrarse satisfecho con la decisión del gobierno y con la celeridad en el cumplimiento del acuerdo, que contempla la participación activa de la comunidad indígena en los programas de reforestación y protección de cuencas hidrográficas. «De otra forma era imposible lograr su uso colectivo en materia agrícola, pero sobre todo, como lo requiere el 90% de esta área, para la conservación y la reforestación natural», dice el cabildo gobernador de los arhuacos.

Organización y voluntad política

El logro que hoy celebran los arhuacos fue posible gracias a la voluntad política del gobierno, pero también al trabajo desarrollado con las comunidades indígena y campesina. Salcedo señala que «hubo una convocatoria también con los campesinos de las veredas que están alrededor del predio, y ellos entendieron que es un territorio realmente importante para la población indígena, y que obviamente ellos también se van a beneficiar por la conservación de las fuentes hídricas que estamos promoviendo. Creo que eso ayudó también».

Moisés Villafañe, abogado arhuaco y asesor de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada, declaró para Gaceta que hace más de veinte años el pueblo Arhuaco hizo la solicitud de acceso a estas tierras del sector de Katanzama, por la importancia que tienen para su cultura, y en especial para sus mamos y autoridades tradicionales, pero no tuvieron eco en los gobiernos anteriores. Villafañe recuerda que en esa lucha, iniciada por su pariente Adalberto Villafañe y por el mamo Ramón Gil Barros, fue decisivo en los últimos años el papel de Danilo Villafañe, anterior Cabildo Gobernador Arhuaco, quien falleció en 2023 en una de las playas del Parque Tayrona.

La visión de Adalberto Villafañe era que Katanzama se convirtiera en un centro comunitario con servicios de salud, educación y proyectos productivos, para atraer la población hacia allí y de esta forma aliviar la presión de las partes altas.

Julio Marino Barragán, antropólogo, investigador y asesor de larga data de la Organización Gonawindúa Tayrona, señaló que, si bien las partes bajas de la Sierra pudieron en ocasiones y en sitios muy específicos ser usadas por los indígenas arhuacos, su capacidad de control sobre esta parte de la Sierra se perdió en varios momentos. El primero fue a comienzos de la Conquista, pues las entradas de Palomino y García de Lerma hicieron que el pueblo arhuaco abandonara esta región y se refugiara en las partes más altas. Es posible que se haya vuelto a usar para la realización de ceremonias en el siglo XVII, ante el abandono de Santa Marta. Ya en el siglo XIX y sobre todo en el XX, se presenta la llegada masiva de colonos e incluso terratenientes como las familias Laserna y Rojas Pinilla, quienes se apropiaron de esas tierras que consideraban baldías. Por otra parte, la aparición de asentamientos como Palomino, al norte, incentivó la llegada de gentes que siguen empujando a los indígenas a las partes altas de la vertiente norte, al punto de que pierden el acceso a muchos sitios sagrados.

Recuperar esa salida era entonces una causa central para esta comunidad, y como señala Marino Barragán, fue uno de los cuatro objetivos con los que se creó en 1987 la Organización Gonawindúa Tayrona, que fue por décadas el órgano representantivo de las comunidades Kággaba (o Kogui), Wiwa y Arhuaca, y una de cuyas conquistas más importantes fue la ampliación en 1994 del resguardo Kogui-Malayo-Arhuaco.

A las dinámicas que señala Marino Barragán se sumaron, en las últimas décadas, las pugnas entre los grupos rebeldes por el control del territorio, agravadas por la presencia del narcotráfico, el paramilitarismo y las bandas criminales. Así las cosas, la posibilidad de recuperar el mar se había vuelto, para el pueblo Arhuaco, cada vez más lejana. Se necesitó de la persistencia de las autoridades indígenas y de la voluntad política del gobierno de Gustavo Petro para allanar el camino.

La pregunta por el futuro

La salida al mar es algo que anhelan no solo los indígenas por razones culturales y espirituales, sino otros actores por razones non sanctas. Por eso, la pregunta que surge una vez disipada la euforia por la noticia del 7 de julio es, inevitablemente, sobre el futuro de ese territorio, asediado por la presencia de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra, el Clan del Golfo y los Pachencas, que buscan hacerse con el control de la extorsión, las rentas del ecoturismo y sobre todo, las rutas de acceso al mar.

El Cabildo Luis Salcedo enfatiza: «Nosotros queremos y hemos propuesto una alianza con los campesinos y sus juntas de acción comunal, pues creemos que eso ayudaría muchísimo; los campesinos también requieren atención del Estado, de la Agencia Nacional de Tierras y otras instituciones que ayuden a reubicar a algunos de ellos para que no vayamos a tener confrontaciones entre el pueblo indígena y el pueblo no indígena. Creo que allí está la fuerza para que esta unión sea efectiva y los grupos al margen de la ley no la vayan a interrumpir».

Según Salcedo, la comunidad espera también la entrega de otro predio que está contiguo a Los Acantilados, sobre la margen derecha del río Don Diego, pues su desembocadura en el mar es otro de los sitios sagrados a los que los mamos necesitan llegar para hacer sus ceremonias.

«Le pedimos al gobierno nacional y a las instituciones que tienen competencia, como el Ministerio de Agricultura, el Ministerio del Ambiente, el de Cultura, que unamos esfuerzos para recuperar estas fuentes hídricas que fueron afectadas por el narcotráfico y por el conflicto armado, y que hoy podemos lograr la paz con la naturaleza haciendo efectivo este compromiso del gobierno en ampliación y recuperación del territorio sagrado en el marco de Línea Negra», dice Salcedo.

¿Qué hacer para preservar esa paz en un entorno tan complejo?

Julio Marino considera que es importante, por un lado, «fortalecer el asentamiento de Katanzama y la escuela que funciona allí; continuar haciendo el trabajo pedagógico que ya vienen haciendo con los campesinos de la zona, y otro factor de protección es el hecho de contar con la doble condición de resguardo indígena y parque natural nacional, lo cual limita seriamente la construcción de infraestructuras o proyectos de explotación».

La autoridad del pueblo Arhuaco recalca la importancia de la articulación interinstitucional para sacar adelante los proyectos que garantizarán la sostenibilidad del territorio, por lo que le preguntamos al asesor si ve un buen ambiente para esa articulación. «Sí, de hecho ya están ocurriendo cosas allí, como el proyecto Bosque Sagrado, que se está haciendo con el apoyo del gobierno de Holanda», respondió.

Uno de los retos que tiene el proceso es saber conciliar la presencia kogui que llegó a esa región luego de la titulación del resguardo, y que en la coyuntura actual podría ser causal de conflicto con los arhuacos.

Por otra parte, Marino Barragán llama la atención sobre un fenómeno que no se preveía hace unos años y es la intensa compra de tierras por parte de extranjeros en la zona de Palomino hacia arriba, en la zona del río Ancho y también en Minca, lo cual ha disparado el precio de la tierra.

El Cabildo Gobernador es insistente en la necesidad de trabajar de forma coordinada con el Estado: «Nosotros queremos articularnos con las autoridades ambientales, llámense las corporaciones, Parques Nacionales y otras de carácter ambiental. ¿De qué manera nosotros podemos ser actores y darle cumplimiento al decreto 1275 del 2024?». Se refiere a la norma expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible por la cual  «se establecen las normas requeridas para el funcionamiento de los territorios indígenas en materia ambiental y el desarrollo de las competencias ambientales de las autoridades indígenas y su coordinación efectiva con las demás autoridades ambientales y/o entidades». Continúa el Cabildo Gobernador: «Porque nosotros no solo somos beneficiarios; por tradición y cultura, nosotros cuidamos los bosques y los ríos en las partes altas. Entonces, no pueden ser solo los de Parques o las corporaciones, sino que también nosotros somos intervinientes, para extender el vínculo político y administrativo en este tema».

La fuerza y contundencia de su mensaje se consolidan desde la experiencia de formulación conjunta entre las cuatro organizaciones indígenas de la Sierra y la Unidad de Parques Nacionales del Ministerio del Medio Ambiente, de unos Lineamientos Interculturales de la Sierra Nevada de Santa Marta, trabajados durante varios años, los cuales se constituyen en un verdadero patrimonio de la protección conjunta del macizo ancestral.

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