Arepas, coladas, potecas: todo un recetario alrededor de la bienestarina muestra que esa mezcla blanquecina, que se insertó en la dieta de tres generaciones de colombianos, promueve una idea de los alimentos carente de significados culturales. Un entramado de intereses geopolíticos y corporativos, creados a partir de la desnutrición en África y Centroamérica, nos ha hecho creer que una naranja no es simplemente una fruta.